29 - Ayer nomás

- Feliz día del amigo -dijo Marcelo.
- Feliz día -respondieron Leo y Juan al mismo tiempo. Entre los tres chocaron sus copas, se miraron, sonrieron y bebieron un sorbo de vino tinto.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 31 de julio de 2010.
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Los cuentos también en Lovingfutbol



Desde España, el amigo Sergio Barona estrena su título de campeón mundial (¡nada más y nada menos!) y le pone las pilas a una nueva web futbolera: Lovingfutbol. Realmente está haciendo un trabajo para destacar y, entre tantas cosas, se enganchó con los cuentos de fútbol y comenzó a publicar algunos de mis cuentos (entre otros) en su web.

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28. Distinto

(Sudáfrica - 2 de julio de 2010)

“Loco”, le dicen. Y el tipo no reniega de eso, acepta que lo llamen así y seguramente se ríe (no podría ser de otra manera). Ahora, ¿quién puede decir, a ciencia cierta, si realmente está loco o más cuerdo que todos nosotros? ¿Un facultativo? No, en absoluto, este muchacho está más allá de cualquier diagnóstico.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 3 de julio de 2010
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27. El día que murió el Telebeam

Empezó un domingo de otoño. No fue un domingo de sol pero tampoco fue un día frío o de mucho calor. Ni siquiera fue uno de esos días húmedos de los que abundan por acá. No. Fue un domingo cualunque. Un poco gris tal vez. Uno de esos días donde ni a los más aburridos se les ocurre hablar del clima.
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Pablo Pedroso
13 de mayo de 2010
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26. Santo remedio

Frenó frente a la puerta de El Chingolo 327. La dirección parecía ser la correcta. Se la pasó su representante, Bermúdez. Justamente él le insistió en que fuera, que le iba a hacer bien, le dijo.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 14 de marzo de 2010
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25. Restos

Ahora es comentarista deportivo. Se dice así, ¿no? ¿Comentarista deportivo?
Bueno, no sé cómo se dice. Él comenta los partidos por la tele.
Antes era jugador.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 18 de enero de 2010
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24. La mejor jugada

Alguno fue, tal vez el Flaco. Yo no. Nunca soy el que empieza con un tema. Opino, meto un bocadillo o dos pero no soy yo el que impone una discusión, el que abre la sesión.
¿El Flaco dije?
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 15 de enero de 2010
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23. Frases hechas

¡Ja!
¿Frase hecha? Lo que vos quieras. Pero es verdad. “El fútbol te da revancha”.
Eso sí, hay que tener paciencia. Hay que saber bancársela hasta que la mano venga cambiada.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 14 de diciembre de 2009
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22. ¡Qué pregunta!

¿Qué pondrá cuando completa esos formularios que dan en Migraciones? Esos papelitos que la juegan de inocentones y te preguntan cuál es tu profesión.
¿Pondrá “Futbolista”? ¿”Jugador de fútbol”?
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 15 de noviembre de 2009

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21. No puedo más

—No puedo más, Adolfo… Así no podemos seguir…
—Esperá al entretiempo, mujer…
Ana no esperó. Ana se fue. Revoleó el repasador que cayó, mitad en la mesada y mitad dentro de una cacerola, y se encerró en la pieza.
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Pablo Pedroso 
Buenos Aires, 16 de octubre de 2009
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20. Saber es otra cosa

- ¿Quién no sabe de qué se trata esto del fútbol? ¿Quién no conoce las reglas básicas de este deporte? ¿Un marciano tal vez?
¡Hasta mi tía Beba las sabe!
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 17 de setiembre de 2009
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19. Patas largas

Patas largas llegó en los primeros días de diciembre. El tío lo trajo. Lo compró camino a casa en la feria de Pompeya.
- Cuando lo vi, pensé en vos -me dijo el tío-. Todo blanco. ¿Será “quemero” igual que vos?
- ¡Ja! Ojalá. No sabía que había canarios blancos.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 17 de agosto de 2009

