<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814</id><updated>2012-02-05T13:08:20.624-03:00</updated><category term='Otros autores'/><category term='Crónica Partidaria'/><title type='text'>Pequeños Cuentos de Fútbol</title><subtitle type='html'>A todos aquellos que alguna vez patearon una pelota con la ilusión de hacer un gol.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>36</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-3031009604774111340</id><published>2011-03-12T09:05:00.003-03:00</published><updated>2011-03-20T22:14:11.941-03:00</updated><title type='text'>30 - Pretemporada en Mar Azul</title><content type='html'>Las playas de Mar Azul son enormes todo el día y todo el año, pero en febrero, a las ocho de la mañana, parecen gigantes, inmensas… Interminables.&lt;br /&gt;- ¿Somos los primeros? -pregunta Lili.&lt;br /&gt;- Parece, ¿no?&lt;br /&gt;Los únicos habitantes de la playa son unos pocos pescadores, tres o, a lo sumo, cuatro. Caminamos hasta la arena dura, acomodo las sillitas, me quito la remera, miro a Tután y él me mira atento, ansioso por correr hasta el agua y mojarse las patas antes que yo. Lili le acaricia la cabeza, aprovecho la distracción y salgo de pique hasta la orilla. Tután gira, se olvida de Lili y corre desesperado por ganarme la carrera. Siempre me gana. Llegamos al agua y nos recibe una ola fuerte, espumosa, brillante y fría; muy fría. Me freno, a Tután el agua fría no lo asusta y se mete casi hasta el cogote. Yo no soy Tután y retrocedo unos pasos hasta quedar fuera del agua o casi. Me ladra una, dos veces; debe querer que me meta y que juegue con él. Ni loco. Tal vez más tarde, cuando el sol caliente un poco.&lt;br /&gt;Camino por la orilla hasta encontrarme con el primer pescador; el hombre permanece firme con la vista clavada en el mar, firme como la tanza de su caña que entra en el mar y se pierde. Tután llega, se sacude y nos salpica a mí y al pescador que lo mira con mala cara. Amargo.&lt;br /&gt;- Vamos -le digo a Tután y nos volvemos junto a Lili.&lt;br /&gt;No sé de dónde salieron pero ahí están, primero veo al pibe: un gordito rubión de doce años (o catorce como mucho), con cara de bueno. Después descubro la serie de conos naranjas dispuestos a lo largo de la playa, y por último lo veo a él, al que supongo que es el viejo, al responsable de semejante hecho inusual y, digamos, deportivo.&lt;br /&gt;El pibe viste el equipo completo de San Lorenzo, el equipo original: la ultimísima camiseta, el pantaloncito, las medias y zapatillas de las escandalosamente caras. Todo nuevo, todo impecable. ¡Una fortuna tiene puesta encima!&lt;br /&gt;No sé por qué pero siempre me cayeron mal los que se “disfrazan” de jugador de fútbol profesional, me da como que quieren disimular con guita y pilcha lo quesos que son. En un “pan y queso” ni loco elijo a uno de estos que se aparecen con todo el equipo a estrenar de su club favorito.&lt;br /&gt;El que yo creo que es el padre da unos piques rápidos en el lugar como un jugador que está a punto de entrar a la cancha; es un tipo de mi edad, bajo, panzudo y pelado. Parece un entrenador de fútbol patrocinado por Nike: camiseta Nike negra con vivos blancos que le queda ajustadita en la zona del abdomen, pantaloncito negro Nike, zapatillas de la marca de la pipa y medias cortas.&lt;br /&gt;El pibe juguetea con una pelota azul que no debe tener ni una semana de uso. Sus movimientos no muestran nada especial ni asombroso. El golpeteo de las olas y el rumor incesante del mar me impiden escuchar las indicaciones del supuesto padre gordito al supuesto hijo gordito. Es tan temprano que aún no habían aparecido el vendedor de churros y, muchísimo menos, la gritona que ofrece “gaaaseosaaas... iennnsalada de frutaaas”; sin embargo estos dos personajes entrenan acá, en la playa, como si estuvieran en plena pretemporada.&lt;br /&gt;El chico corre en slalom entre los conos naranjas, va hacia un lado y vuelve; ya en el segundo intento lo hace al trote y sin el entusiasmo inicial, recién cuando el padre lo arenga, el hijo recupera el ritmo y vuelve a correr. El padre le arrima la pelota y él intenta hacer el mismo recorrido dominando el balón, esquivando conos como si fueran rivales. Claro, esa es la idea pero al pibe no le sale. “Vamos, vamos”, le insiste el padre, sin embargo el hijo se tropieza más de lo que avanza. En el segundo intento, que es menos desastroso que el primero, el padre corre hasta un bolsito que tiene a un costado y aparece con una cámara de video pequeña. Filma a su hijo intentando esquivar los conos, el pibe se da cuenta y trata de mejorar su performance pero mucho no lo consigue. El padre se apasiona y busca encuadres sofisticados, el pibe hace una más o menos bien, pasa cerca del lente, se tienta y sonríe a cámara.&lt;br /&gt;Ahora ambos trotan enfrentados a lo largo de la fila de conos, el padre le arroja la pelota con las manos para que el hijo se la devuelva a puros cabezazos. Una bien, dos bien, tres bien..., a cualquier lado. Una bien, dos bien..., a cualquier lado. Una bien..., a cualquier lado. El padre acelera el ritmo y el chico pifia más de las que acierta.&lt;br /&gt;¡Mi Dios! Un tronco sin cintura ni habilidad en manos de un obsesivo que cree y pretende que su hijo sea lo que no es: un crack. ¡Cuánta locura! Con Tután nos miramos y nos damos cuenta de que pensamos lo mismo: ese chico debería estar jugando con otros chicos, disfrutando de sus vacaciones y no sufriéndolas.&lt;br /&gt;Ellos hacen un break, el padre saca una botellita que esconde en el interior de uno de los conos y se la alcanza a su hijo, es una botella pequeña de PVC que contiene un líquido de color ocre y denso, un menjunje casero, imagino, con alguna receta mágica capaz de transformar en promesa o realidad a este pibe disfrazado de jugador de fútbol. Toma un trago mientras el padre lo observa con atención. “Todo”, le dice el padre; el pibe se apoya el pico en los labios, cierra los ojos y apura el contenido de la botella de un trago, sin respirar. Termina y se queda quieto, sin levantar la cabeza y sin abrir los ojos. El pibe extiende su brazo y le ofrece la botella vacía al padre, este la recibe y la vuelve a guardar dentro del cono naranja. El hijo permanece en la misma posición y quieto unos cuantos segundos más. Empiezo a pensar seriamente en la posibilidad de que el menjunje sea una receta mágica. El padre se le acerca como si no quisiera despertarlo de esa especie de trance que su hijo está viviendo, cuando llega junto a él respira profundamente, muy despacio levanta sus brazos hasta ubicar las manos a la altura de las orejas del chico y hace chasquear sus dedos. Me imagino que el pibe se va a despertar y va a empezar a toquetear la pelota azul como si fuera el mismísimo Lío Messi pero no, el pibe por fin se mueve, primero se sacude, luego se toma la panza y por último lanza un intenso vómito ocre y denso que baña por completo a su sorprendido padre.&lt;br /&gt;No puedo contener la carcajada, el padre me escucha y me mira depositando todo su odio y su frustración en mí. Le ofrezco una toalla pero el prefiere quitarse, arrancarse casi, la remera Nike y limpiarse con eso. El gordito hijo también me mira y se sonríe mientras se pasa el dorso de la mano para limpiarse la boca sucia. El padre junta los conos con prisa y los mete en el bolsito, de una patada revolea la botella vacía de PVC y emprende su retirada rumbo a la salida de la playa detrás los médanos. El pibe lo mira y no se atreve a decir nada. Ve que el padre se aleja a paso vivo y está a punto de ir tras él cuando descubre que se olvidaban la pelota azul. Trota hasta la pelota y cuando llega, intenta hacer una bicicleta pero se le traba un pie o se enreda con no sé qué y termina panza arriba sobre la arena. Trato de no reírme. El pibe se sienta, se sacude la arena y me busca con la mirada pero Tután y yo corremos hacia el mar; el sol había calentado lo suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 26 de febrero del 2011&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-3031009604774111340?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/3031009604774111340/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=3031009604774111340&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/3031009604774111340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/3031009604774111340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2011/03/30-pretemporada-en-mar-azul.html' title='30 - Pretemporada en Mar Azul'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-2627141124371578332</id><published>2010-08-10T00:26:00.000-03:00</published><updated>2010-08-10T00:32:29.272-03:00</updated><title type='text'>29 - Ayer nomás</title><content type='html'>- Feliz día del amigo -dijo Marcelo.&lt;br /&gt;- Feliz día -respondieron Leo y Juan al mismo tiempo. Entre los tres chocaron sus copas, se miraron, sonrieron y bebieron un sorbo de vino tinto.&lt;br /&gt;- Ayer, en internet, vi una foto que estaba increíble -comentó Marcelo.&lt;br /&gt;- Pará un poquito, che -saltó Leo-. Te va a hacer mal tanto porno.&lt;br /&gt;Juan se rió y yo los escuchaba mientras terminaba de poner la mesa.&lt;br /&gt;- No, no era eso -le contestó Marcelo.&lt;br /&gt;- Ah, ¿no era porno? -lo interrumpió Juan-. Entonces no debe haber sido tan increíble.&lt;br /&gt;- Claro -dijo Marcelo en el medio de un nuevo trago de vino.&lt;br /&gt;- ¿Claro qué? -preguntó Leo entre risas.&lt;br /&gt;- Las dos cosas: claro que no era porno y claro que era una foto increíble -respondió Marcelo.&lt;br /&gt;- Contá de una buena vez -le pidió Juan ansioso.&lt;br /&gt;- OK -arrancó Marcelo-. Era una foto vieja donde estaban juntos los tres protagonistas de la semana. ¡Qué digo de la semana! De los últimos veinte días.&lt;br /&gt;Juan y Leo lo miraban a la espera de un dato más. Marcelo bebía y yo, que había terminado de poner la mesa, también tenía ganas de saber, así que me acomodé, calladita, en una de las sillas del comedor hasta escuchar qué tenía de increíble la foto que mencionaba Marcelo.&lt;br /&gt;- Dejá de hacerte el intrigante y contanos de qué se trata -le reclamó Juan.&lt;br /&gt;Marcelo se rió y dijo:&lt;br /&gt;- Está bien. Acá va: era una foto de Maradona...&lt;br /&gt;¡Uh, no! ¡Basta con Maradona! -se quejó Juan. Y yo le daba la razón, después de la eliminación del Mundial el único tema parecía ser Maradona DT de la selección: que lo rajaban, que no lo rajaban, que le renovaban el contrato, que no, que se peleó con este y que con el otro... Estaba hinchada con tanto “Maradona”. Leo, en cambio, se rió:&lt;br /&gt;- No me vas a decir que viste en internet una foto porno de Maradona.&lt;br /&gt;“¡Y dale con el porno!”, pensé. Recordé la promesa de Diego: “Si salimos campeones del mundo, me desnudo en el obelisco”, y por fin encontré un motivo para alegrarme por la derrota contra Alemania.&lt;br /&gt;- Para nada... Era una foto del casamiento de Maradona y estaban los tres abrazados: Bilardo, Grondona y Maradona.&lt;br /&gt;- Me estás jodiendo -dijo Juan.&lt;br /&gt;- Te lo juro. Los tres en medio de la fiesta, alegres, sonrientes...&lt;br /&gt;- ¿Los tres? -preguntó Leo.&lt;br /&gt;- Si, los tres. ¿Sos sordo? Bueno, en realidad eran cuatro, también estaba “la” Claudia.&lt;br /&gt;- ¡Qué buena foto! -dijo Juan.&lt;br /&gt;- ¡Qué les dije: una foto increíble! La Claudia estaba “radiante” con su vestido de novia. Bilardo, Grondona y Maradona parecían algo así como “Los tres...”&lt;br /&gt;- ¡Como “Los tres chiflados”! -se apuró en decir Juan.&lt;br /&gt;- No, “Los tres chiflados”, no... Como “Los tres mosqueteros”.&lt;br /&gt;- ¡Ja! -cayó Leo-. Mirá vos, qué foto... ¡Increíble!&lt;br /&gt;- Era lo que te decía desde hoy -se quejó Marcelo-. Ahí estaban los tres, posando, con sus sombreritos de cotillón, muy amigos y muy felices. En cambio ahora se tiran con lo que tienen, se cruzan acusaciones de mentiras y de traiciones.&lt;br /&gt;- Lo que es la vida -dijo Juan.&lt;br /&gt;- Mirá vos -repitió Leo-, qué foto...&lt;br /&gt;Marcelo lo miró y estuvo a punto de decirle algo pero se ve que se arrepintió.&lt;br /&gt;- ¿Cómo puede ser que estos tres terminen peleados? ¡Y tan peleados! Ves la foto y te preguntas tantas cosas... -dijo.&lt;br /&gt;- ¿Cómo se puede romper una amistad? -preguntó Juan.&lt;br /&gt;- Mirá vos... -arrancó Leo otra vez. &lt;br /&gt;Los dejé charlando o mejor dicho, repitiendo “Mirá vos” y “¿Cómo puede ser?”. Me fui a la cocina, segura de que Guadalupe y Clara, las esposas de Leo y Marcelo ya tenían listas las ensaladas. Traté de imaginar la foto, de visualizarla, vi a la Claudia y vi a “Los tres mosqueteros”. ¿Sería D’Artagnan la Claudia? El casamiento fue en noviembre del ‘89. Me quedé pensando en que hacía años que el matrimonio entre la Claudia y el Diego se había terminado. A Marcelo, a Leo y a Juan no les llamó la atención ese detalle, no, ellos son hombres, se asombraban de la otra ruptura, la que puso fin a la amistad entre “Los tres mosqueteros”. Pobres, no entendían nada y para mí estaba muy claro: a veces las fotos resultan demasiado viejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 31 de julio de 2010&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-2627141124371578332?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/2627141124371578332/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=2627141124371578332&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/2627141124371578332'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/2627141124371578332'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/08/29-ayer-nomas.html' title='29 - Ayer nomás'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12942067783118430792</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_OzEJ7p_5gTs/SgzQ-v-TzlI/AAAAAAAAAAM/3I3Gxfa1gRc/s1600-R/PPblog.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-5437396840111158265</id><published>2010-07-26T17:25:00.010-03:00</published><updated>2010-07-26T17:59:03.108-03:00</updated><title type='text'>Los cuentos también en Lovingfutbol</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_-yCSFS_O5Fo/TE3w2YjVDPI/AAAAAAAAA74/ep78N630l70/s1600/LovingFutbol.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 308px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_-yCSFS_O5Fo/TE3w2YjVDPI/AAAAAAAAA74/ep78N630l70/s320/LovingFutbol.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5498315537183476978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde España, el amigo Sergio Barona estrena su título de campeón mundial (¡nada más y nada menos!) y le pone las pilas a una nueva web futbolera: Lovingfutbol. Realmente está haciendo un trabajo para destacar y, entre tantas cosas, se enganchó con los cuentos de fútbol y comenzó a publicar algunos de mis cuentos (entre otros) en su web.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.lovingfutbol.com/groups/relatos-y-libros/forum/topic/relato-corto-la-mejor-jugada/"&gt;LINK&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-5437396840111158265?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/5437396840111158265/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=5437396840111158265&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/5437396840111158265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/5437396840111158265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/07/los-cuentos-tambien-en-lovingfutbol.html' title='Los cuentos también en Lovingfutbol'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-yCSFS_O5Fo/TE3w2YjVDPI/AAAAAAAAA74/ep78N630l70/s72-c/LovingFutbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-4582071473326994252</id><published>2010-07-04T13:28:00.003-03:00</published><updated>2010-07-04T13:55:51.692-03:00</updated><title type='text'>28. Distinto</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Sudáfrica - 2 de julio de 2010)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;“Loco”, le dicen. Y el tipo no reniega de eso, acepta que lo llamen así y seguramente se ríe (no podría ser de otra manera). Ahora, ¿quién puede decir, a ciencia cierta, si realmente está loco o más cuerdo que todos nosotros? ¿Un facultativo? No, en absoluto, este muchacho está más allá de cualquier diagnóstico. Él es distinto, tal vez por eso lo llaman “loco”. También es flaco y medio feo pero fundamentalmente es: distinto.&lt;br /&gt;Distinto a mí, a vos, a muchos.&lt;br /&gt;¡Y a mí me da tanta envidia eso! Quién pudiera, ¿no? Ser así, como él.&lt;br /&gt;Uno siempre quiere parecerse a esos personajes que se destacan del resto. Claro, tener algo, una pizca de su estrella. Todos soñamos cosas por el estilo. Tal vez los otros soñadores se dejan llevar por los flashes de la prensa, las modas de otros nombres y las noticias de otras ligas pero yo no soy así, a mí me gusta él, con sus virtudes y con todas esas cosas que vienen en la misma bolsa y algunos llaman defectos.&lt;br /&gt;Quizás siento todo esto porque me cayó bien de entrada, cuando lo vi por primera vez en una cancha. Yo no tenía la menor idea de dónde lo habían sacado y (si no recuerdo mal) en su primera intervención del partido la pelota se le enredó entre las patas, largas y flacas, y se le escapó. Pero ojo, le puso ganas y gracia a la situación, no la disimuló, la peleó y casi casi recupera la pelota. No fue gran cosa pero desde ese momento me cayó simpático y mis ojos comenzaron a buscarlo cada vez que él entraba a una cancha.&lt;br /&gt;No es Cristiano Ronaldo, Beckham, Messi, Rooney, el Niño Torres ni Forlán. Está claro, pero...&lt;br /&gt;Vistió tantas camisetas que ya perdí la cuenta. Además parece eterno, ¿cuántos años hace que está jugando?&lt;br /&gt;No deja de sorprenderme. Y mirá que lo conozco.&lt;br /&gt;Porque entró unos minutos y pasó desapercibido, agazapado, como esperando su momento de gloria que ya estaba por llegar. La paciencia de los sabios tal vez.&lt;br /&gt;¡Y pensar que le dicen loco!&lt;br /&gt;La cámara lo enfocó en el medio de la cancha, todos los ojos estaban con él, casi todo el estadio pendiente de su fracaso pero él no, él avanzaba hacia su destino (el punto blanco en el área y la gloria misma) como si fuera el comisario del pueblo, el sheriff o John Wayne en pleno duelo de una película del oeste.&lt;br /&gt;Te juro que hasta yo me sorprendí. Nunca te vi así: con tanta calma, seguridad, con tanto convencimiento. Te tendrías que haber visto, Loco, avanzabas con una presencia tal que impactabas. Enorme. No dudaste ni aflojaste: avanzaste. Y cada paso que dabas, te admiraba más. Las vuvuzelas nos aturdían a todos menos a vos. Caminaste con un país detrás y se notó, hiciste ese viaje desde mitad de cancha acompañado por Obdulio Varela y todos los próceres que vistieron la celeste y las patas flacas no te temblaron (nunca lo hicieron). Parecías estar serio y compenetrado, parecías ceremonioso, inmutable pero eras una tremenda incógnita. Acomodaste la pelota al tiempo en que nos preguntábamos, ¿qué ibas a hacer? Sabemos que sos capaz de muchas cosas (y no quiero decir locuras, no). Pero la pregunta, en realidad, era: “¿Quién ibas a ser, el loco o el distinto?”.&lt;br /&gt;Picaste la pelota, Abreu, y la respuesta fue toda tuya. Mientras nuestros corazones gritaban tu gol entendimos que lo de “Loco” es apenas un sobrenombre.&lt;br /&gt;Habrá voces que dirán que lo pateaste como Panenka en la final de la Eurocopa del ’76 o como Zidane en la final del Mundial 2006. Pobres de ellos, no te conocen. El penal lo pateaste a lo Abreu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 3 de julio de 2010&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-4582071473326994252?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/4582071473326994252/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=4582071473326994252&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/4582071473326994252'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/4582071473326994252'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/07/28-distinto.html' title='28. Distinto'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-3198996934213835569</id><published>2010-05-29T22:51:00.002-03:00</published><updated>2010-05-29T22:54:06.762-03:00</updated><title type='text'>27. El día que murió el Telebeam</title><content type='html'>Empezó un domingo de otoño. No fue un domingo de sol pero tampoco fue un día frío o de mucho calor. Ni siquiera fue uno de esos días húmedos de los que abundan por acá. No. Fue un domingo cualunque. Un poco gris tal vez. Uno de esos días donde ni a los más aburridos se les ocurre hablar del clima.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;La fecha arranco a las once de la mañana en la cancha de Banfield. Caprichos de alguien o estudios concienzudos de los genios encargados de determinar la conveniencia de los horarios de los partidos de fútbol dictaminaron que Banfield – Colón se juegue en ese insólito horario.&lt;br /&gt;“Al que madruga, Dios lo ayuda”, dicen por ahí. Y así fue. No recuerdo quién era el réferi pero si sé que tuvo bastante trabajo: tres off side polémicos, una falta fuera del área que la gente de Colón juraba que era adentro y penal. Y, para coronar la faena, le anuló un gol a Banfield a pocos minutos del final del partido. Según el lineman la pelota no ingresó en “su totalidad” (así dicen los cronistas cuando hablan de estas situaciones). Según el nueve de Banfield y toda la hinchada del Taladro fue un golazo. Convencidísimos de que el arquero de Colón la sacó de adentro. Terminó el partido y la gente de Banfield se los quería comer crudos al lineman, al réferi y a todo hombre de negro que veían por ahí. Los de Colon también los despidieron con chiflidos e insultos, indignados por aquel supuesto penal.&lt;br /&gt;A la noche llegó la hora del Telebeam. ¿El veredicto? Aciertos de la “terna arbitral”. Parece mentira pero los tipos la pegaron en los off side que cobraron y en los que no también. La tecnología demostró que la falta del supuesto penal había sido afuera del área (¡por cinco centímetros!). Y por último, la pelota no había ingresado en la jugada del “gol no cobrado”. De todos los medios tuvieron que borrar el titular anticipado: “Polémico arbitraje en Banfield – Colón”. La noticia pasó a ser: “Pirulo (no recuerdo quién era, lo dije) acertó en todo lo que cobró”. Claro que nadie le dio tanta importancia a la noticia, si bien era insólito, inusual que un réferi y los líneas no se equivoquen en ninguna de las situaciones de un partido, la prensa no hablo mucho más del tema. Para ellos, tal vez, noticia es otra cosa.