36 - Abrazo de gol

El Duro me ataja en el aire y caemos los dos abrazados. Su cara radiante y la mía eufórica. No paro de gritar gol hasta que sus ojos me ponen en mute. Lo tengo a centímetros. Mi garganta se apaga y el aire desaparece. Me olvido del gol que hice y de dedicárselo a mi novia que seguro está mirando por la tele; que ojalá esté viendo otra cosa y ojalá también no nos enfoquen y que se corte la transmisión. Ahora sí siento el peso del cuerpo ancho del Duro.
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 5 de diciembre 2013.
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35 - Hubiésemos

Caminamos rumbo al Coto, el Chiqui me lleva unos cuantos metros y se le notan las ganas de correr. Cada vez que nos toca Saavedra dejo el Corsa en el estacionamiento del supermercado. No sé si es más seguro. Quien te dice te lo raya una vieja con el chango. La otra es estacionar a la vuelta del depósito, frente a las vías. Ahí siempre hay un lugar pero es junto al auto quemado, un Fiat que ya no sabés si es un 1600 o un 125. Nunca estacioné ahí y nunca vi a nadie hacerlo. Como si el pobre Fiat incendiado fuera una advertencia y ese, un lugar maldito
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Pablo Pedroso
Buenos Aires, 8 de noviembre del 2013.
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