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18. El sueño americano

En esa época estaba más roto que viejo. Mi cédula insistía en que me quedaban dos o tres años más por jugar, pero la rodilla hacía rato que decía otra cosa.
En el bar del aeropuerto de Guayaquil tomaba una cervecita fría a la espera del vuelo que me regresaría a casa y mataba el rato con una sola certeza: el fútbol había terminado para mí.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 28 de junio de 2009
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17. Club grande

Llega junio y José apaga la tele y la radio. Igual que en diciembre. “Me desenchufo”, dice José. Y desenchufa todo. No quiere saber nada. ¿Con qué? Con las finales de campeonato, con los festejos, con las coronaciones, con los descensos o los ascensos. José no quiere estar pendiente de quién es el campeón, quién gana, quién pierde.
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Pablo Pedroso.
Buenos Aires, 17 de julio de 2009
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16. Crónica Partidaria - Revancha

Hace mucho tiempo de aquel partido pero lo recuerdo. Todos lo recordamos, nosotros y ellos. Cada vez que hay un nuevo enfrentamiento nadie puede dejar de recordar esa catástrofe. Y no exagero (como casi siempre), esta vez no.
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Pablo Pedroso.
Buenos Aires, 07 de junio del 2009
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15. Pan y queso

Pan... Queso... Pan...
El Gordo Mario me ganó el “pan y queso”. Siempre me gana.
En realidad se llama Ezequiel. Pasamos de decirle “Gordo Ezequiel” a “Gordo Mario” porque es igualito a Mario Bross pero sin bigotes.
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Pablo Pedroso.
Buenos Aires, 14 de mayo del 2009
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14. Crónica Partidaria - Camino a Santa Fe

Eran cerca de las 10 y media cuando apareció Joaquín con cara de dormido. Con Silvia no terminábamos de decidir si el menú del mediodía era pastas o qué.
- ¿Vamos a Santa Fe? -me dice Joaco.
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Pablo Pedroso.
Buenos Aires, 15 de mayo del 2009
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Desde afuera (un cuento de Lucas Otero)

Ese Gol, Dios mío, que Gol.

Los sueños, de tanto insistir, se hacen realidad, y eso se sabe.

La pelota venia bombeada y yo, parado como siempre de nueve, pero esos nueves que bajan, no se crea que me quedaba pegadito al área como un pescador, no, yo bajaba y armaba el juego “jugaba y hacía jugar”, la pelota venía bombeada le decía, creo que había rebotado en mi profesor de historia en un despeje, saqué un fulbo de chilena que si se lo cuento no me cree, y menos aun me creería si le digo en que parte del arco entró el cuero. Además, para ganarme su reputación de mentiroso, yo soy de esos zurdos que quién sabe por qué las chilenas y las rabonas las hacen con la derecha, a veces pienso que es porque con una pierna nos basta y nos sobra, la derecha la tenemos para poder correr a la par de los demás, aunque ni eso. Le decía que la bocha se clavó en un ángulo inatajable para cualquiera que se encontrara defendiendo los tres palos, inclusive para mi profesora de matemáticas. La reputa madre, el Gol se lo hice a mi profesora de matemáticas, ¿usted puede creerlo? A mí me chupó un huevo, yo lo grité.

El partido se dio por terminado en ese instante, porque teníamos que hacer un ejercicio de integración de grupo o alguna boludez por el estilo, era lo lógico, después de eso no había más que hacer futbolísticamente hablando, no había nada más para ver, “se acabó lo función” pensé.
Nadie me dijo nada, nadie hizo un comentario, ni siquiera Lucas, como jugaba mi tocayo Lucas, un 5 de esos, para qué le voy a mentir. Es el día de hoy que sostengo que esa falta de comentario fue porque atajaba la puta esta de matemáticas, si estaba en el arco alguien con pito, todos me lo hubieran reconocido, y uno a veces hace las cosas para que se las reconozcan, para levantarse más minas, no me venga ahora a decir que no, de todas maneras le digo, que cuando la bocha venía bombeada, lo que menos pensé fue en ella, simplemente fue ese impulso que tenemos los buenos jugadores del balompié.
Yo interiormente sabía, y es el día de hoy que sé, que si en el arco estaba quien usted o Dios quiera poner, la masa de aire entraba igual, o mejor aun, porque los arqueros, los de a de veras digo, cuando saben que no llegan se tiran igual para que los compañeros no lo puteen, y le dan ese show a la jugada. Eso le faltó al mío, un poco de show, una volada, un “algo más”. Pero no, la de matemáticas sólo me desmereció diciéndome que le había pegado muy fuerte. Ni idea tenía, no sabía las cosas que se me cruzaron en ese momento, además yo pensaba que cómo me podía decir eso si la caze a 17 metros del arco.