&lt;br /&gt;En la fecha siguiente sucedió algo muy similar, en seis partidos de los diez que se disputaron, los réferis y su gente acertaron en lo que todo lo cobraron y en lo que no. Ese domingo a la noche el Telebeam determinó que el acierto fue de un ciento por ciento. A la fecha siguiente la ausencia de errores ocurrió en los diez partidos. ¡Cartón lleno! Ahí si fue noticia para la prensa. Durante unas cuantas fechas parecía que ver los goles era lo que menos importaba, la gente se pegaba a los televisores para ver si el Telebeam confirmaba lo que todos sospechábamos, los hombres de negro dejaron de equivocarse. Nadie sabe qué bicho les picó, qué milagro sucedió pero los tipos resultaron infalibles. Todos, incluso esos muchos que creíamos que ya no tenían remedio.&lt;br /&gt;Las jugadas ya no fueron polémicas y los árbitros eran aplaudidos cuando ingresaban a las canchas y mucho más cuando finalizaban los partidos. “El Show de los Goles” dejó de tener tanto rating porque ahora competía con “El Show del Telebeam”. Hubo un tiempo en que algún cronista (de esos que abundan) repetía: “No creo que en este partido Menganito acierte en todo lo que cobre, lo conocemos muy bien a Menganito…”. Pasó el partido y Menganito no se equivocó.&lt;br /&gt;Los partidos se hicieron menos discutidos, los jugadores dejaron de pedir tarjetas amarillas o rojas para sus adversarios porque los réferis aplicaban el reglamento. No importaban las camisetas, ni quien hacía la falta, si era en el área o en mitad de cancha. Cobraban lo que tenían que cobrar: foul, foul; penal, penal.&lt;br /&gt;Todos los réferis salían por sorteo y ahora nadie se quejaba. Cuando leías el diario para enterarte de la formación de tu equipo rara vez mirabas quién era el réferi designado porque llegó un momento en que era lo mismo el tipo que te toque en suerte. Ya nadie discutía un off side, ni adentro ni afuera de la cancha: era off side y listo. En todo caso le reclamabas al dormido de tu delantero o aplaudías a tu defensor atento pero nada más. La gente dejó de arrojar encendedores y los líneas dejaron de estar con un ojo mirando el partido y con el otro detectando como un radar cualquier posible proyectil.&lt;br /&gt;En agosto, cuando arrancó el otro campeonato, la gente de a poco dejó de ver “el Show del Telebeam”. ¿Para qué? Ya todos sabíamos que lo que habían cobrado estaba bien cobrado. Nadie tenía dudas. Nadie desconfiaba. Nadie discutía.&lt;br /&gt;Un domingo a la noche, antes de fin de año dejaron de dar el Telebeam. Simplemente murió y nadie lo extrañó.&lt;br /&gt;Hacía rato que hablábamos de fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;13 de mayo de 2010&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-3198996934213835569?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/3198996934213835569/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=3198996934213835569&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/3198996934213835569'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/3198996934213835569'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/05/27-el-dia-que-murio-el-telebeam.html' title='27. El día que murió el Telebeam'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-7660953222862999068</id><published>2010-03-20T23:34:00.002-03:00</published><updated>2010-03-20T23:44:53.638-03:00</updated><title type='text'>26. Santo remedio</title><content type='html'>Frenó frente a la puerta de El Chingolo 327. La dirección parecía ser la correcta. Se la pasó su representante, Bermúdez. Justamente él le insistió en que fuera, que le iba a hacer bien, le dijo.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;El Gordo no se decidía. La casa era fea, la cuadra, horrible. Y para colmo estaba oscuro. Puso primera, alerta, listo para salir rajando. Desde que bajó de la autopista no hizo otra cosa que insultar el momento en que aceptó la cita. Perdido, dio unas cuantas vueltas para poder llegar, y hasta tuvo un motivo más para sufrir: las últimas cinco cuadras fueron de tierra (de barro, bah), a él que le encanta tener el “BM” siempre impecable.&lt;br /&gt;El motor seguía en marcha, el pie en el embrague y la mano aferrada a la palanca de cambios. El cerco de la casa se perdía entre una planta pinchuda y sin forma, mal cortada, mal crecida y casi seca. Desde un pequeño pilar de cemento asomaba una figura, un especie de escultura tenebrosa como una gárgola de un castillo de película de terror. Era toda de piedra gris y tenía una rajadura que le atravesaba media cara. El Gordo sentía que la figura lo miraba.&lt;br /&gt;Decidió dar la vuelta a la esquina y estacionar un poco más lejos. Llegó con pasos largos hasta la pequeña reja de “El Chingolo 327”. Era una puerta baja y oxidada, no encontró timbre alguno, golpeó las manos pero nadie respondió. Cruzó el cerco y caminó por lo que alguna vez fue un jardín y ahora parecía un baldío. Se concentró en la luz naranja, encendida, que lo esperaba unos metros más adelante, en la casa, justo encima de la entrada principal. El Gordo trataba de no mirar a los costados para no encontrarse con nada demasiado desagradable. Estaba por golpear con sus nudillos contra la puerta de madera cuando alguien la abrió. El Gordo retrocedió unos pasos aunque intentó disimular lo asustado que estaba.&lt;br /&gt;- Pase, no se quede ahí -le dijo la mujer con una sonrisa de pocos dientes.&lt;br /&gt;El Gordo la miraba y no sabía si salir corriendo o gritar.&lt;br /&gt;- Me manda Bermúdez -susurró la boca del Gordo.&lt;br /&gt;- Ya lo sé -le dijo la mujer-. Pase de una vez -le ordenó y el Gordo le hizo caso.&lt;br /&gt;Una vez adentro algo o alguien cerró la puerta. La mujer se aferró de las muñecas del Gordo y descendió hasta quedar de rodillas delante de él. Pasó sus manos sobre los brazos y las piernas del Gordo, de arriba hacia abajo, con fuerza, una vez, dos, tres... ¡Cinco veces o más! El Gordo parecía quieto pero por dentro temblaba. La mujer se detuvo y lo miró.&lt;br /&gt;- ¿Nunca viste a Olmedo, vos?&lt;br /&gt;- ¿A quién? -consiguió preguntar.&lt;br /&gt;- A Olmedo, cuando hacía del “Manosanta”... En la televisión... ¿No mirabas televisión cuando eras chico?&lt;br /&gt;- Ah... Si, claro que lo veía...&lt;br /&gt;- Y entonces, ¿por qué tenés tanto miedo? Te estoy limpiando la mala onda.&lt;br /&gt;La mujer se aferró de la mano derecha del Gordo y con algo de esfuerzo se puso de pie. De entre sus ropas sacó una cadena larga con una piedra de color azul en un extremo, la extendió delante del rostro del Gordo. La piedra azul quedó a la altura de sus ojos y osciló unos centímetros apenas. Luego de mover movió los labios como si hablara la mujer guardó la cadena y condujo al Gordo hasta una mesa, le indicó que se siente en una silla de madera y mimbre. Ella se sentó frente a él en una silla más mullida y empezó a mezclar unas cartas gastadas. &lt;br /&gt;- Me dijo Bermúdez que usted lo ayudó con Mazzochi y que ahora él hace goles todos los partidos.&lt;br /&gt;La mujer siguió mezclando las cartas sin siquiera mirarlo.&lt;br /&gt;- Mazzochi -insistió el Gordo-. El de Vélez...&lt;br /&gt;- Yo sé todo, pibe -lo interrumpió la mujer-. Sé quién es Mazzochi y sé que vos hace rato que no mojás.&lt;br /&gt;- Yo atajo, señora.&lt;br /&gt;La mujer dejó de mezclar las cartas, le clavó los ojos y le dijo:&lt;br /&gt;- No te hagás el gil que yo me refería a otra cosa. Y eso de que atajás, se podría decir que últimamente, poco y nada -sentenció.&lt;br /&gt;El Gordo bajó la mirada y parecía que estaba a punto de pucherear. La mujer se paró y arrastrando un poco los pies llegó hasta una estantería repleta de frascos de distintos colores y tamaños cargados quién sabe con qué cosas. Empezó a desenroscar la tapa de un frasco grande de color ámbar oscuro cuando se le ocurrió preguntarle:&lt;br /&gt;- ¿Contra quién juegan el domingo?&lt;br /&gt;- El clásico, justamente, contra San Lorenzo.&lt;br /&gt;La mujer se detuvo un instante, lentamente cerró el frasco de color ámbar oscuro y lo volvió a guardar. Miró al Gordo una vez más y enfiló hacia otro ambiente de la casa.&lt;br /&gt;- Partidito complicado -dijo la mujer mientras se alejaba.&lt;br /&gt;- Y si, imagínese. Como viene la cosa, si perdemos, alguna cabeza va a rodar -alcanzó a decir el Gordo. Desde donde estaba sentado no podía verla pero por los ruidos le pareció que la mujer se había metido en la cocina. Al rato volvió junto a la mesa con otros frascos y una mandarina. Dentro de una bolsita transparente volcó un poco de lo que había en uno de los frascos, parecía orégano.&lt;br /&gt;- El orégano le dará elasticidad a tus músculos -dijo la mujer con tono firme.&lt;br /&gt;A la mandarina le quitó un poco de cáscara y esa cáscara la partió en diez pequeños trozos.&lt;br /&gt;- La mandarina aumentará la firmeza de tus manos. Una porción para cada dedo -dijo la mujer mientras colocaba de a uno los trozos de cáscara de mandarina en la bolsita transparente.&lt;br /&gt;Del segundo frasco sacó un sobre de un Alka-Seltzer, lo abrió y desmenuzó esa enorme pastilla blanca entre sus dedos arrugados. Juntó el polvito que quedó regado sobre el mantel y metió todo dentro de la bolsita.&lt;br /&gt;- Esto te mantendrá atento y concentrado todo el partido.&lt;br /&gt;Del tercer frasco, el más pequeño, extrajo unas perlitas amarillentas. Primero fueron seis las que colocó en la bolsita junto a todo lo otro. Hizo una pausa, murmuró algo que el Gordo no pudo oír y metió cinco o seis perlitas más.&lt;br /&gt;- ¿Y eso qué es? -preguntó el Gordo.&lt;br /&gt;- El secreto de Arturito -le dijo la mujer.&lt;br /&gt;Acercó la bolsa a la boca del Gordo y le ordenó:&lt;br /&gt;- ¡Escupí!&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- Escupí, dale. Dentro de la bolsa.&lt;br /&gt;El Gordo escupió con pudor tres insignificantes gotitas de saliva.&lt;br /&gt;- ¡Escupí con ganas, che! -le gritó la mujer y el Gordo escupió. La mujer cerró la bolsita y la agitó para un lado y para el otro mientras movía la cabeza en círculos, con los ojos cerrados y murmurando cosas. La mujer giró medio cuerpo o más, aun así el Gordo pudo ver cómo se metió la bolsita por el escote y la frotó contra su cuerpo.&lt;br /&gt;- A todo hay que ponerle el corazón, pibe -dijo la mujer.&lt;br /&gt;El Gordo se preguntó por centésima vez qué hacía en ese lugar.&lt;br /&gt;- No la abras -le ordenó la mujer cuando le entregó la bolsita transparente cargada de cosas-. Se la das a tu señora y le decís que te prepare un té con todo esto, no le digas qué es ni para qué. Que ella te prepare un lindo té y te lo guarde en un termo. El domingo en la concentración, cuando te levantás y en ayunas (escuchaste bien: en ayunas) lo calentás y te tomás este rico tecito hasta la última gota. ¿Estamos?&lt;br /&gt;- Estamos -dijo el Gordo seguro de que no tenía otra opción.&lt;br /&gt;La mujer se levantó de la mesa y alzó una mano como si acabara de recordar algo importantísimo.&lt;br /&gt;- ¿Vos te persignás cuando entrás a la cancha? -le preguntó al Gordo.&lt;br /&gt;- Si, claro.&lt;br /&gt;- Bueno, esta vez no lo hagas. Si querés, persignate cuando termine el partido pero antes, no. Haceme caso, pibe, te juro que con esto vas a ser otro.&lt;br /&gt;Llegaron hasta la puerta de madera, la mujer la abrió y el Gordo le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Cuánto le debo?&lt;br /&gt;- No querido, yo no hago esto por dinero...&lt;br /&gt;- Y entonces...&lt;br /&gt;- Bueno, si insistís dame quinientos pesos y listo.&lt;br /&gt;El Gordo sacó la plata y se la entregó a la mujer que apenas recibió el dinero le dio una palmadita en la espalda como para que apure un poco el paso y le cerró la puerta casi golpeándole los talones.&lt;br /&gt;- ¡Tomalo en ayunas! -gritó la mujer desde el interior de su casa-. ¡No te olvides!&lt;br /&gt;El Gordo tuvo ganas de salir corriendo pero le dio no sé qué. Eso si, apuro el paso como quien tiene la urgencia de encontrar un baño. Cuando llegó junto al BM miró la bolsita que aferraba entre sus dedos y la guardó en el bolsillo interior de su campera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las cinco de la tarde del domingo.&lt;br /&gt;- ¡Dale que ahí salen! -gritó el hombre sentado frente al televisor.&lt;br /&gt;La mujer llegó con apuro, en una bandeja traía la cosas del mate.&lt;br /&gt;- Fijate si lo enfocan y decime si se persigna o no -le dijo mientras cebaba el primero.&lt;br /&gt;La cámara esperaba en el extremo de la manga la salida del equipo. De a uno fueron apareciendo los jugadores mientras estallaba una lluvia de papelitos. El arquero fue el cuarto en salir.&lt;br /&gt;- ¡Ahí está...! Es ese, miralo... ¡No se persignó!&lt;br /&gt;- ¡Ja! ¿Viste que te dije?&lt;br /&gt;- Tenías razón, che.&lt;br /&gt;- Yo sabía que me iba a hacer caso en todo -dijo la mujer mientras le alcanzaba un mate al hombre.&lt;br /&gt;- ¿Cuánto creés que dura?&lt;br /&gt;- Quince minutos, veinte como máximo. Pobre, mirá la cara que tiene...&lt;br /&gt;- ¿Ahora te da lástima?&lt;br /&gt;- Y, un poco sí.&lt;br /&gt;- ¡Andá! Si le metiste todo el frasco de laxante...&lt;br /&gt;- ¡Pará, Arturo! ¿Qué decís? A lo sumo medio frasco.&lt;br /&gt;- Entonces me corrijo: todo lo que quedaba de mi frasco de laxante.&lt;br /&gt;- Mañana te compro uno nuevo, sólo para vos.&lt;br /&gt;- Ahora, explicámelo: ¿cómo hizo para no ver el escudo que tenemos en el comedor, ni el poster de los campeones del 2007, ni la foto con el Bambino dando la vuelta en Rosario?&lt;br /&gt;- El que no quiere, no ve.&lt;br /&gt;Arturo le dio una última chupada a su mate y le pidió a la mujer:&lt;br /&gt;- Dale, haceme la cara que puso cuando te pasaste la bolsita por las tetas.&lt;br /&gt;La mujer miró a Arturo, abrió los ojos bien redondos y los revoleó de un lado al otro, después se puso bizca.&lt;br /&gt;Arturo no podía más de la risa.&lt;br /&gt;- ¡Me muero! -gritó.&lt;br /&gt;- Todavía no sé cómo no me tenté con lo del orégano, la mandarina y el Alka-Seltzer.&lt;br /&gt;- ¿Y Bermúdez? -preguntó Arturo.&lt;br /&gt;- ¿Qué sé yo? Mañana me llamará puteando -le respondió la mujer-. ¿Me pasás una medialuna?&lt;br /&gt;- Veinte mangos a que antes de los quince sale rajando para el vestuario.&lt;br /&gt;- Dale -dijo la mujer y chocaron las manos en el aire.&lt;br /&gt;- Bueno, atenti que ya empieza.&lt;br /&gt;- ¡Vamos los cuervos! -le gritó la mujer al televisor mientras le clavaba sus pocos dientes a una medialuna y agitaba una bandera de San Lorenzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 14 de marzo de 2010&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-7660953222862999068?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/7660953222862999068/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=7660953222862999068&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/7660953222862999068'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/7660953222862999068'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/03/26-santo-remedio.html' title='26. Santo remedio'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-4913710089084667778</id><published>2010-01-30T23:19:00.003-03:00</published><updated>2010-01-30T23:26:15.041-03:00</updated><title type='text'>25. Restos</title><content type='html'>Ahora es comentarista deportivo. Se dice así, ¿no? ¿Comentarista deportivo?&lt;br /&gt;Bueno, no sé cómo se dice. Él comenta los partidos por la tele.&lt;br /&gt;Antes era jugador.&lt;br /&gt;Ahora comenta partidos de verano.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;El relator se entusiasmaba con Orteguita. La gente en las tribunas también.&lt;br /&gt;Cuando lo veo, veo los restos de un jugador -dijo cuando le preguntaron en medio del relato.&lt;br /&gt;No se puso colorado ni nada.&lt;br /&gt;Orteguita no lo debe haber escuchado, ni le debe importar lo que pueda decir ese comentarista ex jugador. Orteguita corría y tocaba. El comentarista ex jugador intentó explicar que quiso decir con eso de “restos de un jugador” pero no convenció a nadie. Orteguita esta vez tampoco lo escuchó, él siguió jugando. Los de rojo no sabían cómo parar a Orteguita y el comentarista ex jugador no tuvo más remedio que decirlo. Orteguita persiguió a un joven vestido de rojo, se tiró a los pies y recuperó la pelota. El comentarista se enredó con otra frase. Orteguita hacía jugar a sus compañeros. El comentarista ex jugador pensó en la vez que habló del “cabaret”. Orteguita metió un gol, el segundo de su equipo. Lo festejó con sus compañeros que lo abrazaron y le ofrecieron su cariño. El comentarista ex jugador recordó que él los festejaba solo. El defensor quiso gambetear a Orteguita, el Rey de la gambeta, y perdió. Pobre. Orteguita se la robo y casi clava el tercero. El comentarista ex jugador se dedicó a despellejar a otros jugadores. En el entretiempo, el comentarista ex jugador tomó un vaso de agua mientras recordaba que en su contrato dice muy claramente que era el momento de hacer un nuevo comentario. Orteguita volvió a la cancha y le sirvió una preciosa pelota de gol a un compañero que no supo aprovechar. Un par de minutos más tarde el técnico reemplazo a Orteguita. River ganaba. Orteguita besó su camiseta y se fue entre aplausos, como siempre. &lt;br /&gt;El comentarista ex jugador lo miró, vio la felicidad de los hinchas y observó cómo Orteguita llegaba al banco con una enorme sonrisa, entero.&lt;br /&gt;Tal vez pensó que no era tarde para arrepentirse de lo que había dicho, para pedir perdón.&lt;br /&gt;Pero no lo hizo&lt;br /&gt;El comentarista ex jugador siguió comentando lo que quedaba del partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 18 de enero de 2010&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-4913710089084667778?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/4913710089084667778/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=4913710089084667778&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/4913710089084667778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/4913710089084667778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/01/25-restos.html' title='25. Restos'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-7506419356432939029</id><published>2010-01-25T12:54:00.001-03:00</published><updated>2010-01-25T12:56:11.704-03:00</updated><title type='text'>24. La mejor jugada</title><content type='html'>Alguno fue, tal vez el Flaco. Yo no. Nunca soy el que empieza con un tema. Opino, meto un bocadillo o dos pero no soy yo el que impone una discusión, el que abre la sesión.&lt;br /&gt;¿El Flaco dije? Puede ser que me equivoque. Ahora que lo pienso bien, debe haber sido Agosti el que empezó. Agosti siempre amó a Maradona, desde que Maradona, él y la mayoría de nosotros éramos pibes.&lt;span class="fullpost"&gt;Lo defiende a capa y espada, en las buenas y en las malas. Agosti se llenaba la boca hablando del Diez desde antes de que el apellido Maradona salga impreso en las páginas de algún diario. Así es, al primer tipo al que le escuché decir “Maradona” fue a Agosti en un recreo y ninguno de nosotros supo de quién nos hablaba. En esa época conocíamos a todos los jugadores, por la radio, por la Goles, El Gráfico o por las figuritas pero de Maradona no habíamos escuchado nada hasta que Agosti abrió la boca. Agosti jura y recontra jura que a Maradona lo vio debutar en primera ese famoso 20 de octubre del ‘76. Cuenta que un tío lo llevó. Yo sé que cada vez hay más gente que dice que estuvo en ese partido pero a Agosti le creo aunque siempre me pregunté qué hacía Agosti viendo un partido entre Argentinos Jrs. y Talleres.&lt;br /&gt;La verdad, no sé quién fue el que planteó el tema de cuál fue la mejor jugada de Maradona pero recuerdo que Agosti, tan Maradoniano como insólitamente antibostero, dijo como sobrando a muchos de los que estábamos ahí:&lt;br /&gt;La mejor jugada fue cuando le cerró la boca al Loco Gatti que lo tildó de “gordito” y ese domingo, el Diego, cuatro goles le clavó. ¡Cuatro!&lt;br /&gt;Luis y Néstor se apresuraron en hablar antes que el resto y cayeron en la obvia:&lt;br /&gt;¡El segundo gol a los ingleses en el ‘86! -dijo el primero.&lt;br /&gt;¡La mejor jugada de la historia del fútbol! -exclamó Néstor.&lt;br /&gt;El Flaco, bostero y fana mal del Diez, largó su vozarrón:&lt;br /&gt;La mejor fue el gol que le hizo al Pato Fillol en la Bombonera, el 3 a 0 y el Patito revolcado por el piso, gateando, mientras Diego lo bailaba: para acá, para allá y... ¡Adentro!&lt;br /&gt;El de la “Mano de Dios” -dijo no sé quién y el Gordo Matías tiró uno que según él hizo Maradona desde mitad de cancha durante un partido jugado en Misiones en el año ‘92. Todos lo miramos porque ese, creo, no lo tenía nadie.&lt;br /&gt;Jugando para el Barça, ante el Real Madrid, en el Bernabéu y por la final de la Copa. ¡Jugadón! -dijo Carlos, el dueño del buffet que se la da de “europeo” y nació acá nomás entre San Justo y González Catán.&lt;br /&gt;¡En el Napoli! Un tremendo golazo a... -arrancó decidido Pepín que se quedó sin nafta o sin memoria.&lt;br /&gt;Ya habían hablado casi todos. Varios discutían y muchos trataban de imponer su criterio como única opinión posible e indiscutible. Lo dije antes: hablo, opino, meto un bocadillo o dos, trato pero no soy el más dotado en las discusiones que se arman todos los días en el buffet. Es más, un día puedo decir una cosa y al rato contradecirme y nadie se sorprende o me contesta porque, para ser sincero, debo confesar que mucho, mucho, no me tienen en cuenta. Pero esta vez quise decir algo inteligente, diferente al resto, alejado de lo obvio.&lt;br /&gt;La mejor jugada de Maradona fue... -hice una pausa- separarse de Coppola.&lt;br /&gt;Sonó rotundo. Varios se callaron y mientras esperaba el “¡Oh!” general y un par de palmadas en la espaldas, sonó la voz del Garrafa desde el fondo:&lt;br /&gt;¡Na’ que ver...! La mejor jugada de Maradona, la más sublime de todas sus maniobras fue mostrarse ante el mundo como fana de Boca... -el Garrafa, seguro de haber captado la atención de todos, nos miró a cada uno de nosotros y prosiguió- ...porque él, de chico era hincha del Rojo...&lt;br /&gt;¡Tomátela! -gritó el Flaco desde su rincón tan bostero como siempre.&lt;br /&gt;¡Shhh! Dejalo terminar -ordenó Agosti y volvió el silencio.&lt;br /&gt;Es así, señores, no le busquen la vuelta. Diego siempre supo cuál era su destino -retomó el Garrafa-. Sabía que iba a ser ídolo de multitudes, que iba a ser el mejor jugador del mundo y el más grande de todos los tiempos. Pero también sabía que iba a ser Dios sólo para una hinchada, sabía que su figura, su brillo, opacaría a cualquier otro jugador que vistió esa misma camiseta, por eso eligió a Boca porque no se hubiera perdonado nunca ir a Independiente, el verdadero club de sus amores y arrebatarle la gloria al máximo ídolo del rojo de Avellaneda, el Gran Ricardo Enrique Bochini, su propio ídolo. Y así fue, mis queridos -siguió el Garrafa con la voz algo quebrada-, la mejor gambeta del Diego fue esquivarle a la historia y pergeñar una jugada generosa, única y magistral. La mayor genialidad Maradoniana. Un verdadero acto de amor. Maradona sacrificó su pasión por Independiente en nombre del ídolo de su infancia y le entregó un pase gol milimétrico para que Bochini reine en el cielo de Avellaneda por los días de los días...&lt;br /&gt;Amén -interrumpió Pepín y todos nos cagamos de risa.&lt;br /&gt;La charla se diluyó, el Garrafa se refregó un poco los ojos, Agosti le revolvió la melena y yo me fui para casa con ganas de enganchar en la tele algún programa de esos que pasan partidos de cuando yo era chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 15 de enero de 2010&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-7506419356432939029?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/7506419356432939029/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=7506419356432939029&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/7506419356432939029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/7506419356432939029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/01/24-la-mejor-jugada.html' title='24. La mejor jugada'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-1056133791737603131</id><published>2010-01-23T11:35:00.001-03:00</published><updated>2010-01-23T11:36:53.498-03:00</updated><title type='text'>23. Frases hechas</title><content type='html'>¡Ja!&lt;br /&gt;¿Frase hecha? Lo que vos quieras. Pero es verdad. “El fútbol te da revancha”.&lt;br /&gt;Eso sí, hay que tener paciencia. Hay que saber bancársela hasta que la mano venga cambiada.&lt;br /&gt;Y si, en el fútbol hay que tener paciencia. Mirá a Banfield, 113 años esperó y hoy grita campeón.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;¿Sabés cómo me gastaban a mí? No había quien me la perdonara. Y eso que yo, antes del partido, dije: “Todos hablan de “incentivación”, de que Independiente le va a regalar los puntos pero el partido hay que jugarlo. Vélez se tiene que preocupar por Vélez y no por lo que haga Independiente”. Pero bueno, parece que nadie me escuchó porque me gastaban igual. Hoy nadie se acuerda pero yo lo dije.&lt;br /&gt;¡Ay, Sessa, querido! ¡La que te devoraste aquel 12 de diciembre de 2004!&lt;br /&gt;Tan preocupados estábamos de Independiente, de Newell’s y nadie pensó en Arsenal.&lt;br /&gt;Cinco años pasaron. Cinco años y un día. Y al fin tuvimos nuestra revancha.&lt;br /&gt;En ese momento te querés matar pero hoy hacés un poco de memoria y ves que saliste campeón en el 2005 y otra vez, ahora, a mitad de año y te das cuenta de que cinco años no es mucho. Digo, para disfrutar de una especie de venganza.&lt;br /&gt;Mirá, ahí tenés otra frase hecha y otra gran verdad: “El tiempo todo lo cura”. Porque aquella tarde decidí odiar a Arsenal. No a Hirsig, el del gol; ni a Sessa que se mandó tremendo blooper. Decidí odiar a Arsenal. A todo Arsenal. A partir de ese instante, minuto 6 del primer tiempo, en que Sessa bajó sin necesidad una pelota que se iba sin lastimar a nadie y se la sirvió en bandeja para que Hirsig nos la mandara a guardar, desde ese momento exacto yo odié a Arsenal. Y pensé que iba a ser para toda la vida. Pero como te dije: “El tiempo todo lo cura” y “El fútbol te da revancha”. Ahora la realidad es otra.&lt;br /&gt;Aquella vez me comí el gaste de los de Newell’s, de los de Arsenal, de los de Independiente... ¡El gaste de todos me comí! ¿Cuánto perdió Newell’s contra Independiente aquella vez, 2 a 0? ¿Salieron campeones perdiendo 2 a 0? Igual que Banfield ayer. Decí que el Tolo me cae bien y me gustó que salga campeón con su viejo club pero aquel campeonato se nos escapó de las manos.&lt;br /&gt;Mejor dicho: ¡A Sessa se le escapó de las manos!&lt;br /&gt;No sé si lo más justo hubiera sido jugar una final, Vélez - Newell’s, en cancha neutral. Tal vez si. Pero lo que siempre me jodió fue que nosotros teníamos que ganar para acceder a esa final y no lo hicimos, ¡empatamos!&lt;br /&gt;¡Cómo se habrán reído los de Newell’s aquella vez!&lt;br /&gt;Hoy se ríen otros.&lt;br /&gt;A mí lo de Arsenal se me pasó, con el tiempo, como dije. Ya en el torneo pasado cuando en la antepenúltima fecha bajaron al líder Lanús que se cortaba solo al campeonato (4 a 1 le ganaron) sentí que se cerraba una herida. Ese triunfo del Arse fue el que sacó de la pelea al Granate. Nosotros después hicimos lo nuestro: empate con diez en cancha de Lanús y triunfazo en Villa Luro contra el Globo. Fuimos un equipazo pero hay que reconocer que en ese torneo, Arsenal nos dio una gran mano.&lt;br /&gt;¿Cuánto les durará la bronca a los leprosos? ¿Por cuánto tiempo odiaran al Arse?&lt;br /&gt;Porque el torneo no lo pierden ayer contra San Lorenzo, no señor. El torneo lo perdieron en la derrota de hace 8 días contra Arsenal, 2 a 1 en Rosario. Ahí fue, ahí perdieron mucho más que la punta.&lt;br /&gt;¡Cómo se habrán reído los de Newell’s en el 2004!&lt;br /&gt;Hoy no. Hoy se ríen otros. ¿Quienes? No sé.&lt;br /&gt;Recuerden, siempre recuerden, otra famosa frase hecha: “El que ríe último, ríe mejor”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 14 de diciembre de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-1056133791737603131?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/1056133791737603131/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=1056133791737603131&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/1056133791737603131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/1056133791737603131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2010/01/23-frases-hechas.html' title='23. Frases hechas'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-5564469166015946952</id><published>2009-12-14T22:10:00.004-03:00</published><updated>2009-12-14T22:15:53.758-03:00</updated><title type='text'>22. ¡Qué pregunta!</title><content type='html'>¿Qué pondrá cuando completa esos formularios que dan en Migraciones? Esos papelitos que la juegan de inocentones y te preguntan cuál es tu profesión.&lt;br /&gt;¿Pondrá “Futbolista”? ¿”Jugador de fútbol”?&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Es como obvio, ¿no? Con su nombre debería alcanzar y sobrar pero esta gente insiste en preguntar.&lt;br /&gt;Y quieren que quede por escrito.&lt;br /&gt;Para colmo, poner “futbolista” o “jugador de fútbol” define a medias cuál es su ocupación. No lo define a él. Porque lo pone a la par de muchos, de muchísimos otros que no le llegan ni a los talones.&lt;br /&gt;¿Vale poner “goleador”?&lt;br /&gt;“El goleador”, en todo caso. Porque él no es un futbolista ni un jugador de fútbol, él es mucho más que eso. Él es “el señor gol”. El “titán del gol”. El “optimista del gol”, como lo bautizó uno que sabe y mucho.&lt;br /&gt;¡Qué falta de respeto preguntarle la ocupación!&lt;br /&gt;¿Sabés de qué labura? ¿Sabés? De regalarle alegría a la gente. De eso labura. Tiene 35 años y desde hace 20 que se dedica a clavar goles en todas las redes.&lt;br /&gt;¿Te alcanza?&lt;br /&gt;Es el hombre de los goles extraños también: pateó un penal con las dos piernas, metió su gol número 100 con los ligamentos rotos, le clavó un golazo a Independiente desde atrás de mitad de cancha, uno a River (entre tantos que le hizo) colgado del travesaño y otro a Vélez desde 40 metros pero ¡de cabeza! Que pide un renglón en la Guinness.&lt;br /&gt;Decile al de Migraciones: ¿Tenés tiempo para que cuente cada uno de los goles? Mirá que son casi trescientos. Y la cuenta sigue.&lt;br /&gt;Algún gil podrá decir que es el único tipo que pifió tres penales en un mismo partido y tendrá razón. Pero a él no lo define ese hecho aislado, único. A él lo definen los 20 goles que metió en un torneo de 19 partidos. ¿Récord? ¡Y qué te parece, 20 goles en 19 partidos! Los 4 que le metió a Gimnasia un 18 de marzo. Y si le sumás los 3 que le clavó a su ex, Estudiantes, una semana antes, tenés 7 goles en 7 días.&lt;br /&gt;¿Te va quedando claro?&lt;br /&gt;No hay otra. El que le da ese formulario y pretende que ponga “futbolista”, es de River o de Gimnasia. Sólo ellos (tal vez) siguen negando lo que la realidad nos dice todos los días, que Martín, que Martín Palermo es “el hombre gol”.&lt;br /&gt;¿Quién no gritó su gol, agónico pero maravilloso, contra Perú en las Eliminatorias?&lt;br /&gt;Sí, ese que hizo en el minuto 48 del segundo tiempo, bajo la lluvia, con la nariz fracturada. Cuando muchos otros bajaban los brazos pero él no.&lt;br /&gt;¿Quién no lo gritó?&lt;br /&gt;¿Quién no se dio cuenta de que ahí logramos la clasificación para este bendito mundial?&lt;br /&gt;¿Quién?&lt;br /&gt;Dejá el casillero en blanco, Martín. No completes nada.&lt;br /&gt;Que ellos pongan lo que quieran. Total el domingo hacés un gol y se los dedicás, a ellos, a nosotros, a todos, al mundo, al fútbol. Porque vos siempre sos generoso, Martín.&lt;br /&gt;Gol, Martín, gol...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 15 de noviembre de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-5564469166015946952?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/5564469166015946952/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=5564469166015946952&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/5564469166015946952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/5564469166015946952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/12/que-pregunta.html' title='22. ¡Qué pregunta!'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-945137194329268381</id><published>2009-11-02T14:33:00.006-03:00</published><updated>2009-11-15T14:39:23.188-03:00</updated><title type='text'>21. No puedo más</title><content type='html'>- No puedo más, Adolfo… Así no podemos seguir…&lt;br /&gt;- Esperá al entretiempo, mujer…&lt;br /&gt;Ana no esperó. Ana se fue. Revoleó el repasador que cayó, mitad en la mesada y mitad dentro de una cacerola, y se encerró en la pieza.&lt;br /&gt;Ni “hasta mañana” dijo.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba por empezar el segundo tiempo Adolfo se sirvió lo que quedaba en el sifón. De arranque nomás festejó el empate de Godoy Cruz como en el primer tiempo había festejado el gol de Newell’s. Porque Adolfo es así, le gusta festejar los goles, los de casi todos los equipos. Adolfo festeja la mayoría de los goles, la gran mayoría. Deja afuera aquellos goles que no se lograron con “buenas armas”. Así lo explica él. Y cuando su hermano, Luis, lo corre con que lo vio festejar el gol de Maradona a los ingleses, el polémico, Adolfo cuenta que es cierto, que lo festejó porque mientras veía el partido, en directo, no se dio cuenta de que el Diego lo había hecho con la mano.&lt;br /&gt;Jura que de haberse percatado en el momento, no lo hubiera gritado.&lt;br /&gt;De a poco, Adolfo se iba quedando dormido, le pesaba la cabeza y no tenía fuerza para levantarse ni ganas. Iban treinta y cuatro minutos. A modo de postre comió una cucharada de dulce de leche.&lt;br /&gt;Terminó el partido partido, apagó la tele y se fue arrastrando los pies hasta llegar a su dormitorio. En cuanto atravesó el umbral se cuidó de no hacer más ruido. Tampoco encendió la luz. Apenas apoyó el traste en la cama escuchó la voz seria, despierta, de Ana que le decía:&lt;br /&gt;- No quiero que veas más fútbol, Adolfo. Es lo único que hacés, todo el día…&lt;br /&gt;- También trabajo, che. ¿O no me ves salir a laburar?&lt;br /&gt;- Cada vez menos, Adolfo. Desde que el maldito Canal 7 pasa todos los partidos…&lt;br /&gt;- ¡“Bendito” Canal 7!&lt;br /&gt;- Lo que sea, Adolfo. La cuestión es que te ves todos los partidos de fútbol. Que te la pasás todo el tiempo pegado al televisor, juegue quien juegue, gritando los goles, sean de quien sean ¿Cómo puede ser? Ya ni te acordás de quién sos hincha, Adolfo…&lt;br /&gt;- Soy hincha del fútbol, mujer.&lt;br /&gt;- ¡Pero hacéme el favor! –se quejó Ana- ¡Para colmo ahora juegan todos los días! ¡Si no es el campeonato, juega la selección o la copa no sé qué!&lt;br /&gt;Como no escuchó nada más del otro lado, Ana siguió con el rezongo. Volvió a decir: “Así no podemos seguir” y “yo no puedo más”. Agregó: “Esto no es vida”, “no se lo deseo a nadie”, “es un infierno vivir así” y “ya no sé si me seguís queriendo”. Cuando le preguntó en medio de un sollozo débil: “¿Por qué me hacés esto, Adolfo?”, creyó escuchar como única respuesta un suave ronquido.&lt;br /&gt;Ana esperó cinco segundos algo que no llegó. Giró y se ubicó de espaldas a su marido, lo más pegada posible al borde de la cama, lejos de Adolfo, quieta, hasta que se durmió.&lt;br /&gt;Desayunaron juntos (o al mismo tiempo).&lt;br /&gt;Fue Ana la que rompió el silencio:&lt;br /&gt;- ¿A qué hora venís?&lt;br /&gt;- A las cinco.&lt;br /&gt;- ¡Pero! ¿Hoy también hay partidos? ¡Es jueves, por Dios!&lt;br /&gt;Adolfo se metió en la boca lo que le quedaba de la tostada y apuró el último trago del café.&lt;br /&gt;- ¿Quienes juegan? –preguntó Ana resignada.&lt;br /&gt;- Colón y Arsenal, Vélez contra Argentinos, y Racing – Boca. ¡Partidazos!&lt;br /&gt;Ana levantó la mesa y Adolfo buscó las llaves del taxi y la carterita negra de cuero, gastada. Volvió a la cocina y le dio un beso en la frente a su mujer que se mantenía empecinada en lavar las cosas del desayuno y en no hacer otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las cinco menos veinte cuando Adolfo entró a la casa, apurado.&lt;br /&gt;- ¡Hola! –saludó mientras se metía en la pieza con un largo cable negro en la mano. A los quince segundos salió extendiendo el cable hasta el mueble del televisor. Se metió detrás del mueble pero Ana no pudo ver qué hacía ahí agachado. Se fue y volvió con un par de herramientas.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés, Adolfo? –le preguntó Ana.&lt;br /&gt;- Por ahora es provisorio –dijo a modo de respuesta-. En cuanto pueda, lo instalo como Dios manda.&lt;br /&gt;- ¿Qué decís?&lt;br /&gt;Adolfo no dijo nada. Miró su reloj y salió disparado hasta el taxi. Volvió con una caja de cartón, grande. Más incómoda que pesada. Ana lo miraba sin saber mucho qué hacer. Adolfo abrió la caja, le quitó las protecciones de telgopor y sacó un televisor nuevo, reluciente. Ana exclamó algo pero Adolfo ya estaba en el dormitorio conectando el televisor. Ana se arrimó con pasitos cortos. Cuando llegó al dormitorio la tele ya estaba funcionando.&lt;br /&gt;- ¿Qué canal ves vos? –le preguntó Adolfo con el control remoto en la mano.&lt;br /&gt;- Ese está bien –le dijo Ana. Y cuando su marido pasaba junto a ella lo abrazó y lo besó.&lt;br /&gt;Adolfo se instaló en su silla y prendió su televisor. El partido estaba a punto de comenzar. Desde el cuarto llegaba el sonido del otro televisor. Creyó reconocer la voz de Rial que presentaba una nota donde dos o más vedettes se peleaban. Rápido pero en puntas de pie, Adolfo llegó hasta la pieza, entornó la puerta todo lo que pudo y volvió a su puesto.&lt;br /&gt;Empezaba Colón - Arsenal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 16 de octubre de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-945137194329268381?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/945137194329268381/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=945137194329268381&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/945137194329268381'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/945137194329268381'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/11/no-puedo-mas.html' title='21. No puedo más'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-6581033682813726340</id><published>2009-10-07T23:27:00.007-03:00</published><updated>2009-11-15T14:39:34.596-03:00</updated><title type='text'>20. Saber es otra cosa</title><content type='html'>- ¿Quién no sabe de qué se trata esto del fútbol? ¿Quién no conoce las reglas básicas de este deporte? ¿Un marciano tal vez?&lt;br /&gt;¡Hasta mi tía Beba las sabe!&lt;br /&gt;Eso sí, lo que se dice “saber de fútbol”, eso es otra cosa.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo habla de fútbol pero no todos saben. La gran mayoría está convencida de que sabe muchísimo de fútbol pero es evidente que la realidad indica lo contrario. Por eso estamos como estamos. Nadie sabe tanto como cree que sabe (o como dice que sabe). Ni siquiera yo.&lt;br /&gt;Un montón de gente (entre los que incluyo a mi tía Beba) sabe que en el fútbol hay que patear, golpear, impactar a la pelotita con el pie. De eso se trata.&lt;br /&gt;Pero claro, “saber patear”, es otra cosa.&lt;br /&gt;¿Quién no sabe lo que es un penal? Nadie.&lt;br /&gt;“La ejecución”. “El tiro desde los doce pasos”.&lt;br /&gt;¿Pero todos saben patear penales? No.&lt;br /&gt;Cualquiera puede ir, agarrar la bocha y patear, y hasta meter un gol. Pero “saber patear penales” es otra cosa. Parece una tontería y para algunos tal vez lo sea pero para mí no lo es. Patear bien un penal es algo muy difícil, todo un arte.&lt;br /&gt;Uno lo ve patear a Ortigoza, el de Argentinos Juniors y parece fácil, siempre la pelotita termina adentro, clavada en la red. Gol. Los arqueros se tiran para acá, se tiran para allá pero no hay caso, cuando patea Ortigoza la tienen que ir a buscar adentro, irremediablemente. ¿Cómo hace? No lo sé. “Penal bien pateado es gol”, aseguran los entendidos. “El arco es enorme”, dicen muchos. Y te refriegan las medidas en la cara: “7 metros con 32 centímetros de ancho por 2 metros con 44 centímetros de alto. No se le puede pifiar”.&lt;br /&gt;¿No se le puede pifiar?&lt;br /&gt;¿Y el arquero? ¿Qué, no juega? No es lo mismo tener enfrente a Manu, mi sobrinito de 7 años, que a tipos como Carrizo, Andújar o el Pato Abbondanzieri. Y no hablemos del mismísimo José Luis Chilavert que los atajaba y que también los pateaba. ¡Y el Goyco! Con todos los penales que atajó en el Mundial del 90, ¿cómo te parás a tan sólo doce pasos de él y le pateás? Muchos dicen que se te achica el arco y se te agranda el arquero. Y yo puedo asegurar que eso que dicen, es verdad.&lt;br /&gt;¿Cuántos penales erró Maradona? ¿Cuatro, cinco? Yo me acuerdo de aquel que le atajó el Rifle Castellano, el arquero de Central. ¡Con rebote y todo! ¡A Maradona! Y también recuerdo el que le atajaron en el Mundial del 90, en cuartos de final contra Yugoslavia. Decí que estaba el Goyco esa noche, que si no... ¡Mamma mía!&lt;br /&gt;¿Y Palermo, el gran goleador del fútbol argentino? ¿No erró tres penales en un mismo partido, Palermo? ¡Sí! ¡Tres penales! ¡Palermo! ¡Y vistiendo la celeste y blanca!&lt;br /&gt;Por eso te digo, acá hablan por hablar y critican por criticar. Lo de los penales es una lotería a no ser que seas Ortigoza, y yo, Ortigoza, no soy.&lt;br /&gt;- Y ella no es Goycoechea, Gaby. Mirala bien. ¡Ella es tu tía Beba! Le pateaste catorce penales y te atajó los catorce.&lt;br /&gt;- ¡Viste lo que ataja la vieja!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 17 de setiembre de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-6581033682813726340?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/6581033682813726340/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=6581033682813726340&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/6581033682813726340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/6581033682813726340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/10/saber-es-otra-cosa.html' title='20. Saber es otra cosa'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-5997345555444337541</id><published>2009-09-07T12:11:00.004-03:00</published><updated>2009-11-15T14:39:46.702-03:00</updated><title type='text'>19. Patas largas</title><content type='html'>Patas largas llegó en los primeros días de diciembre. El tío lo trajo. Lo compró camino a casa en la feria de Pompeya.&lt;br /&gt;- Cuando lo vi, pensé en vos -me dijo el tío-. Todo blanco. ¿Será “quemero” igual que vos?&lt;br /&gt;- ¡Ja! Ojalá. No sabía que había canarios blancos.&lt;br /&gt;- Yo tampoco.&lt;br /&gt;- ¿Cantará?&lt;br /&gt;- El vendedor me juró que sí: “Canta los goles del Globo”, dijo. “Uno cada tanto”.&lt;br /&gt;- Muy gracioso, tío. ¿Tiene nombre?&lt;br /&gt;- “Patas largas” me dijo que se llama.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;- ¿”Patas largas”? Nombre raro para un canario.&lt;br /&gt;- ¡Viste! Me contó que de pichón era flaco y de patas largas, por eso el nombre. Un auténtico caso de falta de imaginación así que vos llamalo como quieras.&lt;br /&gt;Patas largas no cantaba, ni un solo “pi” pudimos escuchar. Hacía ya unos cuantos días que estaba en casa, en una jaula cómoda con alimento, agua, lechuga y solcito pero no cantaba. Era lindo, todo blanco y “quemero” pero cantar, nada. Y eso que yo cada tanto me le arrimaba y le silbaba como para entusiasmarlo. Pero nada. Probé con hacerle escuchar música, de lo más variada, y otra vez nada.&lt;br /&gt;Era sábado, 13 de diciembre. Saludé a mi vieja y salí rumbo al Ducó enfundado en mi camiseta blanca, contento de volver a ver al Globo jugar en nuestra cancha después de más de un año. Atravesé el patio y en cuanto cerré la puerta y pisé la vereda, lo escuché cantar. Me frené y volví, abrí la puerta despacio, un tanto incrédulo y otro tanto cuidadoso para no asustarlo. Parado desde el umbral, la puerta abierta, miré como Patas Largas inflaba el buche y le cantaba a su público de helechos, malvones y geranios. Patas largas llenó el patio con su canto. Las macetas gordas y con patas se veían más coloridas y menos viejas, las baldosas brillaban y mi vieja, asomada por la ventana de la cocina, parecía a punto de llorar. Tal vez no era para tanto.&lt;br /&gt;De una vez por todas me fui. El canto de Patas Largas llegó hasta la esquina de casa y más. Huracán volvía al Ducó para jugar el último partido del año. Patas largas cantaba, la tarde pintaba hermosa y yo soñaba con que podía ser mejor.&lt;br /&gt;Lo fue: 3 a 0 ganamos. ¡Y cómo! Bailecito al Fortín al ritmo de Pastore, ese flaco de patas largas y gambeta preciosa.&lt;br /&gt;Llegué a casa radiante y mientras mi vieja me contaba todo lo que había cantado Patas largas le avisé a los dos, a ella y a Patas largas, que desde ese preciso momento lo rebautizaba. Su nuevo nombre era: “Patas largas Pastore”.&lt;br /&gt;Pasamos el verano a puro entusiasmo. Patas largas Pastore cantaba para el patio, para la cuadra, para medio barrio. Huracán arrancó el torneo como hace tiempo no lo hacía: triunfo de local ante los tucumanos y goleada a Racing en el cilindro: ¡4 a 1! Cuando Patas largas Pastore cantaba, fija que Huracán ganaba. Tuvimos alguna fecha complicada pero estábamos para festejar: 3 a 0 a Lanús, 4 a 1 a Argentinos, 4 a 0 a River, 3 a 0 a Arsenal y un fundamental 1 a 0 a los Cuervos.&lt;br /&gt;Así llegamos a la última fecha, primeros a un punto de Vélez, nuestro próximo rival. La fiesta estaba armada. ¡Qué felicidad! Con mi vieja le compramos una nueva jaula a Patas largas Pastore. No era para menos. Elegimos una de esas de pie para poner en el medio del patio. Como para que sepa que él era el rey del lugar. Y Patas largas Pastore cantó toda la semana.&lt;br /&gt;El partido se jugaba en la cancha de ellos. La vieja hacía como quince años que no iba a la cancha pero esta vez no se lo quiso perder. Me aseguré de dejarle a Patas largas Pastore agua limpia, alimento suficiente y una hoja de lechuga bien fresca. Le encomendamos que cante, que cante toda la tarde, con fuerza. Que cante como nunca. Nos despedimos de Patas largas Pastore y salimos temprano rumbo a Villa Luro. Estábamos en pleno invierno (5 de julio era) pero ese día no hacía frío, al contrario. “El fervor de la gente”, decía mi vieja.