Al retirarnos pasé por la cancha y me quedé sentado al borde, había unos chicos jugando y bastante bien creo, pero yo me quedé mirando e imaginando mi Gol, pensaba que tendría que haber una palabra en el diccionario que defina lo que hice, porque Gol le quedaba chico, una cosa es un Gol y otra fue lo que hice, son dos cosas totalmente distintas, la única, e injusta similitud, es que suman lo mismo, y eso, señores que hacen el reglamento, sépanlo, esta muy mal.

Pero le decía que me paré al borde de la cancha y quería saber cómo había sido, ¿cómo podía haberlo hecho y ni siquiera verlo? Qué injusto que es vivir en cámara subjetiva, uno se cuida, se mira al espejo actuando entre los demás, y cuando llega el momento no puede verse.
Fue media hora para reconstruir 1 segundo, quizá 2, “no puedo, no se puede” me dije, me paré y conté los 17 metros que separaban el lugar del hecho al del arco y me fui a casa, pagué 2 boletos, uno para mí y otro para mi orgullo, que seguramente tendría que haber pagado exceso de equipaje.
Desde ese día tengo la costumbre de hacer ese ejercicio antes de jugar, ese de mirar la cancha y verme ahí. Trato de evitarlo, le juro, pero tengo sueños y no puedo con ellos. Muy pocos fueron los días que tuve la necesidad-obligación de mirar después del juego, muy pocos, pero muy pocos. Tengo horas y pasión por la pelota, pero un Gol como ese día, nunca más, lindos e importantes si, pero no como aquel. Y no me diga que las cámaras, la tecnología y esas boludeces, por favor, las cámaras no graban las sensaciones, y mucho menos logran reproducir los sueños.

Pienso que ese Gol fue lo peor que me pudo haber pasado, me obligo a tener la necesidad de verme, pasa que no sólo me quiero ver en una cancha de fútbol, me quiero ver amar, trabajar, caminar y hasta comprar fasos para ver de qué manera seduzco a la del súper que está bastante buena, pero al igual que en mis sueños, la subjetitividad de las cosas me persigue. Pienso que ese Gol fue lo peor que me pudo haber pasado, le decía, porque hasta me quitó las ganas de jugar al fútbol, porque un Gol como ese día, nunca más.

Y diga usted que se lo hice a mi profesora de matemáticas.

Lucas Otero - Septiembre 2002
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Gracias Maestro (19/07/2007)

Me acabo de enterar que falleció el Negro Fontanarrosa. ¡Qué cagada viejo! Los héroes no deben morir.
El mundo será mucho más difícil, triste y aburrido ahora que él no está.
¡Con razón el cielo se puso gris y la tarde una reverenda mierda!
Maestro, permítame que al menos le dé las gracias.
OK, trataré de hacerla corta pero la lista es larga: gracias por haberme hecho muy feliz con su obra y por darme tanto. Gracias por sus cuentos, por sus chistes, por sus formidables personajes y sus inmejorables dibujos. Gracias por su pasión. Gracias por su generosidad, gracias por inspirarme, por haberme hecho reír, pensar, sentir…
Gracias Roberto Fontanarrosa. Gracias Maestro. Usted es mi héroe.

Un admirador, un disfrutador.
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