&lt;br /&gt;Arrancó el partido y se me desvaneció el entusiasmo. Sentí angustia. Tal vez porque Pastore no aparecía, tal vez porque Vélez se nos venía, porque el equipo no era el de las fechas anteriores o porque el cielo se ennegrecía. O tal vez por todo eso.&lt;br /&gt;La primera piedra me cayó a mí, un granizazo sin aviso me golpeó en medio del coco. Brazenas paró el partido; los jugadores y la gente buscaron refugio. No pude moverme. Las piedras caían, grandes, blancas, frías. El césped del Amalfitani se llenaba de lunares. Pensé en Patas largas Pastore mientras pasaba mi mano por el terrible chichón que coronaba mi cabeza. Pensé en la puntería y el destino. Bajamos los escalones de la tribuna mientras se reanudaba el partido, salimos del estadio cuando Monzón atajó el penal y llegamos a casa cuando el silenció se adueño del barrio y un delirante pasó tocando bocina y gritando el gol de Moralez.&lt;br /&gt;Abrimos la puerta con prisa y miedo. Plantas rotas y macetas partidas. La jaula caída en medio del patio. Las baldosas brillaban húmedas y quedaban apenas tres minúsculas bolitas de hielo. Algunos alambres de la jaula estaban un poco doblados, quizá por la caída, quizá por el granizo. No los enderecé, no hacía falta. Patas Largas Pastore se había volado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 17 de agosto de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-5997345555444337541?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/5997345555444337541/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=5997345555444337541&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/5997345555444337541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/5997345555444337541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/09/patas-largas.html' title='19. Patas largas'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-3079167419659280892</id><published>2009-08-18T20:20:00.007-03:00</published><updated>2011-11-25T15:36:05.525-03:00</updated><title type='text'>18. El sueño americano</title><content type='html'>En esa época estaba más roto que viejo. Mi cédula insistía en que me quedaban dos o tres años más por jugar, pero la rodilla hacía rato que decía otra cosa.&lt;br /&gt;En el bar del aeropuerto de Guayaquil tomaba una cervecita fría a la espera del vuelo que me regresaría a casa y mataba el rato con una sola certeza: el fútbol había terminado para mí.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Alguien gritó desde la entrada:&lt;br /&gt;—¡Ese trago lo invito yo!&lt;br /&gt;Me di vuelta y un tipo me abrazó, me felicitó y me volvió a abrazar. Eufórico de verme parecía. Se presentó como el doctor Aníbal Gauna, médico. Por supuesto, era un compatriota, si no, hubiera sido un milagro que alguien me reconociera en ese aeropuerto o en toda la ciudad de Guayaquil. Ni los del club donde pasé los últimos tres meses me conocían. La verdad, casi no me vieron… es que jugué un solo partido con esa camiseta; bueno, medio para ser más precisos. A cinco minutos de que terminara el primer tiempo me rompí; ni me pegaron una tremenda patada ni fue una jugada heroica: tan solo pisé mal y chau rodilla. Dos meses y dieciséis días después me citaron los dirigentes: “Venga con el contrato”, dijeron y yo fui. En muy pocas palabras me explicaron que si yo estaba roto, lo mejor era hacer lo mismo con los papeles. Y así pasó. El presidente agarró los contratos con sus manos regordetas y cargadas de anillos y los rompió con dos bruscos movimientos, como si nada. Inmediatamente después me sonrió. Yo le sonreí, otra no me quedaba. Junté mis cosas que no eran muchas y rumbeé para el aeropuerto donde el destino, Dios o el mismísimo diablo quiso que conociera al doctor Gauna. &lt;br /&gt;Faltaban más de tres horas para la salida de mi viaje, que además, era de esos que paraban en todas: Lima, Santa Cruz de la Sierra y Buenos Aires. Por lo tanto, me cayeron de maravilla las cervezas frías y el club sandwich que me invitó el doctor. Con su eterna sonrisa me contó que salía de un congreso de médicos rumbo a otro congreso de otros médicos en San Pablo, Brasil. Conocía bastante de mis días en el fútbol. Y eso que en aquella época, cuando yo jugaba, no televisaban todos los partidos como ahora. Se acordaba de varios de mis goles y de lo que él llamaba “mi toque”. “Porque a Ud. lo distinguía ese toque preciso y precioso”, decía. O, “lo suyo siempre fue el toque y la elegancia”. Y a mí, en ese momento en que terminaba de colgar los botines y no tenía la menor idea de lo que iba a hacer con mi vida, me venían bien unos elogios.&lt;br /&gt;—¡Qué gol, Aguirre, el de la final de la Libertadores! —repitió tres veces durante toda la charla. Tenía razón, había sido un lindo gol—. Los que dicen que a usted para ser un consagrado en el fútbol le faltó la Selección, se equivocan de pe a pa. A usted lo perjudicó la coincidencia histórica de ser contemporáneo al mismísimo Mario Alberto Kempes, que si no m’hijo, esa casaca era suya y el que hubiera levantado la copa en el mundial hubiera sido usted —acá sí se le fue la mano, hasta el caracú, pero quién era yo para contradecirlo. El doctor pagó la cuenta y se preocupó en dejar una buena propina. Me alejó de la barra, me llevó hasta unos sillones en una sala de embarque donde no había gente y me dijo:&lt;br /&gt;—Usted me cae del cielo, Aguirre.&lt;br /&gt;“Chau, se viene el mangazo —pensé— ¿Y todo el circo ese de que invitaba las cervezas y los elogios de mi juego, de que nunca vio un jugador como yo?”.&lt;br /&gt;—Me gustaría hacer negocios con usted.&lt;br /&gt;“Sonamos. Es peor de lo que pensaba. Como si yo tuviera un mango para hablar de negocios”.&lt;br /&gt;Al ver que no le hablaba, el doctor continuó con su parla:&lt;br /&gt;—Además de hacernos millonarios, Aguirre… ¡Podemos cambiar el mundo! ¡Convertirlo en un mundo mejor! Ser los artífices de una revolución en el fútbol. ¡Hacer historia, mi amigo, ni más ni menos!&lt;br /&gt;¡A la flauta! Que era un caso serio el doctor. “¿De dónde salió este loco?”, me preguntaba yo mientras intentaba encontrar una forma de escapar de ahí lo antes posible.&lt;br /&gt;—En definitiva, Aguirre, mi idea es contratarlo para que trabaje conmigo en los Estados Unidos... —ahí paré la oreja de verdad—. Estoy armando un establecimiento que podría llamarse algo así como una clínica de “soccer”. Perdón —dijo sin dejar de sonreír—, para usted: una clínica de fútbol.&lt;br /&gt;En el mejor momento de la charla, el doctor Gauna tuvo que salir rumbo a su avión pero prometió llamarme cuando estuviera de regreso en Buenos Aires.&lt;br /&gt;—En ocho días lo estoy llamando —me dijo. Y cumplió, a los ocho días sonó el teléfono en la casa de mi hermana, donde yo vivía. Se lo escuchaba tan entusiasmado como cuando nos despedimos en Guayaquil. Me citó para almorzar en el restaurante de un hotel grande y lujoso, no muy lejos de Retiro, que yo jamás había visto en mi vida, ni siquiera cuando me iba bien.&lt;br /&gt;Llegué diez minutos antes pero el doctor me ganó de mano, sentado en un sillón estaba saboreando un whisky y leyendo el diario; empilchado como para una ceremonia. Me abrazó, me palmeó y sonrió durante todo el almuerzo. La propuesta, para mí, era extraña; para el doctor era ambiciosa, grandiosa, revolucionaria. “Usted es el ser, la materia prima, el gen, el padre absoluto, el primer eslabón, el ejemplo, el patrón”, y no sé cuántas cosas más me dijo.&lt;br /&gt;—Yo no quiero mejorar la raza —repetía—. Quiero crearla, Aguirre, de su mano. ¿Me entiende? —preguntaba cada vez que cerraba una frase. Y yo le decía que si para no parecer contra. Tanto me costaba seguirle el tren que me olvidaba de comer. El doctor habló de candidatas, atletas de primera línea, dijo y me guiñó un ojo. También mencionó fecundar, e insistió con algo así como fertilización. Hablaba tan embalado, tan entusiasmado que sentí una falta de respeto sincerarme y decirle: “La verdad, no entiendo un pepino”.&lt;br /&gt;—¿De cuánto estamos hablando, doctor? —pregunté cuando tuve una oportunidad.&lt;br /&gt;—¿Usted me habla de tiempos o de dineros?&lt;br /&gt;—Y, de los dos —le dije por las dudas.&lt;br /&gt;—Déjeme ver, mi amigo. Sabe lo que sucede, es muy difícil medirlo en cifras. ¿A usted le interesa? —y sin esperar mi respuesta prosiguió— Tenga en cuenta, Aguirre, que la oportunidad de colaborar con la ciencia se puede dar una sola vez en la vida —hizo una pequeña pausa y remató con su mejor sonrisa—. ¿Es de la partida entonces?&lt;br /&gt;—Sí —dije. Un “sí” chiquito, a medio tono pero que el doctor Gauna valoró como si me hubiera parado en mitad del salón y hubiera gritado delante del resto de los comensales: “¡Sí, juro!”. Se levantó de su silla y me abrazó con tanta fuerza que casi me vacía los pulmones.&lt;br /&gt;—¡En treinta días nos encontraremos allá! —dijo.&lt;br /&gt;—¿Allá?&lt;br /&gt;—¡Sí, claro, en los Estados Unidos! —sentenció más que entusiasmado—. Vea —me dijo antes de irse y sacó de su maletín de cuero un folleto que me entregó para que le pegara una mirada—. Es un primer borrador. Después me cuenta qué le pareció.&lt;br /&gt;El doctor se alejó con pasitos cortos y yo me quedé mirando el folleto. Estaba en inglés, por lo tanto, no entendí ni jota. Había fotos de un laboratorio, de un árbol verde y frondoso, y la silueta de un hombre y una mujer muy atléticos tomados de la mano. No había ninguna cancha de fútbol, me llamó la atención. ¿Dónde estaba el fútbol, el soccer? No entendía, eso parecía propaganda de otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron los treinta días más largos de mi vida. ¡Que ansiedad! Ni que fuera un pibe. Para colmo se me antojó cuidarme como nunca. Corría por las mañanas, me cuidaba con las comidas, y no probaba una sola gota de vino ni nada que se le pareciera. Tampoco era que antes vivía en pedo pero cada tanto un traguito tomaba, sin embargo, en esos treinta días, nada. Y eso que sabía que no me lleva a Yanquilandia a jugar al fútbol, me quedó claro desde el primer día. Pero algo dijo el doctor Gauna entre tanto palabrerío, algo como que me necesitaba sano. Cuando faltaba apenas una semana para el viaje llamó el doctor “desde allá”, según dijo. Esta vez la conversación no fue muy extensa, seguramente por el precio de las llamadas de larga distancia. Habló lo justo y necesario: “En tal lugar hace el trámite para la visa, el pasaje lo retira en tal otro lado, el vuelo llega a tal hora. Yo lo espero en el aeropuerto y, por favor, sea discreto, la prensa no debe enterarse de nuestro asunto”. ¿De qué asunto? ¿Qué prensa? Si hace años que no me llama un periodista ni para venderme una rifa.&lt;br /&gt;Como siempre le dije que si.&lt;br /&gt;Los últimos días invertí no pocos mangos en mejorar mi vestuario y me hice chapa y pintura en lo del Tano, mi peluquero de siempre, que cada vez que voy se saca una foto conmigo para después pegarla en el salón junto con todas las fotos anteriores, debajo de un cartel que dice: “Gino, el coiffeur de las estrellas”. ¡Qué caradura! ¡Si con el único que está en todas las fotos, es conmigo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de veintiséis horas de viaje llegué a Houston. No dormí, no sé por qué, pero comí y bebí todo lo que me dieron. En migraciones utilicé las cuatro palabras que sé de inglés y aparentemente sirvieron: me dieron un permiso de estadía de seis meses.&lt;br /&gt;Se abrieron las puertas automáticas y ahí estaba el doctor, esperándome tal cual había prometido. Se lo notaba contento como siempre aunque algo nervioso. Me quiso ayudar con uno de mis bolsos pero no se lo permití. Atravesamos medio aeropuerto y medio estacionamiento hasta que llegamos a una combi blanca, espaciosa e impecable. Un americano grandote la manejaba.&lt;br /&gt;—Hola —le dije.&lt;br /&gt;El grandote sacudió un poco la cabeza, a modo de saludo. A los diez minutos de viaje llegamos a un hotel chico con un lejos simpático pero que de cerca, parecía de cartón.&lt;br /&gt;—Esta será su morada, Aguirre, pero por una semanita nomás.&lt;br /&gt;—OK —le respondí. &lt;br /&gt;Sin darme cuenta había cambiado el “si” de siempre por un “OK”.&lt;br /&gt;—Es transitorio —aclaró el doctor—. Hasta que en la clínica todo esté en orden. ¿Le parece mi amigo?&lt;br /&gt;—OK —dije una vez más, asombrado por cómo se me daba eso de asimilar un nuevo idioma.&lt;br /&gt;El doctor me dejó unos doscientos dólares.&lt;br /&gt;—Para sus gastos, Aguirre —dijo y quedó en llamarme o visitarme al día siguiente.&lt;br /&gt;Tardó tres días en aparecer y su aspecto no era el mejor. Lo acompañaba, nuevamente, el grandote de la combi. Esta vez transportaba un maletín oscuro y una especie de estuche plástico que bien podía ser una sofisticada heladerita de picnics del futuro.&lt;br /&gt;—Será mejor que nos sentemos —dijo el doctor Gauna y los dos nos sentamos sobre la cama, otro lugar no había. El grandote se quedó parado junto a la puerta de la habitación.&lt;br /&gt;—Antes que nada le pido disculpas…&lt;br /&gt;—No se preocupe, doctor, me imagino que estuvo ocupado con sus asuntos.&lt;br /&gt;—No, Aguirre, no es eso solamente. Lo de la clínica está demorado, complicado —por primera vez le costaba mirarme a los ojos.&lt;br /&gt;—¿Complicado?&lt;br /&gt;—Como escucha, mi amigo. La habilitación se cayó y los inversores volaron… Hoy no están dadas las condiciones para que podamos operar…&lt;br /&gt;—¿Operar? —pregunté asustado.&lt;br /&gt;—Operar, funcionar, trabajar, ¿me entiende, Aguirre?&lt;br /&gt;—Por supuesto, entiendo perfectamente —contesté aliviado.&lt;br /&gt;—Así es que nos vemos obligados a desarrollar nuestras tareas y toda nuestra investigación en el más absoluto de los secretos. En total clandestinidad, mi amigo, y yo no quiero perjudicarlo ni involucrarlo más de lo que está&lt;br /&gt;—¿Y entonces?&lt;br /&gt;—Y entonces, Aguirre, sólo me resta pedirle un último favor.&lt;br /&gt;—Diga de una vez, doctor.&lt;br /&gt;El doctor miró al grandote y le hizo un movimiento de cabeza. El grandote abrió el maletín, sacó un tarrito blanco, de plástico, envasado en una bolsita transparente y me lo entregó. Yo no tenía la menor idea de qué era lo pretendía con eso.&lt;br /&gt;—Necesitamos su aporte, Aguirre. Lo máximo que pueda.&lt;br /&gt;—¿De qué me habla doctor?&lt;br /&gt;—De su semen, mi amigo.&lt;br /&gt;—¿De qué? Pero escúcheme, doctor. O yo estoy loco o su propuesta era otra.&lt;br /&gt;—Aguirre, cien veces se lo dije, mi meta es lograr, gracias a su aporte genético, fecundar a mujeres de esta nación, atletas todas, seleccionadas entre miles de candidatas para obtener una combinación perfecta entre las virtudes de esta raza superadora y el talento único y caprichoso de uno de los máximos representantes de lo mejor del fútbol sudamericano.&lt;br /&gt;—OK —dije— ¿Y las mujeres?&lt;br /&gt;—¿Qué mujeres? —preguntó el doctor un poco alterado.&lt;br /&gt;—Las mujeres esas que me dijo: las candidatas, las atletas...&lt;br /&gt;—Pero no, mi amigo, este es un proceso de inseminación artificial. ¿O usted pensó que iba a tener sexo con ellas?&lt;br /&gt;—No —mentí. ¿Qué le iba a contar? ¿La verdad? ¿Que yo entendí que iba a “conocer” a todas esas mujeres? ¿Que las imaginé perfectas, jóvenes y atléticas?&lt;br /&gt;—Mire, Aguirre. Lamento la situación que estamos viviendo y que las cosas no se hayan dado como le prometí o como usted lo soñó pero, al menos por ahora, lo mejor será que vuelva a Buenos Aires y con el tiempo veremos si esta situación adversa se modifica. Yo no puedo ni quiero frenar la marcha de las investigaciones. Como le dije, trabajaré de manera clandestina.&lt;br /&gt;El sueño americano se me pinchaba. No quedaba otra que volver a casa, a casa de mi hermana.&lt;br /&gt;Gauna y el grandote me miraban, esperaban a que yo hablara o hiciese alguna cosa y a mí me costaba reaccionar. Es que venía preparado para otra cosa, Gauna me había hablado tanto de esas mujeres… “Son todas perfectas, una mejor que otra”, decía. “Imagínese”, repetía. Y yo las imaginaba: pelirrojas altas y pechugonas, deliciosamente pecosas; negras de terciopelo, con patas largas y firmes; negras caderonas; preciosas rubias de ojos azules y cabellos largos. A todas me las imaginaba. Él me decía: “Lo supremo de la raza americana, Aguirre”. Y yo soñé, con cada una de ellas soñé. ¿Qué pretendían? ¿Que me metiera en el baño así como así, con ese tachito plástico y les entregue lo mejor de mí?&lt;br /&gt;Gauna buscó en el maletín y sacó dos revistas de esas, que en aquellos años, eran difíciles de conseguir en Buenos Aires. Me las ofreció y me dijo:&lt;br /&gt;—Tómese su tiempo.&lt;br /&gt;Desde la tapa de una de las revistas, una rubia de tetas grandes me sonreía.&lt;br /&gt;Lo miré y le pregunté:&lt;br /&gt;—¿Tiene material de las candidatas? Fotos, digo...&lt;br /&gt;Giró y le hizo un nuevo gesto al grandote. Bob guardó las revistas, buscó en el maletín y me entregó una carpeta con fichas, planillas e informes.&lt;br /&gt;—Esperen afuera —les dije y me encerré en el baño.&lt;br /&gt;Revisé la carpeta, eran más de diez mujeres. No tan lindas como me las había imaginado pero tampoco estaban mal. A pesar de que las fotos parecían sacadas de los archivos de la policía, hice mi trabajo lo mejor que pude. Le entregué el tarrito plástico a Bob y lo colocó dentro de la heladerita que tanto cuidaba. Gauna me explicó que a la mañana siguiente, Bob me llevaría al aeropuerto para que tomara mi vuelo de regreso.&lt;br /&gt;Sin abrazos me estrechó la mano.&lt;br /&gt;—Nos mantenemos en contacto, Aguirre.&lt;br /&gt;—OK —le dije, pero esa vez no le creí.&lt;br /&gt;Al otro día temprano, apareció el grandote; condujo la combi blanca sin pronunciar una sola palabra. Es el día de hoy que todavía me pregunto si no era mudo. Pasaron casi treinta años de aquella expedición a tierras americanas. A Gauna, no lo vi más y tampoco supe más nada de él. Cada tanto miro algún partido de los que pasan por la tele de la “Major League Soccer”, la liga de fútbol de los Estados Unidos. En realidad, no miro los partidos, miro a los jugadores, cómo se mueven, sus gestos, cómo son, si se parecen a mí. Todo el tiempo me pregunto si alguno será hijo mío. Nunca le consulté a Gauna qué apellido le pondrían a los chicos. ¿El de la madre, Aguirre, Gauna, cuál? Leo las formaciones de los equipos y me esfuerzo en recordar los apellidos de aquellas mujeres que estaban en la carpeta que me dio Bob pero no me acuerdo del de ninguna de ellas. Ni el de una sola. Claro, en ese momento pensaba en otras cosas.&lt;br /&gt;Puede parecer ridículo pero cuando no juega Argentina, mi corazón hincha por Estados Unidos.&lt;br /&gt;Hace unos días vi el partido que le ganamos (que le ganaron) a España por la semifinal de la Copa de las Confederaciones y me emocioné. Llegaron a la final venciendo, nada más y nada menos, que al equipo sensación de los últimos años, y lo hicieron con autoridad: dos a cero, rompiéndole el invicto récord de treinta y cinco partidos.&lt;br /&gt;Hoy jugaron la final contra Brasil. Empezaron con todo, sorprendiendo a los “brasucas” con otro dos a cero. Busqué algún detalle en Dempsey, el del primer gol, algo que me resulte familiar. También lo hice con Landon Donovan, el que metió el segundo, pero nada. Ninguno de los dos parecía tener algo mío, ni por juego, ni por personalidad.&lt;br /&gt;¿Qué se lleva en la sangre cuándo hablamos de fútbol?&lt;br /&gt;Por un momento, en el único en el que noté un cierto parecido fue en Howard, el arquero. Algo en la mirada, su contextura, la forma de correr tal vez. Sería el colmo que después de tanto experimento y de tanta ciencia me saliera un hijo arquero. Atajó muy bien el primer tiempo pero después Brasil se le vino al humo. Tres goles le metieron. Mantuve las esperanzas hasta el minuto final pero no se dio. Brasil fue el campeón&lt;br /&gt;¡Ay, Gauna, Gauna! ¿Qué habrás hecho con ese tarrito plástico que te dejé?&lt;br /&gt;Seguramente poco y nada. Un hijo mío, ese partido, no lo perdía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 28 de junio de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-3079167419659280892?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/3079167419659280892/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=3079167419659280892&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/3079167419659280892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/3079167419659280892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/08/el-sueno-americano.html' title='18. El sueño americano'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-7618160412216354411</id><published>2009-07-31T16:26:00.006-03:00</published><updated>2009-11-15T14:40:12.090-03:00</updated><title type='text'>17. Club grande</title><content type='html'>Llega junio y José apaga la tele y la radio. Igual que en diciembre. “Me desenchufo”, dice José. Y desenchufa todo. No quiere saber nada. ¿Con qué? Con las finales de campeonato, con los festejos, con las coronaciones, con los descensos o los ascensos. José no quiere estar pendiente de quién es el campeón, quién gana, quién pierde.&lt;br /&gt;Ojalá pudiera pero como no puede, se desconecta.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Pero no se olvida del fútbol. Imposible para José, si él es fanático de la pelota. ¡Perdón! Fanático no, hincha (José repite y aclara que él es hincha, no fanático).&lt;br /&gt;- Algún día vas a entender cuál es la diferencia -le dice a Bautista y Bautista le dice que sí con la cabeza como siempre que su abuelo le explica. O le enseña.&lt;br /&gt;Como olvidarse del fútbol en junio y diciembre si todas las tardes de todos los meses, religiosamente, José camina las ocho cuadras que separan su casa del Jardín (el Jardín donde fue su hija y ahora va Bautista). Y todas las tardes Bautista lo espera con una sonrisa, con un abrazo, con hambre, con ganas de jugar a la pelota y con la enorme paciencia para escuchar las historias y anécdotas que José le cuenta del club de sus amores: momentos de gloria, jugadas insólitas, goles increíbles y jugadores invencibles. Hazañas, venturas y desventuras. Nombres, apodos y apellidos que pareciera que sólo el abuelo conoce porque en el Jardín o en la tele se habla de otros nombres, de otros apellidos.&lt;br /&gt;Como olvidarse del fútbol en junio y diciembre si jugar con su nieto y contarle esas historias también es fútbol para él.&lt;br /&gt;No sólo es fútbol festejar campeonatos.&lt;br /&gt;Mucho antes de llegar a su casa el abuelo le pregunta:&lt;br /&gt;- ¿Te dieron deberes? ¿Tenés tarea?&lt;br /&gt;Siempre la misma inquietud y Bautista no entiende mucho qué le está preguntando aunque sabe que la respuesta es no.&lt;br /&gt;Después de la leche, el partidito es una obligación que se suspende únicamente por lluvia.&lt;br /&gt;- Hoy no te dejes ganar, abuelo -reclama Bautista otra vez.&lt;br /&gt;- ¿Sos loco? -le dice José a modo de respuesta.&lt;br /&gt;Y el partidito lo gana Bautista como siempre y como siempre festeja.&lt;br /&gt;- Abuelo, ¿nosotros salimos campeones alguna vez? -pregunta Bautista por décima vez en su vida y José, también por décima vez, le cuenta una historia de su glorioso club cargada de emoción y de fútbol pero no de campeonatos.&lt;br /&gt;- ¿Y festejamos algo?&lt;br /&gt;- Claro, muchas cosas: festejamos jugar, festejamos salir a la cancha, festejamos el fútbol, festejamos goles, festejamos ganar, empatar o perder dignamente...&lt;br /&gt;- ¿Y somos un club grande? -interrumpió Bautista cuando vio que la respuesta amenazaba con terminar nunca.&lt;br /&gt;- ¡Por supuesto, Bautista! ¿Cómo no vamos a ser un club grande, querido? ¡Si vos y yo somos los mejores hinchas!&lt;br /&gt;Bautista se rió contagiado por las risas de su abuelo y por las cosquillas que José le hacía.&lt;br /&gt;- ¿Jugamos un partidito más? -preguntó José.&lt;br /&gt;- ¡Dale! Pero no te dejes ganar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 17 de julio de 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-7618160412216354411?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/7618160412216354411/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=7618160412216354411&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/7618160412216354411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/7618160412216354411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/07/club-grande.html' title='17. Club grande'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-1220368311667225130</id><published>2009-06-28T20:45:00.004-03:00</published><updated>2009-11-15T14:40:24.267-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónica Partidaria'/><title type='text'>16. Crónica Partidaria - Revancha</title><content type='html'>Hace mucho tiempo de aquel partido pero lo recuerdo. Todos lo recordamos, nosotros y ellos. Cada vez que hay un nuevo enfrentamiento nadie puede dejar de recordar esa catástrofe. Y no exagero (como casi siempre), esta vez no.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Ellos se creyeron los mejores del mundo después de ese partido y nosotros, nosotros todo lo contrario.&lt;br /&gt;¿Por qué será que a todas las selecciones de este lado del planeta les encanta Brasil?&lt;br /&gt;¿Por qué será que todas esas mismas selecciones sueñan con ganarnos a nosotros?&lt;br /&gt;No sueñan con ganarle a Brasil, no. Suenan con jugar contra Brasil, con jugar como Brasil pero no con ganarle. A quien quieren ganarle es a Argentina.&lt;br /&gt;¿Tanto nos duele perder?&lt;br /&gt;Si y más.&lt;br /&gt;Aquella vez nos ganaron, nos bailaron, nos aplastaron: 5 a 0. Aquella vez no estaba Maradona pero hoy está, acá, como DT. No tiene puesto los cortos pero tiene todo el corazón encendido para guiar a los nuestros hacia la victoria.&lt;br /&gt;¡Quiero revancha, Diego!&lt;br /&gt;No me soporto más las cargadas que sufrí cada vez que anduve por Colombia. Cinco a cero era la frase que más escuchaba, de chicos y grandes, hombres y mujeres, todos me refregaban en la cara ese maldito resultado.&lt;br /&gt;¡Hasta existe un bar en las afueras de Bogotá se llama “5 a 0”!&lt;br /&gt;Seguro que un colombiano loco fue capaz de ponerle de nombre a algún hijo “Cincoacero”, seguro.&lt;br /&gt;¡Vamos Dieguito, Diegote! ¡Regalame un buen triunfo! ¡Una victoria histórica!&lt;br /&gt;¡Dios del fútbol, poné las cosas en su lugar!&lt;br /&gt;Desde aquel día que no vuelvo a la cancha a ver a la Argentina, desde aquella tarde trágica en que me quedé mudo.&lt;br /&gt;¡Qué ofri que hace! ¿Cuánto falta para que abran las boleterías, che?&lt;br /&gt;Parece que vamos con todo, eh: Messi, Agüero y Tévez. ¡Qué tal!&lt;br /&gt;Está muy bien, Diego, hay que jugársela. Tenemos que ganar.&lt;br /&gt;¡Qué frío, viejo! ¿Sabés cómo va a estar la cancha? Colmada, repleta, a punto de explotar.&lt;br /&gt;Andújar ataja. Pobre el Goyco, cinco se comió aquella tarde. Un ídolo el Goyco pero cinco, che. Un poco mucho, ¿no? Ojo que yo me lo banco al Goyco pero ¡cómo lo insulté en ese partido, en esa semana, en esos meses...!&lt;br /&gt;Dieguito pone línea de tres: Heinze, Demichelis y el Cata Díaz. Juega la Brujita Verón, el Masche, Gago y Jonás. Elegancia y fútbol. ¡Viva el fútbol!&lt;br /&gt;¡Ya van a ver estos colombianos irrespetuosos!&lt;br /&gt;¡Por fin avanza la fila, viejo!&lt;br /&gt;Y seguro que se traen a unos cuantos. Les gusta a los colombianos venir a la Argentina. Son buena gente, muy buena gente pero el fútbol es el fútbol. El fútbol es sagrado.&lt;br /&gt;¡Regalame una revancha, Diego!&lt;br /&gt;¿Pero qué hablan tanto con el boletero? ¿No tenés frío, papá?&lt;br /&gt;Dos dame.&lt;br /&gt;Lo traigo al pibe, se lo prometí. Está feliz. Era un bebé en aquel partido. La madre no me dejó traerlo, meses tenía. Yo por mí lo traía. Y me la juego que él también hubiera querido venir, así bebé y todo, él hubiera dicho que sí. Menos mal que no vino, debutar con la selección y comerse un cinco a cero hubiera sido motivo suficiente para declararlo por decreto “mufa eterno”.&lt;br /&gt;Matías tiene un entusiasmo ahora. Es hincha como yo, de los que nos gusta ver los partidos y analizar el juego.&lt;br /&gt;¡Dame una revancha, Dios!&lt;br /&gt;“Salimos temprano Pa”, me advirtió. Está embalado, como deben estarlo Messi, Tévez y Agüero. En Colombia juegan Falcao y Vargas. ¿Seguro que no vienen Valderrama, Rincón, Valencia y el Tino Asprilla? ¡Menos mal!&lt;br /&gt;Viste que te dije que iban a traer gente estos. Mirá ese con la bandera que dice: “Por otro 5 a 0”. ¿Sabés lo que vas a tener que hacer con esa banderita?&lt;br /&gt;¡Vamos a chiflarle el himno, Matías! ¡Dale!&lt;br /&gt;“Oid mortales el grito sagrado...”&lt;br /&gt;¡Argentina, Argentina, Argentina...!&lt;br /&gt;¡Upa! ¡Uia...! Andújar... ¡No, Cata, no...! ¡Andújar! ¡Sos un desastre Cata!&lt;br /&gt;¡Che, Maradona, ponés tres delanteros y no pateamos una sola vez al arco! ¡Son unos perros! ¡Y vos también, gordo! Está gordo otra vez, ¿viste?&lt;br /&gt;¿Y el juego dónde está? ¿Sacalo a ese y a ese? ¿Pero qué equipo paraste?&lt;br /&gt;¡Te dije que con estos muertos al mundial no vamos! ¡Te lo dije!&lt;br /&gt;¡Corré, jugá, tocá, dale! ¡Sos un perro! ¡Gooooool! ¡Bien Cata, muy bien! ¡Qué jugador!&lt;br /&gt;¡Grande Diego!&lt;br /&gt;“¿Y la revancha, Pa?”&lt;br /&gt;Agradecé que ganamos, Mati. ¿Vos viste lo mal que estaba la cancha?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 07 de junio del 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-1220368311667225130?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/1220368311667225130/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=1220368311667225130&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/1220368311667225130'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/1220368311667225130'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/06/cronica-partidaria-revancha.html' title='16. Crónica Partidaria - Revancha'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-6692667019701626910</id><published>2009-05-28T23:30:00.007-03:00</published><updated>2011-06-26T14:23:16.741-03:00</updated><title type='text'>15. Pan y queso</title><content type='html'>Pan... Queso... Pan...&lt;br /&gt;El Gordo Mario me ganó el “pan y queso”. Siempre me gana.&lt;br /&gt;En realidad se llama Ezequiel. Pasamos de decirle “Gordo Ezequiel” a “Gordo Mario” porque es igualito a Mario Bross pero sin bigotes.&lt;br /&gt;Le tocaba elegir.&lt;br /&gt;- Mmm... &lt;br /&gt;Se hacía el que dudaba, como si no supiéramos que iba a elegir a Martincho.&lt;br /&gt;- Martincho -dijo al fin y al cabo.&lt;br /&gt;¡Qué te dije! Era una fija. Martincho juega mejor que todos, mejor que nadie.&lt;br /&gt;- ¡Lucas! - me apresuré a decir fingiendo, yo también, un gran entusiasmo; como si me llevara la figurita difícil, como si le arrebatara un tesoro al Gordo Mario. Lucas corrió y se puso detrás de mí, contento. Él no es tan bueno como Martincho, su hermano, pero la mueve, y yo hacía todo lo que posible para que creyera que para mí él era un crack.&lt;br /&gt;El Gordo se siguió llevando lo mejor y cuando sólo quedaban dos por elegir, volvió a interpretar mal el papel de dudoso:&lt;br /&gt;- Mmm... -exageraba. Miraba a su equipo, me miraba a mí-. Mmm... -se hacía el que pensaba, se hacía rogar.&lt;br /&gt;- Dale, Gordo -le dije cansado de su juego. El Gordo Mario cerró los ojos y, ceremonioso, se los tapó con la mano izquierda, extendió su mano derecha, apuntó con su dedo índice en dirección a los dos que quedaban y empezó a hacer un ridículo ta-te-tí. El dedo del Gordo apuntaba a uno y a otro. Cuando dijo el último “tí” abrió un ojo para cerciorarse de que apuntaba a quien todos sabíamos que iba a elegir desde un primer momento y eligió a Fran. Era obvio.&lt;br /&gt;Fran salió corriendo a abrazarse con los suyos ridículamente contento de no ser el último elegido. El Gordo Mario me miró con una sonrisa que apenas le entraba en toda esa carota redonda que tiene.&lt;br /&gt;¿Quién quedaba? Su prima, Leticia, una flaca, alta con sólo tres pecas y cara de chiflada que sus tíos le encajaron en la casa por esa semana.&lt;br /&gt;¿Quién quiere tener a una chica en su equipo? ¿Nadie? Bueno, a mí me tocó.&lt;br /&gt;Sin prisa vino hacia donde estábamos nosotros, a todos nos llevaba una cabeza.&lt;br /&gt;- Vas al arco -le dije. Ella ni si ni no, fue. El Gordo Mario me miraba y se seguía riendo. ¡Gordo tramposo! Yo me sentía furioso, indignado; él, en cambio, ya se sentía ganador.&lt;br /&gt;- Che, Gordo, ¿por qué no juega en tu equipo? ¡Es tu prima, loco! ¡Vos la trajiste! -le reclamé sin importarme un pito que ella me escuchara.&lt;br /&gt;- ¿Qué tiene que ver? -me dijo-. Vos la elegiste...&lt;br /&gt;- ¡Andá a freír churros, Gordo!&lt;br /&gt;Y empezó el partido. El primer ataque de ellos terminó en gol. La verdad, no fue culpa de Leticia, la pelota rebotó en Lucas, Rodrigo la quiso despejar pero la metió adentro. Igual todos (hasta Rodrigo) la miramos a Leticia con cara de orto.&lt;br /&gt;- ¡A ver si me toman las marcas y empiezan jugar un poco! -nos gritó ella ante el asombro de propios y contrarios.&lt;br /&gt;Sacamos del medio. Entre Lucas y yo perdimos la pelota, el Gordo Mario le metió un pase profundo a Martincho que encaró hacia el arco. Leticia lo esperaba agazapada; nosotros dejamos de correr y nos dedicamos a observar el gol que iba a meter Martincho. Eso creímos. Martincho quiso hacer una de más, enfrentó a Leticia, amagó a pasarla por derecha y se mandó por izquierda. La flaca de tres pecas tiró un poco su cuerpo hacia la derecha de Martincho pero dio un salto hacia el otro lado y le sacó la pelota limpita con la punta de su zapatilla. No me había fijado: Leticia usaba unas zapatillas rosa, de lona y media caña.&lt;br /&gt;¿Quién pude jugar bien a la pelota con esas zapatillas? Nadie.&lt;br /&gt;“¡Eeesa! ¡Bueeeno! ¡Mucho!”, fue lo que los míos gritaron mientras Martincho seguía de largo sin comprender cómo le desapareció la pelota. Leticia la levantó con una mano, miró buscando pase y me encontró. Lanzó la pelota con fuerza. Los otros tardaron en reaccionar. La pelota picó y me quedó para que de cabeza, clave el empate. ¡¡¡Gol!!! Gritamos y nos abrazamos con Lucas y Rodrigo. El Gordo Mario le rezongaba a todos sus jugadores mientras nosotros trotábamos hasta mitad de cancha. Me agaché para subirme las medias y pispié hacia nuestro arco, Leticia me miraba con una mueca que tal vez era una sonrisa. Me paré de un salto y seguí jugando.&lt;br /&gt;Los minutos pasaban y el partido no salía del 1 a 1. Leticia sacaba todas las pelotas que le pateaban o cabeceaban mientras nosotros no metíamos una. ¡La de pelotazos que atajó esa piba! Era imposible que le hicieran un gol. Su primo estaba que explotaba de la bronca. ¡Ni una entraba! Y Martincho, el héroe de todos los partidos del pasado, el crack, el Maradona del barrio no entendía cómo ni por qué pasaba lo que pasaba. El Gordo Mario se la agarraba con Fran, con Martincho, con todo su equipo. No daba más de tanto correr y tanto quejarse.&lt;br /&gt;- ¡Gol gana! -nos advirtió y amenazó con la autoridad que le daba ser el dueño de la pelota.&lt;br /&gt;Se nos vinieron con todo. Martincho y el Gordo peleaban para ver quién le pegaba al arco desesperados por clavarle un gol a Leticia. No pudo ser. Pateó Martincho, mitad tierra, mitad pelota y le salió un globito inofensivo, fofo. La flaca con tres pecas, alta, cara de chiflada y zapatillas rosa descolgó la pelota, amagó a lanzarla larga y salió jugando por la banda derecha. El Gordo Mario, su propio primo, en cuanto la vio con la pelota se lanzó como una flecha, como una locomotora con ganas de partirla en cuatro, de pasarla por arriba, de que volara por los aires y desapareciera de una vez por todas. Leticia llevaba la pelota pegada al pie y la cabeza en alto, a Fran lo pasó con un simple amague pero desde atrás se le venía el Gordo, en diagonal y a toda máquina. De refilón lo debe haber visto porque si no, imposible. El Gordo la midió y se le arrojó con un planchazo furioso, criminal. Leticia, en el momento justo, punteó la pelota y dio un salto para que su primo derrape y pase arrastrando tierra sin siquiera rozarle las zapatillas. ¡El polvo que se habrá comido el pobre Gordo! Leticia no lo miró pero a mí, sí. Me cruzó la pelota con un pase largo, preciso, exquisito. A Matías lo dejé atrás como si nada. Cuando me salió Martincho se la toqué a Lucas que venía por el medio y que por suerte me devolvió la pared. Iba a ser un lindo gol. ¡Un golazo! El que atajaba era Santi, lo encaré y me salió.&lt;br /&gt;¡Era en comba y por adentro! ¡Golazo para ganar el partido era!&lt;br /&gt;Hamaqué el cuerpo hacia la izquierda, Santi cerró los ojos deseando no escuchar mi desaforado festejo y preparé la punta de mi pie para sentenciar el triunfo. No pude. Por el otro lado venía Leticia. Levanté la vista y la vi, claro, como para no verla con sus tres pecas, las zapatillas rosa y esa carita de chiflada. Le di el pase. No tuve opción.&lt;br /&gt;Leticia le calzó un derechazo como venía y fue gol, golazo. Lo grité, lo gritamos, nos abrazamos. ¡Ganamos!&lt;br /&gt;En ese momento me di cuenta de que la vida es mucho más hermosa en cámara lenta.&lt;br /&gt;Fue ahí, en el medio de la canchita, en medio de todos, cuando Leticia (que me llevaba una cabeza) me rompió la boca de un beso, de un tremendo y tremendísimo beso. Un largo, dulce, hermoso, inesperado beso mágico.&lt;br /&gt;¿Mi primer beso? No. El mejor.&lt;br /&gt;Los otros se reían. El Gordo Mario, todavía lleno de tierra, aprovechó que nadie hablaba de su derrota y se prendió en la cargada general. Leticia me soltó (contra mi voluntad) y se fue sin darse vuelta rumbo a la casa de sus tíos. Hice fuerza para no mirarla, para no correr tras ella. Los pibes me siguieron cargando por un rato más y yo buscaba a Lucas, a Rodrigo, a quien sea con tal de abrazarme. Lo necesitaba.&lt;br /&gt;A la noche, en la cama, pensaba en el partido, feliz. ¡Le ganamos al Gordo Mario! ¡Y a Martincho! Y eso que para nosotros jugó una chica... Son unos pecho frío... Por supuesto que me dormí repasando la jugada, recordando el gol, pero soñar, soñé con una chica de tres pecas, alta y flaca, con zapatillas rosa y una hermosa cara de chiflada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 14 de mayo del 2009&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-6692667019701626910?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/6692667019701626910/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=6692667019701626910&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/6692667019701626910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/6692667019701626910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/05/pan-y-queso.html' title='15. Pan y queso'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-865400286524092903</id><published>2009-05-15T15:27:00.005-03:00</published><updated>2009-11-15T14:40:45.684-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónica Partidaria'/><title type='text'>14. Crónica Partidaria - Camino a Santa Fe</title><content type='html'>Eran cerca de las 10 y media cuando apareció Joaquín con cara de dormido. Con Silvia no terminábamos de decidir si el menú del mediodía era pastas o qué.&lt;br /&gt;- ¿Vamos a Santa Fe? -me dice Joaco.&lt;br /&gt;- ¿Qué? -le pregunto seguro de haber escuchado mal.&lt;br /&gt;- Dale, ¿vamos?&lt;span class="fullpost"&gt; &lt;br /&gt;Silvia nos miraba con desconfianza, incrédula de la propuesta de Joaquín y de no escuchar un rotundo "NO" de mi parte. Joaquín esperaba mi respuesta apoyado en el marco de la puerta, Juan Carlos (nuestro perro) había aprovechado el desconcierto general para robarme, una vez más, las medias.&lt;br /&gt;Miré por la ventana y el día estaba hermoso, radiante, perfecto para ir a la cancha.&lt;br /&gt;- ¡Vamos! -dije.&lt;br /&gt;En cinco minutos estábamos listos. Silvia y Juan Carlos nos despidieron desde el portón del garage, Juan Carlos sospechando que se perdía de algo importante y Silvia dándonos otro extenso sermón con recomendaciones. Salimos a la ruta eufóricos, ya eran las 11 de la mañana y éramos conscientes de que salíamos realmente tarde. Le metimos pata pero sabíamos que no iba a ser suficiente, era un hecho que llegaríamos con el partido empezado. No nos importó.&lt;br /&gt;- ¿Cuántos kilómetros son?&lt;br /&gt;- Ni idea.&lt;br /&gt;En la ruta nos cruzamos con unos pocos bosteros que marchaban a Rosario sin mucho entusiasmo. En la radio nos aburrimos con el relato del partido entre Argentinos y el Rojo. Pisaba el acelerador pero el camino se nos hacía eterno, faltaban unos cuantos kilómetros y el partido estaba por empezar.&lt;br /&gt;Y empezó nomás.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacemos? ¿Lo escuchamos o no? -me pregunta Joaco.&lt;br /&gt;- No sé, soy tan yeta para escucharlo por radio...&lt;br /&gt;En la primera pelota, al toque nomás se lo pierde el Bebu. ¡Con rebote y todo!&lt;br /&gt;- ¡No ves! Apagá eso -le ordeno a Joaquín al mismo tiempo que él apagaba la radio por decisión propia.&lt;br /&gt;Lo que siguió del viaje fue un suplicio, los dos en silencio imaginando un gran partido. Sabíamos que jugaban Cristaldo y que Domínguez se había recuperado de la lesión.&lt;br /&gt;- Son bravos los de Colón -le digo como si hablar acortara el tiempo o el sufrimiento.&lt;br /&gt;- Si... -responde Joaquín.&lt;br /&gt;- En el Gran DT lo tengo a Pozo.&lt;br /&gt;- ¿Y?&lt;br /&gt;- ¡Y ojalá le metamos cuatro!&lt;br /&gt;- ¿Cuatro? ¡Cinco le vamos a...!&lt;br /&gt;- ¡¡¡Es acá!!! -lo interrumpí desaforado. De repente por primera vez en mi vida veía la silueta de la cancha de Colón, el famoso "Cementerio de los elefantes". Llegamos con el auto hasta donde pudimos.  Lo tiramos sobre una calle y salimos corriendo sin siquiera fijarnos cómo cuernos se llamaba la bendita calle. Se escuchaban algunos cantos. Seguimos corriendo y la gente empezó a cantar más. Una ráfaga de viento nos trajo unos papelitos que salían de la cancha.&lt;br /&gt;- ¡Debe estar por empezar el segundo tiempo! -me avisa Joaquín y mete un pique largo- ¡Dale, vamos!&lt;br /&gt;Yo no podía hablar, corría con esfuerzo y el corazón me latía a más no poder. El estadio estalló cuando pisamos el primer escalón. Faltaban pocos metros y el último control no tenía ningún apuro.&lt;br /&gt;- ¡Vamooooos que ya empieza el segundo tiempo! -lo apuro un poco.&lt;br /&gt;El viejo se ríe y me dice:&lt;br /&gt;- ¡Epa! Tanto apuro... Si van perdiendo 2 a 0.&lt;br /&gt;Joaquín me mira incrédulo, la gente de Colón cantaba y festejaba.&lt;br /&gt;- ¡Andá a cagar! - le dije al viejo choto. Le arrebaté las entradas, lo miré a Joaco y le dije:&lt;br /&gt;- No le creas una mierda.&lt;br /&gt;Entramos a la cancha cuando Papa, Papita se escapaba por izquierda y mandaba su primer centro del domingo, en ese preciso momento... Para gritar el primer gol.&lt;br /&gt;El resto de la historia ya lo conocés.&lt;br /&gt;(Vélez remontó un 2 a 0 y ganó 4 a 2 - 26 de abril de 2009)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 15 de mayo del 2009&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-865400286524092903?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/865400286524092903/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=865400286524092903&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/865400286524092903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/865400286524092903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2009/05/cronica-partidaria-camino-santa-fe.html' title='14. Crónica Partidaria - Camino a Santa Fe'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-1853448509392431947</id><published>2008-04-05T09:46:00.004-03:00</published><updated>2008-04-05T09:55:04.701-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Otros autores'/><title type='text'>Desde afuera (un cuento de Lucas Otero)</title><content type='html'>Ese Gol, Dios mío, que Gol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sueños, de tanto insistir,  se hacen realidad, y eso se sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pelota venia bombeada y yo, parado como siempre de nueve, pero esos nueves que bajan, no se crea que me quedaba pegadito al área como un pescador, no, yo bajaba y armaba el juego “jugaba y hacía jugar”, la pelota venía bombeada le decía, creo que había rebotado en mi profesor de historia en un despeje, saqué un fulbo de chilena que si se lo cuento no me cree, y menos aun me creería si le digo en que parte del arco entró el cuero.&lt;span class="fullpost"&gt;  Además, para ganarme su reputación de mentiroso, yo soy de esos zurdos que quién sabe por qué las chilenas y las rabonas las hacen con la derecha, a veces pienso que es porque con una pierna nos basta y nos sobra, la derecha la tenemos para poder correr a la par de los demás, aunque ni eso. Le decía que la bocha se clavó en un ángulo inatajable para cualquiera que se encontrara defendiendo los tres palos, inclusive para mi profesora de matemáticas. La reputa madre, el Gol se lo hice a mi profesora de matemáticas, ¿usted puede creerlo? A mí me chupó un huevo, yo lo grité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El partido se dio por terminado en ese instante, porque teníamos que hacer un ejercicio de integración de grupo o alguna boludez por el estilo, era lo lógico, después de eso no había más que hacer futbolísticamente hablando, no había nada más para ver, “se acabó lo función” pensé.&lt;br /&gt;Nadie me dijo nada, nadie hizo un comentario, ni siquiera Lucas, como jugaba mi tocayo Lucas, un 5 de esos, para qué le voy a mentir. Es el día de hoy que sostengo que esa falta de comentario fue porque atajaba la puta esta de matemáticas, si estaba en el arco alguien con pito, todos me lo hubieran reconocido, y uno a veces hace las cosas para que se las reconozcan, para levantarse más minas, no me venga ahora a decir que no, de todas maneras le digo, que cuando la bocha venía bombeada, lo que menos pensé fue en ella, simplemente fue ese impulso que tenemos los buenos jugadores del balompié.&lt;br /&gt;Yo interiormente sabía, y es el día de hoy que sé, que si en el arco estaba quien usted o Dios quiera poner, la masa de aire entraba igual, o mejor aun, porque los arqueros, los de a de veras digo, cuando saben que no llegan se tiran igual para que los compañeros no lo puteen, y le dan ese show a la jugada. Eso le faltó al mío, un poco de show, una volada, un “algo más”. Pero no, la de matemáticas sólo me desmereció diciéndome que le había pegado muy fuerte. Ni idea tenía, no sabía las cosas que se me cruzaron en ese momento, además yo pensaba que cómo me podía decir eso si la caze a 17 metros del arco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al retirarnos pasé por la cancha y me quedé sentado al borde, había unos chicos jugando y bastante bien creo, pero yo me quedé mirando e imaginando mi Gol, pensaba que tendría que haber una palabra en el diccionario que defina lo que hice, porque Gol le quedaba chico, una cosa es un Gol y otra fue lo que hice, son dos cosas totalmente distintas, la única, e injusta similitud, es que suman lo mismo, y eso, señores que hacen el reglamento, sépanlo, esta muy mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero le decía que me paré al borde de la cancha y quería saber cómo había sido, ¿cómo podía haberlo hecho y ni siquiera verlo? Qué injusto que es vivir en cámara subjetiva, uno se cuida, se mira al espejo actuando entre los demás, y cuando llega el momento no puede verse.&lt;br /&gt;Fue media hora para reconstruir 1 segundo, quizá 2, “no puedo, no se puede” me dije, me paré y conté los 17 metros que separaban el lugar del hecho al del arco y me fui a casa, pagué 2 boletos, uno para mí y otro para mi orgullo, que seguramente tendría que haber pagado exceso de equipaje.&lt;br /&gt;Desde ese día tengo la costumbre de hacer ese ejercicio antes de jugar, ese de mirar la cancha y verme ahí. Trato de evitarlo, le juro, pero tengo sueños y no puedo con ellos. Muy pocos fueron los días que tuve la necesidad-obligación de mirar después del juego, muy pocos, pero muy pocos. Tengo horas y pasión por la pelota, pero un Gol como ese día, nunca más, lindos e importantes si, pero no como aquel. Y no me diga que las cámaras, la tecnología y esas boludeces, por favor, las cámaras no graban las sensaciones, y mucho menos logran reproducir los sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso que ese Gol fue lo peor que me pudo haber pasado, me obligo a tener la necesidad de verme, pasa que no sólo me quiero ver en una cancha de fútbol, me quiero ver amar, trabajar, caminar y hasta comprar fasos para ver de qué manera seduzco a la del súper que está bastante buena, pero al igual que en mis sueños, la subjetitividad de las cosas me persigue. Pienso que ese Gol fue lo peor que me pudo haber pasado, le decía, porque hasta me quitó las ganas de jugar al fútbol, porque un Gol como ese día, nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y diga usted que se lo hice a mi profesora de matemáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas Otero - Septiembre 2002&lt;br /&gt;www.cydlibro.blogspot.com/&lt;br /&gt;www.corteydisolvencia.com&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-1853448509392431947?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/1853448509392431947/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=1853448509392431947&amp;isPopup=true' title='26 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/1853448509392431947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/1853448509392431947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2008/04/desde-afuera-un-cuento-de-lucas-otero.html' title='Desde afuera (un cuento de Lucas Otero)'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>26</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-4943360956534574864</id><published>2007-07-19T17:12:00.000-03:00</published><updated>2007-07-19T17:35:55.129-03:00</updated><title type='text'>Gracias Maestro (19/07/2007)</title><content type='html'>Me acabo de enterar que falleció el Negro Fontanarrosa. ¡Qué cagada viejo! Los héroes no deben morir.&lt;br /&gt;El mundo será mucho más difícil, triste y aburrido ahora que él no está.&lt;br /&gt;¡Con razón el cielo se puso gris y la tarde una reverenda mierda!&lt;br /&gt;Maestro, permítame que al menos le dé las gracias.&lt;br /&gt;OK, trataré de hacerla corta pero la lista es larga: gracias por haberme hecho muy feliz con su obra y por darme tanto. Gracias por sus cuentos, por sus chistes, por sus formidables personajes y sus inmejorables dibujos. Gracias por su pasión. Gracias por su generosidad, gracias por inspirarme, por haberme hecho reír, pensar, sentir…&lt;br /&gt;Gracias Roberto Fontanarrosa. Gracias Maestro. Usted es mi héroe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un admirador, un disfrutador.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-4943360956534574864?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/4943360956534574864/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=4943360956534574864&amp;isPopup=true' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/4943360956534574864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/4943360956534574864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2007/07/gracias-maestro-19072007.html' title='Gracias Maestro (19/07/2007)'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-8467056551546398271</id><published>2007-05-29T22:15:00.001-03:00</published><updated>2007-05-29T22:17:00.993-03:00</updated><title type='text'>Evento Cultura Fútbol</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_-yCSFS_O5Fo/RlzQRovtWdI/AAAAAAAAAUs/Esp3S7oVJBo/s1600-h/cultura.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_-yCSFS_O5Fo/RlzQRovtWdI/AAAAAAAAAUs/Esp3S7oVJBo/s200/cultura.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5070156281926212050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Click en la imagen para ampliar&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-8467056551546398271?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/8467056551546398271/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=8467056551546398271&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/8467056551546398271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/8467056551546398271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2007/05/evento-cultura-ftbol.html' title='Evento Cultura Fútbol'/><author><name>Puercoespín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04840174010760720041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://i162.photobucket.com/albums/t255/PuercoespinPP/PPblog.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_-yCSFS_O5Fo/RlzQRovtWdI/AAAAAAAAAUs/Esp3S7oVJBo/s72-c/cultura.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-116749061948773798</id><published>2006-12-30T11:52:00.000-03:00</published><updated>2006-12-30T11:56:59.486-03:00</updated><title type='text'>Un nuevo cuento</title><content type='html'>Después de un largo período de descanso acabo de subir un nuevo cuento. Un saludo a todos los que visitan el blog. Gracias y buen año.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-116749061948773798?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/116749061948773798/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=116749061948773798&amp;isPopup=true' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/116749061948773798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/116749061948773798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/12/un-nuevo-cuento.html' title='Un nuevo cuento'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-116748963268348237</id><published>2006-12-30T11:37:00.005-03:00</published><updated>2009-04-02T12:54:00.265-03:00</updated><title type='text'>13. No le hagás penal</title><content type='html'>-¡No le &lt;span style="font-style: italic;"&gt;hagás&lt;/span&gt; penal! ¡No le &lt;span style="font-style: italic;"&gt;hagás&lt;/span&gt; penal! -le grité desesperado al Cabezón pero ya era tarde. Su pierna izquierda barría sin ningún pudor al rapidito de Baralo. Y Martínez, como nunca, siguió la jugada de cerca y pitó la infracción: Penal.&lt;span class="fullpost"&gt; ¡A llorar a la iglesia! El Cabezón no entendía por qué semejante enojo de mi parte, por qué lo puteaba sin parar:&lt;br /&gt;- Vamos ganando 3 a 0 fácil y el partido ya se termina, Flaco. ¡Tanto quilombo por un penal!&lt;br /&gt;¿Qué le podía explicar? ¿Que prefería el gol de una, de jugada, que de penal? ¿Que yo sabía que el que lo iba a patear era el mismísimo Lucero? ¿Que estuvo todo el partido esperando una oportunidad como esta? Nada, no le dije más nada. ¿Para qué? Si igual, no hubiera entendido un pomo.&lt;br /&gt;Me fui hacia el arco, resoplando un poco, mucho, manoteé la toalla y me sequé el sudor de la frente. Hice algo de tiempo, miré los rostros de la gente en la popular y no me di vuelta hasta que los silbidos confirmaron lo que sólo yo sabía. Lucero quería patear el penal. Giré y lo vi venir. Avanzaba lento y seguro. Se abría paso entre los suyos buscando la pelota, sin escuchar a nadie, sin mirar a nadie. Los ojos clavados en mí.&lt;br /&gt;“Otro arquero patea penales”, dirían en las radios. “Como Saja, Rogerio Ceni o como el mejor de todos: Chilavert”. “¿La primera vez que patea un penal Lucero?” preguntaría algún relator. “Si, si, la primera vez”, respondería el comentarista con cierto miedo a equivocarse, un poco perdido, inseguro, hurgando entre su memoria, sus apuntes y sus estadísticas.&lt;br /&gt;“Estamos presenciando un momento único, señoras y señores”. El relator intentaría darle un poco de fantasía a su transmisión. “El enfrentamiento entre el maestro y su discípulo, ¡entre la juventud y la experiencia!”. Palabras más, palabras menos le contarían a la gente lo que la gente ya sabe: que fui el suplente de Lucero durante 7 años; que él ya tiene 36 pirulos y yo apenas 25; que seguramente él me enseñó tooooodo lo que sé; que hace tan sólo 3 meses Lucero rescindió su contrato y se alejó del club en el que jugó todo su vida sin explicar demasiado por qué; que la vida nos hizo muy amigos y ahora, con esas cosas que tiene el fútbol, nos pone frente a frente y bla, bla, bla…&lt;br /&gt;“¿Me pareció a mí o no se saludaron Donato y Lucero?” deslizaría cargado de intención algún comentarista. “Es cierto, muy cierto. Bueno, convengamos que siempre se corrió el rumor de que las cosas no terminaron bien entre los dos”. Acotaría un cronista que informa desde el campo de juego. “¡No me diga!”, se haría el tonto el relator. “Pero ¿Usted sabe algo, mi amigo? Es llamativo, ¿no? Lucero nunca pateó un penal y justo se le ocurre patear ahora, contra su ex club, frente a su ex suplente y amigo. Mmm… Algo pasó”. “Dicen que entre ellos hubo un asunto de polleras”.&lt;br /&gt;“Lo noté nervioso a Lucero”, arrancaría el relator de otra transmisión. “Y, éste no es un partido cualquiera”, mencionaría su comentarista. “Ahora no”, se apuraría a meter un bocadillo el cronista de abajo. “Ahora el que parece nervioso es al Flaco Donato”.&lt;br /&gt;¿Cómo no iba a estar nervioso? Nos enfrentábamos Lucero y yo. Afuera podían estar diciendo lo que quieran pero los únicos que sabíamos la historia éramos él y yo. No, miento: él, yo y Claudia. Justamente Claudia. Ella estaba en la platea. En el lugar de siempre, en el asiento de siempre, el mismo asiento desde el que alentó a su ex, el mismo asiento desde el que me alienta a mí. ¿Qué habrá sentido? Ni idea, jamás le pregunté. Mejor dicho, jamás quise saberlo. En ese momento tampoco la busqué con la mirada. ¿Para qué? ¿Para ponerme triste si descubría que lo miraba a él? No tenía sentido. Traté de concentrarme en la pelota, de adivinar cuál sería la opción que elegiría Lucero. Media cancha lo puteaba pero a él no le importó. Él quería hacerme un gol a mí, no a ellos, no a su ex club. ¿Y yo por quién atajaba? ¿Por el club, por mí, por él o por ella?&lt;br /&gt;No lo tuve claro. Dudé. Tal vez por eso fue gol. Lucero no lo gritó y yo preferí ir a buscar la pelota adentro, pelearme con alguno, cualquier cosa con tal de no mirar a la platea, con tal de no enterarme nunca si Claudia festejó el gol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 28 de diciembre de 2006&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-116748963268348237?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/116748963268348237/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=116748963268348237&amp;isPopup=true' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/116748963268348237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/116748963268348237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/12/13-no-le-hags-penal.html' title='13. No le hagás penal'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-115154203898168970</id><published>2006-06-28T21:47:00.000-03:00</published><updated>2006-06-28T21:53:34.733-03:00</updated><title type='text'>El orden de los factores no altera el producto</title><content type='html'>Creo que la gente que entra lee lo que tiene más a mano, por lo tanto modifiqué el orden de los cuentos y organicé la página para que puedan leer fácilmente el inicio de cada cuento y al que le interesa hace click en "seguir leyendo" y se abrirá la página con el cuento completo.&lt;br /&gt;Gracias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-115154203898168970?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/115154203898168970/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=115154203898168970&amp;isPopup=true' title='23 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115154203898168970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115154203898168970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/06/el-orden-de-los-factores-no-altera-el_28.html' title='El orden de los factores no altera el producto'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-115154195640090965</id><published>2006-06-28T21:45:00.002-03:00</published><updated>2009-04-02T12:30:33.317-03:00</updated><title type='text'>6. Huguito, mi amigo</title><content type='html'>Huguito fue siempre mi mejor amigo. Hicimos toda la primaria y la secundaria juntos. ¡Amigos desde el primer día! Nos cagábamos de la risa. Huguito vivía a seis cuadras de casa y lo único que no hacíamos juntos era ir a la cancha. Nunca entendí bien por qué pero él con el fútbol no se enganchaba.&lt;span class="fullpost"&gt; En todo lo demás era un fenómeno. Y siempre anduvo con buenas minas. Porque era entrador, simpático y con un toque de pinta de reo. Eso, a las minas, las mataba.&lt;br /&gt;Apenas terminamos quinto año Huguito se piró a Miami, a laburar con un tío que vivía allá desde hacía una pila de años. Huguito siempre la tuvo clara. Imaginate: laburo asegurado, primer mundo, dólares, ¿qué más podés pedir? Hace poco vino por unos días a Buenos Aires y se trajo su novia yanqui para que la conozcan sus viejos. Irene se escribe el nombre de la mina, como acá, pero allá se dice “Airín”. No sé por qué pero a mí me causaba gracia el nombre “Airín”, me sonaba chistoso y cada vez que alguien la nombraba yo me tentaba. “Airín” era una pelirroja bien yanqui, pecosa pero de esas pelirrojas lindas. Porque viste que en el caso de las pelirrojas hay dos tipos bien diferenciados: las que son unos bagres sin remedio y las que son unos yeguones de aquellos. No hay término medio. Bueno, Airín era de estas últimas, un yeguón infernal.&lt;br /&gt;Huguito y Airín llegaron a Buenos Aires el domingo que Banfield nos ganó 3 a 1 en la cancha de Vélez. ¡No sabés cómo estaba yo esa noche! Había ido a la cancha con el Tano Iezzi, los dos preparados para la gran fiesta, para dar la vuelta olímpica y nos tuvimos que volver con los trapos sin estrenar. El Tano para levantarme el ánimo, me decía: “¡No te amargués, vas a ver qué lindo! ¡Ahora le ganamos a los bosteros y les damos la vuelta olímpica en la jeta!”. Yo tenía un cagazo de madre y señor mío.&lt;br /&gt;Fue así que cuando llegué a casa, mi vieja me avisa que había llamado Huguito y que estaba en la Argentina. ¡La alegría que me agarró! Hacía como cinco años que no nos veíamos. Ni me cambié, como estaba, con la camiseta del Rojo, me rajé para la casa de los viejos de Huguito. Nos abrazamos con él, con los viejos y me presentó a Airín. Nos quedamos meta charla hasta las cuatro de la mañana. Hablamos un vagonazo. Él me contó lo bien que le iban las cosas allá y yo lo mal que estaba todo por acá. Me dijo que hacía como ocho meses que vivían juntos con Airín y yo le hablaba del Rojo de Avellaneda y de nuestras grandes chances de salir campeones. A Huguito lo del Rojo le importaba una mierda pero la que parecía entusiasmada era Airín. Ella hablaba un poco de español, mezclaba algunas cosas y sonaba raro pero se defendía. Me empezó a preguntar de fútbol, de las hinchadas, de las camisetas, de todo. Y por supuesto, de Maradona. Le conté que el domingo se venía un partido clave, definitorio: Independiente – Boca en la cancha del Rojo y que si ganábamos, salíamos campeones. Airín se entusiasmó de una manera que no se podía creer. Empezó a decir que ella era del Rojo y que el domingo tenía que ir a la cancha. Se agarraba el pelo mientras lo miraba a Huguito y le decía:&lt;br /&gt;- ¡Mira, mira! ¡Es rojo como Independiente, como mi sangre!&lt;br /&gt;Huguito la miraba y le sonreía sin tomarla muy en serio.&lt;br /&gt;- Yo el domingo voy a la cancha – insistía.&lt;br /&gt;- Dale, vamos. Te llevo – dije yo entre risas. Y ahí la cagué. Sin darme cuenta la cagué. Quedé abrochado. El domingo estaba llevando a Airín a la cancha del Rojo a ver el partido contra Boca. ¡En la popular! Los dos solos porque Huguito no quiso venir ni a palos. Mirá que le rogué y le rogué pero nada.&lt;br /&gt;La cancha estaba hasta las pelotas y Airín, fascinada. ¡Si hasta se había comprado la camiseta de Independiente! Te imaginás que tuvimos que ir temprano. ¡Hacía un calor…! Pero a esta mina no le importaba nada. ¡Tenía una alegría de estar ahí! Me preguntaba todo. Le expliqué que faltaban sólo dos partidos para que termine el campeonato, que en las últimas fechas no estuvimos jugando bien y que Boca venía ganando todo, que los ocho puntos de diferencia que teníamos sobre Boca se transformaron mágicamente en sólo tres puntos, que teníamos unos cuantos lesionados, que el calor…&lt;br /&gt;- ¿Vos tienes miedo? – me dice con su acento raro – No más miedo.  Vas a ser campeones hoy.&lt;br /&gt;Tenía razón. Yo estaba abriendo el paraguas antes de tiempo.&lt;br /&gt;Era muy divertido verla cómo aprendía los cantitos de la hinchada sin saber qué carajo querían decir. Al rato ella inventaba cantitos mezclando inglés y castellano. Un personaje la mina esta. Los chabones que estaban cerca no paraban de mirarla porque te juro que era un minón y la camiseta le quedaba como los dioses. ¡Cuando salieron las diablitas! Vos viste lo que son. Airín se hace un nudo con la camiseta, se pone bien sexy y me dice al oído:&lt;br /&gt;- Yo ser una perfecta diablita.&lt;br /&gt;Tenía razón era perfecta pero yo trataba de pensar en el partido, en Huguito, en cualquier otra cosa. Las diablitas se movían y Airín se movía igual. En eso llamó a un heladero que mientras le vendía un palito no sabía dónde frenar los ojos. Vos veías cómo los ojitos del tipo iban de las tetas de Airín a los ojos, de los ojos a la boca y de la boca a las tetas otra vez. Creo que terminó mareado el loco. A ella le importaba tres carajos, ni cuenta se daba.&lt;br /&gt;Por fin empezó el partido. Al principio, en cada jugada de riesgo, ya sea nuestra o de los bosteros, Airín me agarraba del brazo. Después directamente me abrazaba y me clavaba las tetas en la espalda o en el hombro al tiempo que daba pequeños grititos. Te juro que me desconcentraba. Para colmo el partido estaba complicado, recontra complicado. Y ni te cuento cuando en el minuto 38 del primer tiempo, el mellizo Guillermo nos mete un gol. La hinchada se quedó muda y la única que gritaba era Airín:&lt;br /&gt;- ¡Los Bocas son putos! – gritaba.&lt;br /&gt;El segundo tiempo fue para sufrir. Los de Boca se perdieron no sé cuantos goles, nosotros parecíamos casi sin piernas. Todos lanzados al ataque como desesperados y descuidando el fondo. Airín se la pasó todo el tiempo abrazada a mí. Hubo un par de jugadas del Chelo Delgado que no fueron gol de milagro. En esas jugadas ¿sabés lo que hizo? Me agarraba la mano y me la mordía de los nervios, cuando la jugada pasaba me daba besitos en los lugares que me había mordido. Estaba loca, loca de atar. Y a mí se me paraban hasta los pelitos de la nuca.&lt;br /&gt;Los de Boca cantaban cuando llegó el minuto 41 y en eso asoma Pusineri, salvador, para clavar un cabezazo a la derecha de Abbondanzieri. Gol del Rojo. Pegué un salto para gritarlo cuando Airín eufórica me agarra y me mete un chupón que casi me atraganto. A mí se me mezcló todo. No entendía nada y esta mina no me largaba. Terminamos tirados sobre los escalones de la popular, la tenía encima, completamente montada chuponeándome a más no poder. Por mi cabeza pasaron imágenes de Huguito, mi amigo del alma, mezcladas con el Tolo Gallego, Bochini y yo qué sé cuantos más. De repente se paró y empezó a saltar como el resto de la hinchada. Giró hacia mí y me ofrecía la mano para que me sumara a la hinchada. Yo, desde el suelo, la miraba como si sus movimientos fueran en cámara lenta. Ese pelo rojo, hermoso se movía de una manera espectacular. Y sus tetas… ¡Mi Dios! Eran perfectas, dibujadas, soñadas. Se movían y danzaban por debajo de la camiseta del Rojo con una cadencia sublime. Ahí me di cuenta de que no hay nada más lindo que una hermosa mujer saltando y alentando con la camiseta de tu equipo. Porque si ese día todos se hubiesen matado por tener la camiseta de Pusineri, yo hubiera preferido cien veces la camiseta de Airín.&lt;br /&gt;El regreso fue de terror. Ella quería festejar, festejar conmigo. Y si entendiste lo excitada que estaba, te darás cuenta de cómo pensaba festejar. Yo trataba de no mirarla y de pensar todo el tiempo en mi amigo, mi mejor amigo. La dejé en la casa de los viejos de Huguito. Apenas se bajó del auto me fui rajando sin ver a nadie porque no sabía qué carajo hacer o decir. A la noche, tarde, llamé a Huguito por teléfono y lo cité en un bar, le pedí que vaya solo, que necesitaba hablar con él. Le conté todo. Él es mi mejor amigo y decidí ir de frente, con toda la verdad. Huguito se enojó. Casi me pega. A punto estuvo.&lt;br /&gt;Aquel día perdí a mi mejor amigo. Aquel día perdí la posibilidad de voltearme a ese bombonazo.&lt;br /&gt;Todo mal.&lt;br /&gt;O casi, al menos el Rojo empató.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 11 de diciembre del 2002&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-115154195640090965?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/115154195640090965/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=115154195640090965&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115154195640090965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115154195640090965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/06/6-huguito-mi-amigo.html' title='6. Huguito, mi amigo'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-115154161492899163</id><published>2006-06-28T21:35:00.001-03:00</published><updated>2009-04-02T12:32:28.102-03:00</updated><title type='text'>3. Amanecer en Tijuana</title><content type='html'>Sólo yo sé lo que pasó. Nadie más sobrevivió aquella noche y sólo yo sé qué sucedió en el Tijuana.&lt;span class="fullpost"&gt; Aparece gente de vez en cuando que dice haber sobrevivido a aquella masacre pero todos ellos mienten. Hablan como si supieran, inventan hechos y personajes, nombres de víctimas y culpables, se atribuyen actos de heroísmo y cuentan versiones con tanta pasión que algunos de sus ocasionales oyentes pueden llegar a creerles. Pero no, nada de lo que dicen es lo que realmente sucedió. Todas las historias que cuentan por ahí sobre aquella noche en el Tijuana, y no son pocas, suelen mencionar al Loco Garrido como el responsable directo de esa gran matanza. Y todas, todas las historias que he oído, sin olvidarme de ninguna, se equivocan. El Loco Garrido estuvo allí, nadie lo puede negar. Pero el Loco fue uno de los primeros en morir, apenas empezó la masacre y casi sin entender bien qué era lo que pasaba. Su cuerpo tenía tres disparos, uno de pistola en su cabeza y dos escopetazos en la espalda. La sangre que brotó de su frente cuando fue asesinado a quemarropa inmediatamente se mezcló con las lágrimas que lloró, unos segundos antes, pidiendo clemencia. Luego, uno de sus propios hombres al verlo muerto y tirado en el piso como un trapo viejo, le disparó los dos escopetazos en la espalda al tiempo que reía a carcajadas. Otros dos se acercaron al cadáver bien muerto de El Loco Garrido, uno le dio una patada en su rostro que pareció dibujarle una sonrisa. El segundo lo meó. Sí, es cierto, lo meó. Con una meada tan larga que recorrió el cuerpo de El Loco haciendo dibujos con su meo. Se ensañó con lo que quedaba del rostro de Garrido, pasó por la boca y los ojos tiesos hasta llegar a una de las orejas donde descargó las pocas gotas que le quedaban. Pobrecito Garrido. No le perdonaron nada.&lt;br /&gt;Pero no fue él quien peor la pasó. Todos, excepto yo, sufrieron lo suyo. El primero en morir fue Altuna. Cuando comenzó la discusión y algunos se paraban preparándose para la gran pelea, Altuna quiso calmar a las fieras. Apenas alcanzó a ponerse de pie cuando recibió un botellazo que le sacó media oreja. Eso no fue lo que lo mató, fue la caída. Su cabeza dio contra la base de una de las enormes columnas del Tijuana. Y Altuna no se movió más. Por un segundo todos se callaron hasta que el Trucho Santana se puso como loco al darse cuenta de que su compañero de toda la vida estaba muerto. Santana rompió el silencio con un alarido que parecía no terminar nunca. Empezó a girar, una y mil vueltas mientras disparaba sus dos revólveres sin importarle a quién reventaba y a quién no. Al menos cuatro tipos mató y otros dos resultaron heridos pero nada calmaba la locura del Trucho Santana. De una esquina del salón saltó el Gordo Gentile llevando una mesa como escudo. Con mesa y todo se tiró encima del Trucho. Los ciento veinte kilos del gordo cayeron sobre Santana, rompiendo la mesa en unos cuantos pedazos y dejándolo medio tonto. El Gordo se arrodilló sobre el pecho del Trucho, lo cazó de los pelos y empezó a golpearle la cabeza contra el piso. Recién cuando vio que en sus manos había sangre entendió que ya lo había matado hacía rato. Se incorporó, se restregó las manos en su camisa, incómodo con el pegote de los pelos del Trucho Santana entre sus dedos y salió corriendo hacia el baño del Tijuana para quién sabe qué.&lt;br /&gt;A esta altura todo era un caos, había más cadáveres que gente viva. Los mellizos Cortina se medían a punta de cuchillo. Carlitos, el más petiso de los dos, corría a su hermano Adolfo por detrás de la barra del bar. Cuando Adolfo se vio encerrado no le quedó otra que enfrentar a Carlitos. Los dos se miraron sin pestañear. Todos los que conocíamos a la familia Cortina sabíamos que el enfrentamiento entre los hermanos, tarde o temprano iba a llegar. Ambos se odiaban. Y la culpa, dicen, la tiene la madre. Carlitos aparecía más agazapado que Adolfo pero los dos estaban muy alertas a los movimientos del otro. A ninguno de los mellizos los distrajo el grito que pegó el Negro Galván cuando el Tute García lo despachó de un solo tiro en medio del pecho. Carlitos tiró el primer puntazo pero su hermano pudo esquivarlo sin problemas. Los dos sudaban y mucho. Los ojos de Adolfo estaban tan rojos que parecían a punto de explotar. Carlitos tiró el segundo puntazo, Adolfo lo bajó con la mano izquierda y le clavó un cuchillazo en la panza que casi lo pasa de lado a lado. Carlitos se aferró a su hermano, lo miró a los ojos y algo quiso decirle pero sólo pudo vomitarle sangre. Adolfo lo dejó caer manteniendo el cuchillo firme y le abrió un nuevo tajo hasta los pulmones. Recién ahí lo largó. Adolfo avanzó un par de pasos, cuando se dio vuelta para ver a su hermano, un escopetazo le partió la cabeza. Estoy seguro de dos cosas: la primera es que Carlitos tuvo unos segundos más de vida para disfrutar viendo cómo su hermano moría primero, y la segunda cosa que puedo asegurar es que Adolfo ni supo que fui yo quien le disparó el escopetazo. ¿El motivo? Ya no había motivos a esa altura de la noche. Era tal el quilombo que el que no mataba, moría.&lt;br /&gt;Con un estruendo cayó el Gordo Gentile por las escaleras que bajaban de los baños. Su enorme cuerpo quedó en una posición casi ridícula. Más atrás apareció el Chino García, el primo del Tute, con una pistola aún humeante. El hijo de puta cruzó casi todo el salón sin recibir un solo rasguño, agarró del cuello, tratando de arrancarle la garganta, al tipo que había meado al pobre Garrido. El tipo manoteaba el aire sin lograr zafarse del Chino, Y cuando el Chino se cansó de hacer fuerza, le clavó la pistola caliente en medio de las bolas y le pegó tres tiros en los huevos que nos dolieron a los pocos tipos que vimos lo que pasaba. El Chino buscó otra víctima. Revisó un par de cadáveres hasta que encontró al Tute con una gran cuchilla clavada en medio del cuello. Levantó la vista y éramos muy pocos los que quedábamos vivos: un tal López, hombre de El Loco Garrido; un flaco alto y pelilargo que había empezado a trabajar de mozo la semana pasada; el Beto Beltrame, compañero mío de la primaria y yo. Todos los demás que habían estado esa noche en el Tijuana ya estaban muertos. Nunca me puse a contarlos pero supongo que eran más de veinte. López y el flaco estaban trenzados en plena lucha sobre los restos de una mesa; el Beto Beltrame se ocupaba de vaciarle los bolsillos a todos los muertos que estaban a su alrededor. Por lo tanto cuando el Chino levantó la vista al que primero descubrió fue a mí. Yo estaba del otro lado del salón, parado, como esperando un nuevo contrincante. Tenía la escopeta agarrada por el caño, hacía rato que me había quedado sin cartuchos y la usaba como bate de béisbol o cómo podía. Antes, un rato antes, le había dado un culatazo a Domingo, el dueño del Tijuana. Del golpe le saqué el ojo izquierdo. Cuando cayó de rodillas, delante de mí, le clavé un puntinazo bajo el mentón que le hizo sacudir la cabeza y se escuchó cómo se le quebraban las vértebras de la nuca. &lt;br /&gt;El Chino García se me vino encima. Avanzaba como un toro, levantando su pistola, decidido a descargarme todos los tiros que pudiera. El cagazo que me pegué fue tan grande que tardé un par de segundos en darme cuenta de que el Chino apretaba el gatillo pero no tenía balas. Me preparé para recibir su embestida con el culatazo más fuerte que pude preparar. El Chino aceleró los últimos dos metros con la intención de voltearme pero la suerte estuvo de mi lado. Se pegó una patinada en un charco de sangre que voló por el aire hasta caer justo frente a mí. Salté sobre el Chino y le pegué de lleno, en el rostro. Unos cuantos dientes que volaron de la boca del Chino cayeron cerca de donde el mozo flaco terminaba de acogotar a López. Le di un revés con tanta fuerza que juro, me dolieron las manos. De la cabeza del Chino brotaba mucha sangre y se mezclaba con los otros charcos que bañaban el salón del Tijuana.&lt;br /&gt;El alarido del Beto Beltrame inundó el lugar. Fui en su ayuda lo más pronto que pude pero llegué tarde. Lo encontré en el piso con un puñal clavado en el corazón. Sobre su cuerpo estaba el mozo flaco arrancándole con los dientes las orejas al pobre Betito. Este pendejo maldito se creía Tyson. Le manoteé la melena y lo empecé a arrastrar por el bar. El muy puto trató de agarrarse de lo que le pasaba cerca pero lo revoleaba con tanta violencia que sus intentos no le sirvieron de nada. Pataleaba y tiraba manotazos. Lo llevé hasta el espejo grande que había detrás de las escaleras, lo levanté y lo arroje contra el espejo. Cuando cayó, agarré un trozo grande del espejo y le rebané la garganta. El flaco se movió un poco, desprolijo, como una gallina mal matada. Su cuerpo habrá dado cuatro o cinco saltitos, después no se movió más.&lt;br /&gt;Miré a mi alrededor y ya nadie quedaba con vida. El único sonido era el del televisor, ese sonido horrible de un televisor sin señal. De un botellazo hice explotar la pantalla. Un polvito blanco, como un talco y algunas pocas chispas, cayeron sobre el cadáver de Altuna. Me asomé a la puerta del Tijuana, ya estaba amaneciendo y me alejé despacio, con mucho esfuerzo. Mis piernas empezaban a temblar.&lt;br /&gt;Nunca más volví al Tijuana. Ni siquiera pienso hacerlo en un futuro. Ese lugar no es lo que era. Doña Alicia, la viuda de Domingo, ya no deja que nadie prenda el televisor si hay un partido de fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 8 de agosto del 2002&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-115154161492899163?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/115154161492899163/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=115154161492899163&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115154161492899163'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115154161492899163'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/06/3-amanecer-en-tijuana.html' title='3. Amanecer en Tijuana'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-115141562159801280</id><published>2006-06-27T10:39:00.002-03:00</published><updated>2009-04-02T12:34:32.389-03:00</updated><title type='text'>2. Fui yo</title><content type='html'>Cuando Benjamín Antonio Firpo, el Conde, llegó al club, el primero que lo bancó fui yo. Con decirte que apareció el primer día, al primer entrenamiento y llegó una hora tarde. No lo junaba ni el chabón de la puerta.&lt;span class="fullpost"&gt; Recién caía de Pergamino, no conocía a nadie y el primero que lo ayudó fui yo. Me acuerdo que Miguel, el de secretaría, me pidió que lo acompañara hasta la cancha auxiliar. Y fui yo quien lo llevó mostrándole las instalaciones, los vestuarios, en fin, ayudándolo en sus primeros pasos por la institución. El Conde, el “Crack”, Benjamín Antonio Firpo era un chipiscuí en ese entonces. Casi no dijo palabra en todo el recorrido y mirá que hay que patear desde la puerta hasta la auxiliar. Yo creo que el tipo no hablaba porque no lo podía creer. ¡Y también, con el pedazo de club que tenemos...! Miraba todo y después me miraba a mí, con los dos ojos bien abiertos. &lt;br /&gt;Cuando llegamos a la canchita el primero que se arrima fue Coco Maldonado, que en ese entonces estaba como ayudante de campo de Rojas. Imaginate, todo el plantel ya estaba corriendo hacía rato. Viene Coco, mira su reloj, le pone cara de orto por la llegada tarde y le pregunta si él es Firpo. ¿Entendés? Ni Coco Maldonado lo conocía a Firpo. Entonces salto yo, para salvarlo y le digo, exagerándola un poco: “Sabe lo que pasó Coco, lo entretuve yo sin darme cuenta. Discúlpeme. Le mostré el club, los vestuarios, le di un paseíto... ¿Vio?”. “Andá, pibe” me dijo Coco y se lo llevó para donde estaba el resto del plantel. Yo me quedé cerca, detrás del arco que da a las vías para chusmear un poco el entrenamiento. No sé qué habló con Rojas pero no fue mucho porque enseguida salió rumbo al vestuario junto a Alcides, el utilero. Fue entonces que el Conde pasó cerca de donde yo estaba y me guiñó un ojo, compinche, agradeciendo la ayudita. Te imaginás que para mí eso fue de mucho valor. Vos sabés que los de primera ni te miran. ¡No te dan bola, hermano! Y menos en los entrenamientos. Para colmo, en los partidos, uno labura los noventa minutos y lo único que recibe de estos tipos son reclamos. Porque siempre tienen una excusa para putearte. Si van ganando y se la alcanzás rápido te putean porque quieren hacer tiempo. En cambio, si empatan o pierden y vos tardás un segundito de más, te recontra reputean como si la culpa de los goles que les hacen la tuviera uno. Pero el Conde no, el Conde, al principio, era distinto. Es más, me acuerdo que ya en los primeros partidos que jugó antes de que lo bautizaran como el Conde, los periodistas decían eso, que era un jugador distinto. Claro que ellos hablaban de cómo jugaba, de su estilo refinado y esas cosas pero yo lo decía porque a mí me daba bola, ¿entendés? Por eso que era distinto. Me saludaba, me pedía que le haga gamba cuando todos se las picaban y él se quedaba practicando tiros libres. Y yo chocho. Siempre le separaba las pelotas bien infladitas como a él le gustaban. Se las ponía una al lado de la otra para que patee y corría a juntarlas adentro del arco, porque siempre las embocaba, todas, ni una pifiaba. Se las traía de nuevo y él seguía pateando, así, hasta que se cansara. Después cuando salía de ducharse pasaba por el buffet y me invitaba con un sanguchito o alguna cosa.&lt;br /&gt;En los partidos, mi sector es abajo de la platea local y vos viste lo que son los muchachos de la platea... ¡Más jodidos que los de la popular! Los primeros partidos lo puteaban sin parar. De todo le decían. Ahora todos lo tienen de ídolo pero de entrada ni la hora le daban. Un día, me acuerdo que un gordo forro no lo dejó en paz los noventa minutos: “¡Andate pecho frío muerto de hambre!” le gritaba. Y para colmo al Conde no le salía una. Faltaba poco y el referí nos da un tiro libre muy cerca de donde yo estaba. ¿Quién iba a hacer el centro? El Conde Firpo. ¿Quién estaba atrás mío puteándolo? El gordo forro. Le alcancé una pelota al Conde, bien infladita, especial parecía. El tiro era bastante esquinado. En el medio del área estaban Romero y Tessino que vos viste que las cabecean todas. El Conde mide los pasos para patear el tiro libre mientras el gordo lo seguía puteando. Por atrás lo veo entrar al área al jujeño Coria, al trotecito, haciéndose el sota. Y ahí nomás le grité: “¡A Coria!”. ¡No sabés qué gol! ¡Pero qué gol! ¡Un golazo! Se la puso justa, servida, para un frentazo de Coria que la clavó bien abajo. ¡Qué alegría, viejo! Los que estábamos por ese sector nos tiramos encima del Conde para festejar. El Conde se abrazó con todos nosotros y entre ese montón de brazos sentí por un instante cómo me agarraba. El jujeño Coria vino corriendo a buscarlo y lo desprendió del grupo para festejar con él, yo me di vuelta, lo miré al gordo forro que todavía gritaba el gol. Apoyé el dedo índice sobre mis labios y le hice un gestito de que se callara. Nunca más lo puteó.&lt;br /&gt;Ahora el Conde es famoso. Va a la tele, sale en los diarios, ya nadie lo putea. Bueno, nadie nadie, no. Las hinchadas contrarias lo putean y le tiran con lo que tienen. ¿Ves esta cicatriz, acá arriba, en la frente? Fue en el partido contra Platense. Córner para nosotros que ganábamos dos a cero. Se acerca el Conde para patear. Yo estaba atento para alcanzarle la pelota cuando veo que de la tribuna visitante viene volando un piedrazo en dirección al Conde. No sé cómo hice de rápido pero tiré un manotazo y lo corrí justo justo para que no le diera al Conde. Tan justo que el piedrazo me lo ligué yo. Tres puntos me dieron. Ahora no se nota mucho pero me salió bastante sangre. Si casi suspenden el partido. &lt;br /&gt;¿Entendés mi bronca cuando digo que nadie reconoce nuestro esfuerzo? Todo el mundo se piensa que nosotros estamos ahí, en la cancha, como espectadores de lujo, para alcanzar las pelotitas y nada más. No señor. Lo nuestro es un laburo importante para el club y para el equipo. Un laburo que nadie te reconoce y que nadie te agradece. ¿Sabés cuánto tiempo hice en la semifinal de la Libertadores del año pasado? La que ganamos cagando dos a uno… ¿Sabés cuántos segundos? Te digo porque los conté. Cada vez que la pelota salía por mi sector contaba el tiempo entre que buscaba la pelota, se la alcanzaba al jugador que tenía que sacar y este la ponía en juego. Así todo el partido. Bueno, ese día, yo solito hice ciento treinta y ocho segundos de tiempo. Posta. Sumá lo que abran hecho los demás chicos y ahí tenés un numero importante. Y no te digo cuando tenés que bancarte a un jugador contrario que para apurarte te tira toda la carrocería encima. Esa te la regalo. Pisotones, codazos, pechazos. De todo nos comemos nosotros. ¿Alguien lo reconoce? Nadie. ¿Alguna vez escuchaste de un alcanza pelota lesionado? No. Bueno, pero hay. Si señor. Y nadie se entera y nadie dice nada. Y menos desagradecidos como este turro de Firpo que ahora que está por irse a jugar a Europa se olvida de como llegó a donde está. Porque lo que hizo ayer no tiene nombre. Ojo que no me quejo porque el Conde hizo el gol con el que salimos campeones. ¿Cómo me voy a quejar? ¡Justamente con ese golazo! Si además fui yo, viejo. Fui yo el que le dijo: “¡Pegale al palo del arquero!”. Y el Conde me hizo caso, una vez más me hizo caso. Y fue gol.&lt;br /&gt;Yo me imaginé que el Conde se iba a dar vuelta, me iba a abrazar y me iba a llevar en andas. Pero no. Apenas vio que la pelota tenía destino de red salió corriendo a gritarle el gol a la cámara de TV, como si fuera Maradona en el mundial del ´94. ¡Maradona! ¡Pero por favor...! Sabés lo que le falta a este... Decí que uno defiende los colores del club juegue quien juegue que si no, la próxima, vez no lo ayudo un carajo y que se arregle solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 1 de setiembre del 2002&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-115141562159801280?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/115141562159801280/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=115141562159801280&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115141562159801280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115141562159801280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/06/2-fui-yo.html' title='2. Fui yo'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-115141554597331407</id><published>2006-06-27T10:38:00.001-03:00</published><updated>2009-04-02T12:36:43.377-03:00</updated><title type='text'>1. Partido soñado</title><content type='html'>Cuando sonó el teléfono, el Bichi jamás se imaginó que era Sampietro quien lo sacaba de la cama. Se había acostado pasadas las diez de la noche con la idea de dormirse mientras miraba el segundo tiempo del partido de fútbol que daban en la tele.&lt;span class="fullpost"&gt; No quería desvelarse. Al otro día, como todos los sábados, tenía que levantarse a las 7 de la mañana para ir a trabajar.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasó Sampietro?&lt;br /&gt;- Espero no importunarte Bichi pero se lesionó Coquito.&lt;br /&gt;- ¿Y entonces?&lt;br /&gt;- Y entonces me parece que lo más justo es que vos y Peralta compartan el puesto, un tiempo él y un tiempo vos. Ya te lo dije la otra noche, para mí los dos están en un nivel parejo, por eso quiero que la oportunidad la aprovechen al mango. ¿Te va?&lt;br /&gt;- ¿Me lo dice en serio? Más vale que me va – contestó el Bichi entusiasmado.&lt;br /&gt;- Mirá que el partido lo adelantaron para mañana a la mañana.&lt;br /&gt;- ¿Mañana? ¿A qué hora se juntan?&lt;br /&gt;- A las 9 en punto. No me vayas a fallar. Ellos llegan 9 y media y nosotros tenemos que tener todo listo para recibirlos como corresponde.&lt;br /&gt;- Ahí estaré. ¡En punto! Y gracias por llamarme. Le mando un abrazo Sampietro.&lt;br /&gt;Cuando el Bichi cortó la comunicación era otra persona. Se lo veía radiante, con un brillo intenso en los ojos. Estaba muy excitado y necesitaba compartir la noticia con alguien pero en su casa, justo esa noche, no había nadie. Eran casi las once. Gloria, su esposa, estaba en una cena en el colegio donde trabaja y los chicos, que ya no son chicos, los viernes sólo pasan por la casa a bañarse y cambiarse para salir a divertirse.&lt;br /&gt;Se le ocurrió la obvia:&lt;br /&gt;- ¿Vieja? ¿Qué hacés? – gritó el Bichi con el entusiasmo que arrastraba por la noticia.&lt;br /&gt;- Duermo Jorgito. ¿Qué pasó? – preguntó su madre entre dormida y preocupada.&lt;br /&gt;- Nada vieja, es que me llamaron del club y mañana tengo partido, a la mañana temprano. ¡Jugamos contra los veteranos de Boca!&lt;br /&gt;- Y el negocio ¿Quién lo atiende? – preguntó su madre ya bastante despierta.&lt;br /&gt;El Bichi recién en ese momento cayó en la realidad de sus obligaciones.&lt;br /&gt;- Por eso te llamo, viejita. ¿Me cubrís? – y al ver que se demoraba la respuesta del otro lado de la línea, continuó. – Imaginate que no puedo faltar. Me acaba de llamar Sampietro para que le dé una mano. ¿Me escuchaste que son los veteranos de Boca? &lt;br /&gt;- ¿Vas a jugar contra unos viejos chotos?&lt;br /&gt;- No, mamá ¿qué decís?… Voy a jugar contra unos cuantos ídolos de Boca. Jugadorazos de verdad. Van a estar el Muñeco Madurga, Perotti, Mouzo y muchos más. Dale, cubrime y el domingo nos juntamos en casa que las pastas las preparo yo.&lt;br /&gt;Y así quedó arreglado.&lt;br /&gt;El Bichi abrió el placard y empezó a preparar su bolsito para el día siguiente. Acomodó un jogging gris en el fondo y por sobre este fue colocando cada una de sus prendas con mayor cuidado que otras veces: el pantalón blanco, su buzo de arquero y una remera. Dos, mejor, por si hace falta. A un costado puso el par de medias y notó que estaban más descoloridas de lo que hubiera deseado pero se resignó, eran las únicas medias limpias que le quedaban. En el lado opuesto ubicó los guantes que le regalaron sus hijos en alguna Navidad. Volvió a sacarlos, los miró de ambos lados, los besó y los guardó como si fueran de un cristal delgado y temiera que algo pudiera quebrarlos en mil pedazos. Por último, como nadie lo veía, refregó los botines contra la colcha de su cama para quitarles el poco polvo que podrían tener y los acomodó por encima de toda la ropa, con los tapones para arriba.&lt;br /&gt;Ni bien pudo se acostó nuevamente. Intentó quedarse despierto para contarle a su esposa la buena noticia pero su esfuerzo no alcanzó, apenas pasaron cinco minutos ya estaba dormido. Cuando Gloria llegó, sintió pena de despertarlo, lo vio tan plácido y con una sonrisa coronando su rostro que hizo lo imposible por no incomodarlo.&lt;br /&gt;El Bichi, como era de suponer, soñó con el partido que jugaría a la mañana siguiente. Se veía en un estadio que, si bien no reconocía, evidentemente era un lugar importante, el marco ideal para un partido trascendental. Las formaciones de los dos equipos estaban impecables y enfrentaban un palco con quién sabe qué personalidades. Una banda de uniformes coloridos e instrumentos excesivamente dorados se alejaba luego de interpretar el Himno Nacional y ponerle la piel de gallina a cada uno de los presentes. El público aplaudía todo lo que sucedía. El Bichi era el tercero comenzando de la izquierda, su indumentaria estaba reluciente. Lo único extraño para ser un jugador de fútbol era que mantenía puestos sus anteojos de siempre pero bueno, era un sueño al fin y al cabo. Los capitanes de ambos equipos intercambiaron banderines. A un costado Sampietro se abrazaba con el Toto Lorenzo, Distéfano y Carlitos Bianchi que se repartían la responsabilidad técnica de Boca. Llegó el momento en que los jugadores de su equipo pasaron a saludar a la terna arbitral, primero y luego a los veteranos de Boca en un gesto de cordialidad digna de tan importante encuentro. Ansioso mientras esperaba su turno, el Bichi miraba a sus compañeros que encabezaban la fila y se saludaban con tipos como Trobbiani, Perotti, Mouzo, Madurga, el Cacho Córdoba, Krasouski, la Pantera Rodríguez... Se preparó para estrecharles la mano con firmeza demostrando así la importancia de semejante acto. Estaba a punto de llegar, a pocos pasos de pararse frente a frente con cada uno de ellos. ¡Tan cerca estaba…! Pero primero se topó con el réferi. Su rostro no le resultó ni familiar ni amigable, por el contrario, le pareció demasiado serio para tanta fiesta, ausente quizás. Tenía los ojos perdidos y la piel de un color casi gris. El Bichi extendió su mano y el réferi la estrechó con una fuerza tal que se escuchó el sonido de los huesos de la mano del Bichi que crujían, que se despedazaban ante semejante apretón. El Bichi cayó de rodillas como rendido a los pies del réferi. El grito de dolor del Bichi fue tapado por la carcajada frenética del árbitro que reía y no le soltaba la mano. &lt;br /&gt;De un salto el Bichi se despertó. Agitado, un poco ahogado y muy asustado. Revisó su mano, movió todos los dedos comprobando que sólo fue un mal sueño. Dio vueltas para un lado y para el otro tratando de alejarse de tan horrible pesadilla. Abrazó a Gloria que dormía y le dio un besito en la pequeña porción del hombro que asomaba por fuera de la sábana.&lt;br /&gt;Esa mañana se levantó temprano como casi todos los días. El resto de la familia dormía. Decidió pegarse un baño a pesar de que siempre le pareció ridículo que alguien se bañara antes de un partido de fútbol. Esta vez no le importó, esta vez todo era distinto. Tomó de un solo sorbo una tacita con café, le dio un beso a su mujer que apenas abrió un ojo y salió directo hacia el club.&lt;br /&gt;Llegó con tiempo de sobra aunque no fue el primero de su equipo, ya estaban Coco (el hermano de Coquito), el Gallego Ruiz y Peralta, terminando de cambiarse. Al poco rato llegó el resto. Se los veía contentos, se sonreían pero quién sabe por qué en el vestuario dominaba el silencio. Apareció Sampietro más arreglado que de costumbre, dio un par de indicaciones y se juntó con el Bichi y Peralta.&lt;br /&gt;- Bueno, muchachos – comenzó diciendo – tiramos la moneda y el que gana ataja el primer tiempo, el que no, ataja el segundo. ¿De acuerdo?&lt;br /&gt;Sin esperar una respuesta Sampietro arrojó la moneda al aire.&lt;br /&gt;- Cara – se adelantó a eligir el Bichi. Como cada vez que participó en un sorteo de lo que fuera, desde pibe, él siempre elegía cara.&lt;br /&gt;Pero esta vez salió ceca.&lt;br /&gt;“No importa -pensó el Bichi-, en los finales de los partidos está la emoción, los abrazos y los festejos, y voy a ser yo quien esté en la cancha en ese momento”.&lt;br /&gt;- ¡Ahí llegaron! – avisó con un largo grito el hijo del Gallego Ruiz que oficiaba de campana.&lt;br /&gt;Los veteranos de Boca fueron bajando del micro que los trajo. Ya estaban cambiados y listos para empezar el partido. Mouzo encabezaba el grupo. Los curiosos del club se arrimaban como queriendo cerciorarse si eran de verdad. Y efectivamente lo eran.&lt;br /&gt;El Bichi tenía una gran emoción. No es hincha de Boca, para nada, pero a él le encanta el fútbol. Desde chico, desde siempre, yendo a la cancha con su viejo, con sus tíos o sus primos. Muchos domingos de su vida, a disfrutar o a sufrir pero siempre viviendo el fútbol. ¡Y ahora, a los cuarenta y cinco años enfrentar a esos ídolos que son parte de la historia del fútbol argentino, compartir un momento con jugadores que fueron aplaudidos y ovacionados en tantas canchas, tipos que él mismo vio jugar desde atrás de un alambrado!  No cualquiera tiene esa posibilidad. ¡Y de arquero! ¡Nada más y nada menos que de arquero! Se imaginó ganándole un mano a mano a Perotti, tapándole un cabezazo a Roberto Mouzo o volando para sacar al córner un tiro de larga distancia del uruguayo Krasouski. El momento que estaba viviendo el Bichi era único.&lt;br /&gt;Pensando en todo esto se le pasó volando el primer tiempo del partido. El score estaba uno a uno y los veteranos le llegaban a Peralta por todos lados buscando meter el segundo. Cuando el réferi pitó marcando el final de la primera etapa, la pelota que rechazó el Gallego Ruiz caía en la zona del banco de suplentes. El Bichi la tomó y se acercó hasta el medio de la cancha para entregársela al árbitro del encuentro. El Bichi lo miró y recién en ese momento se dio cuenta de que el tipo se parecía bastante al réferi de su sueño. Tenía la piel gris como el otro y la misma mirada perdida, ausente. En el momento en que el árbitro giró y recibió la pelota de manos del Bichi, sus ojos se abrieron, dilatados, sus pupilas se pusieron inmensamente negras, profundas y se clavaron en los ojos del Bichi. El Bichi le mantuvo la mirada, lo miró sin pestañear. El réferi, pobre tipo, apenas agarró la pelota cayó redondo como si el Bichi lo hubiera noqueado con la mirada.&lt;br /&gt;¡Qué quilombo!&lt;br /&gt;Ambulancia, médicos, de todo pero nada. El tipo se murió, se quedó seco en medio de la cancha. Suspendieron el partido, los de Boca se subieron a su micro y se fueron. No hubo saludos, abrazos ni despedidas.  Y el Bichi no pudo jugar. Ni un minuto siquiera.&lt;br /&gt;Pasaron quince días hasta que se volvieron a juntar para jugar un partido del campeonato interclubes. De arranque hicieron un minuto de silencio en honor del réferi que falleció en el partido contra los veteranos de Boca y los dos equipos jugaron con un brazalete negro. Atajaba Coquito y el Bichi calentaba el banco pensando quién sabe qué cosas y casi sin mirar el juego. Pitazo del réferi: final del primer tiempo.  El Laucha pica la pelota para que el Bichi la embolse.&lt;br /&gt;- Dale Bichi –le dice el Laucha.&lt;br /&gt;- ¿Qué cosa?&lt;br /&gt;- Llevale la pelota al réferi.&lt;br /&gt;- No jodás – dijo el Bichi.&lt;br /&gt;- Pero dale Bichi, andá vos que ya fulminaste a uno.&lt;br /&gt;- Dejate de joder Laucha…&lt;br /&gt;- ¿Qué decís? ¿No viste cómo nos está bombeando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 13 de mayo del 2004&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-115141554597331407?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/115141554597331407/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=115141554597331407&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115141554597331407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/115141554597331407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2006/06/1-partido-soado.html' title='1. Partido soñado'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287441651604861</id><published>2005-11-24T20:19:00.001-03:00</published><updated>2009-04-02T12:38:16.767-03:00</updated><title type='text'>12. Igualito a Beckham</title><content type='html'>El guacho era igualito a Beckham. No digo como jugador, para nada. Un queso con la pelota. Era igualito de jeta, de facha, nada más.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo fue que cayeron de gira estos nabos a nuestro club? La verdad que nunca me enteré bien si los invitamos nosotros o se ofrecieron ellos. Supongo que fue idea del Ronco Mansilla, el más entusiasmado con el asunto. Ahora digo, ¿cómo no se le ocurrió organizar algo con un equipo brasilero, mexicano, o colombiano? Gente que juega al fútbol al menos. Si quería hacerse el raro o el moderno hubiera buscado un equipo holandés, pero no estos yankies rubiecitos que no saben lo que es una rabona ni nada que valga la pena. &lt;br /&gt;Se armó flor de revuelo con la llegada de estos pibes. Unos días antes pintaron el club (las partes más visibles, claro); arreglaron de una vez por todas la caldera del vestuario visitante y hasta organizaron un comité de bienvenida que los fue a recibir a Ezeiza: diez giles que seleccionó el propio Ronco entre los pocos que sabían tres o cuatro palabritas en inglés. Digo giles porque el Ronco los hacía quedar después de entrenamiento como una hora practicando el idioma con la vieja de Braian que casi fue maestra de inglés.&lt;br /&gt;Cuando llegaron los yankies no hablaban ni una gota de español. Bueno, sí, una palabra: “Gracias”. Era lo único que sabían. Después cuando se fueron ya habían aprendido unas cuantas y entre esas aprendieron, las infaltables, las básicas: “boludo”, “pelotudo”, “concha tu hermana”; que lo decían así, todo junto: “conchatuhermana”, como si fuera una sola palabra. Los guasos les enseñaron lo peor y se cagaban de la risa de la forma en que hablaban. Ellos eran treinta, más o menos, trajeron gente para jugar contra la quinta y contra nosotros, la cuarta. Eran de Boston, Masa no sé cuanto y seguro que todos estaban cagados en guita. Ojo que no eran ningunos boludos, al contrario, algunos eran muy rápidos. Y el más rápido era el que le decíamos “Beckham”. El chabón, feliz con el apodo.&lt;br /&gt;Hubo bastante gente para ver los dos primeros partidos. Arrancó la quinta ganando 2 a 0, tranquilos, y la rematamos nosotros con un 3 a 2 mentiroso. Mentiroso porque tenía que haber sido 5 a 0 mínimo pero el réferi alcahuete que nos pusieron nos anulo un par de jugadas de esas que son gol aunque te salgan más o menos y de yapa le regaló dos penales a los yankies que no existieron. En el primero cobró agarrón de Juancito Greco que sólo vio él, y en el otro me cobró falta a mí sobre Beckham cuando juro que nunca saqué tan limpia una pelota. Para colmo lo pateó el puto ese de Beckham y lo gritó como si fuera el gol de la final del mundo.&lt;br /&gt;Eso fue el viernes, el sábado hubo actividades de entrenamiento compartido, muy livianito, por la noche un baile en el club y el domingo la revancha. Y así fue, justamente, la revancha. Porque lo busqué todo el partido y el marica se me escapaba. El área nuestra no la pisaba ni de milagro y cuando yo subía a cabecear algún corner, él se paraba de contra o esperando el rebote. Alguna iba a tener, pensaba tratando de mantener la calma, y ahí vino. Cuando el réferi marcó la falta, a unos 6 metros del área grande, salí disparado, decidido a patear el tiro libre. Pobre Rusito no entendía nada cuando le manoteé la pelota. Se quedó medio mudo, lo aparté con el brazo y no le quedó otra chance que salirse, que dejarme el tiro libre. Acomodé la pelota, retrocedí unos cuatro pasos, los suficientes. Recién ahí levanté la mirada. Todos hubieran mirado el arco, yo no, yo quería asegurarme que Beckham todavía formaba parte de la barrera, que estaba ahí. Lo miré. Ya no tenía la sonrisa de ayer a la noche en el baile cuando todas las minitas revoloteaban a su alrededor, cuando todas le decían lo lindo que era, cuando lo encontré apretándose a Yamila, el ángel más lindo del club, tratando de meterle manos por aquí y por allá. Ahora con esas manos se protegía las bolas, se equivocó. El puntinazo me salió fuerte, muy fuerte, como esos balinazos del Peteco Carbonari: fulminante. Todo el tiempo tuve mis ojos puestos sobre el rostro de Beckham, sobre esa linda carita. Pude ver cómo se transformaba mientras se daba cuenta de la dirección y el destino de la pelota. Pude ver su pánico en el instante antes de recibir de lleno el pelotazo en medio de la jeta. Un pelotazo seco, duro, inolvidable. ¿Igualito a Beckham dije? Ya no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 5 de agosto del 2005&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287441651604861?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287441651604861/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287441651604861&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287441651604861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287441651604861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/12-igualito-beckham.html' title='12. Igualito a Beckham'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287432388761383</id><published>2005-11-24T20:18:00.003-03:00</published><updated>2009-04-02T12:41:38.099-03:00</updated><title type='text'>11. Olfato de gol</title><content type='html'>Llamarse Merengue de apellido no es lo mejor para un futbolista y mucho menos para un arquero. Se presta al chiste fácil. Y más después de perder 5 a 2 contra Newells en cancha nuestra luego de ir ganando 2 a 0 hasta los 25 minutos del segundo tiempo.&lt;span class="fullpost"&gt; Sí señor, cinco goles en veinte minutos me comí, porque es así, me los morfé yo solito, los cinco goles. Ni uno más ni uno menos. Y en realidad, no nos hicieron más goles porque en cuanto entró el quinto, como faltaban un par de minutos, me hice el lesionado y me reemplazó el pibe Codena que, me imagino, habrá sido el único tipo feliz en todo el club. Si hasta mi vieja me habrá puteado ese domingo.&lt;br /&gt;Llegué a casa hecho una piltrafa. La Petisa me miró entrar nomás y sin que le dijera nada, me encaró:&lt;br /&gt;- ¿Por qué no nos tomamos unos días? Así descansás y te reponés de todo esto. Sin diarios, sin televisión, los dos solitos… ¿Te parece?&lt;br /&gt;La miré un instante y al fin sonreí por primera vez en todo el día.&lt;br /&gt;- Lo mismo me dijo Novarro…&lt;br /&gt;- ¿Novarro? Si yo escuché en la radio que salió a defenderte…&lt;br /&gt;- En la radio puede ser pero en el vestuario me puteó como el que más, en verdad me putearon casi todos, y me pidió eso, que me tome unos días de descanso. Ya van tres partidos que perdemos por mi culpa…&lt;br /&gt;Así fue que el lunes nos rajamos para Costa del Este. Jorge, el primo de la Petisa, nos prestó un dúplex que tiene en un complejo frente al mar, bien tranquilo ya que en esa época del año, no lo usa nadie. El viaje se nos hizo un poquito largo. Casi no cruzamos palabra, no sabíamos de qué hablar y cualquier tema se nos acababa enseguida. Llegamos por la tarde, acomodamos las cosas y nos acostamos temprano. A la mañana siguiente me levanté a eso de las ocho. En realidad estaba despierto desde las 7 de la matina, mínimo. Daba vueltas y vueltas y no podía volver a dormirme. Traté de no despertar a la Petisa, me levanté, me calcé lo que tenía sobre la silla, manoteé una barrita de cereales de la cocina y rajé para la playa con la intención de caminar y reflexionar un poco.&lt;br /&gt;Al salir del dúplex lo primero que te encontrás es la enorme pileta del complejo, el día estaba bárbaro y obviamente no se veía a nadie, apenas tres o cuatro autos cubiertos de rocío eran los únicos testigos de lo que sucedía por la mañana. Cuando pasé junto a la pileta descubrí a un costado un perro marca perro, esos de pelo duro, medio feúcho. Me miraba y movía tímidamente la colita. Le guiñé un ojo porque, dentro de su fealdad, me pareció simpático. Y no va que el perro se levanta y empieza a caminar junto a mí, como si me conociera. Iba ahí, a una cierta distancia, manteniendo el ritmo de mi caminata.&lt;br /&gt;Apenas cruzás la calle, llegás a la playa. Cruzo y el perro cruza. Llego a la playa y el perro conmigo. No había ni un alma. Día de semana y en otoño, ¿quién iba a estar en la playa a las 8 de la mañana? Yo y el perro este que tenía de compañía, nadie más. Encaré para el lado de Mar del Tuyú. La playa estaba ancha, impecable. Caminé un montón y el perro firme, haciéndome pata, sin chistar. En un momento de la caminata nos estamos por cruzar con unos cuatro perros vagos que tomaban sol, despatarrados, en medio de la playa,. El perro que me acompañaba, apenas los vio, empezó a ocultarse detrás de mí. Cuando ya estábamos un poco más cerca, se fue desplazando hacia la orilla. Terminó metiendo casi medio cuerpo en el agua con tal de pasar lo más lejos posible de esos perros. Los otros ni se mosquearon pero por las dudas manoteé un palo que estaba tirado en la playa por si hacía falta defender al pobre pichicho.&lt;br /&gt;Caminamos más de una hora hasta que el perro decidió romper el silencio, de repente se paró frente a mí y me chumbaba, me chumbaba y saltaba. Yo no entendía qué carajo le pasaba. Intenté avanzar pero el perro no me dejaba seguir caminando, me chumbaba y saltaba. “Este perro debe estar medio loco. ¿Querrá pegar la vuelta?”, pensé luego de un par de intentos por seguir avanzando. Y así fue. Giré y en cuanto encaré el camino de regreso, el perro se calmó y volvimos caminando tan tranquilos como antes. Empezábamos a entendernos.&lt;br /&gt;Todo el viaje hasta el complejo me olvidé un poco del partido del domingo y de los cinco goles, me dediqué a mirar al perro, ver sus movimientos y tratar de descubrir qué nombre le calzaba mejor. Lo bauticé como “Albertito”, así, en diminutivo. Detuve mi marcha y el perro paró un par de metros más adelante, giró su cabeza y me miró con esa cara fea, llena de bigotes duros.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés, Albertito? -le dije a modo de saludo y Albertito movió la cola.&lt;br /&gt;Cuando llegamos al complejo encontramos a la Petisa recostada en una reposera, junto a la piscina, tomando un poco de sol y leyendo algo. Le presenté a mi amigo Albertito y, como la Petisa es muy bichera, se quedó jugándole un poco mientras yo le conseguía un cacharro con agua. Al rato me fui a bañar y cuando volví, cambiadito, impecable, sólo me encontré con la Petisa. Albertito había desaparecido y no lo volvimos a ver en todo el día.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente la misma historia: me levanto temprano y encaro para la playa.  No hago más de cuatro pasos que aparece Albertito. No sé bien de donde salió pero ahí estaba, contento y preparándose para acompañarme otra vez por la playa. Para variar caminamos hacia el sur, hacia Aguas Verdes. El día estaba bueno, con un poco de nubes, la playa era más angosta que el día anterior. Había muchas gaviotas en la orilla mojándose las patas y así fue que descubrí que Albertito odia las gaviotas. Cada vez que veía una, la corría y le ladraba tratando de espantarla. Se ponía un poco pesado con tanto ladrido. Para colmo las turras se hacían las que no lo veían y lo esperaban hasta último momento para levantar vuelo, cuando él creía que podía alcanzarlas y aceleraba el pique, justo ahí, ellas se despegaban del piso con movimientos suaves, aleteando un poco y virando hacia mar adentro, obligando al pobre perro a meterse casi hasta la cabeza en ese mar tan frío.&lt;br /&gt;Después de caminar por un largo rato me tiré sobre la arena blanda a descansar, elegí un lugarcito pegado a un médano y detrás de unas matas que me refugiaban un poco del viento. Albertito se echó junto a mí, una de sus patas me tocaba apenas, él necesitaba tener un mínimo contacto, lo suficiente como para sentir que yo estaba. El sol nos golpeaba suavecito y me dio mucha modorra.  No sé cuanto tiempo pasó pero llegué a dormirme profundamente, por eso me sobresalté cuando escuché los ladridos de Albertito. Me incorporé de un salto y lo vi a Albertito cerca del agua, junto a una pelota de fútbol. Busqué con la mirada tratando de descubrir quién era el dueño de la pelota y no vi a nadie. La paya seguía vacía. Albertito me chumbaba y amagaba a que se me venía encima pero volvía junto a la pelota y le apoyaba una pata. Así hasta asegurarse que yo fuera en su camino. Cuando me encontré a tres metros de Albertito, no más, clavó su hocico en la arena, bajo la pelota y la empaló, sacando un buen tiro. Mi acto reflejo fue arrojarme en dirección a la pelota y atenazarla entre mis manos. Albertito dio dos ladridos y giró un par de veces alrededor suyo, pensé que festejaba. Me incorporé lo más rápido que pude al tiempo que miraba para todos lados rogando que no hubiera testigos de semejante escena. Caminé unos pasos y Albertito saltaba alrededor mío queriendo quitarme la pelota. Como parte de un juego le arrojé la pelota bastante lejos, Albertito salió disparado tras ella, al primer pique ya la había pasado, giró su cuerpo y cuando la bola bajaba nuevamente, saltó y le clavó un cabezazo impecable que me obligó a un considerable esfuerzo para poder atajarla.&lt;br /&gt;No sé de donde salió Albertito, ni qué hizo que ese perro se cruzara en mi camino pero esa mañana descubrí que era un perro especial. Pasamos el resto del día en la playa jugando a la pelota. Sí, como suena, Albertito y yo jugamos con la pelota todo el día. Le pegaba con el hocico, con la pata o con la cabeza, con lo que fuera pero Albertito se las ingeniaba para shotear la pelota y obligarme a revolcadas y estiradas. Arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha, con una variedad de tiros que en su momento no me di cuenta pero después caí en que le atajé todas. Yo no había viajado con la intención de entrenar, para nada, todo lo contrario, a lo sumo mi idea era correr un poco por la playa y nada más pero no resultó así. El jueves fue otro duro día de entrenamiento en la playa con mi amigo Albertito. La Petisa me acompañó desde temprano porque mucho no me creía lo que yo le contaba de Albertito y, al fin y al cabo, no le quedó otra que darme la razón después de presenciar la habilidad que tenía el perro con la pelota. El viernes vamos temprano otra vez a la playa y en la primera que le tiro a Albertito pensando que me iba a devolver un tiro cruzado, me sorprende llevándose la pelota con puntazos de su hocico hasta desaparecer por detrás de un médano. Lo llamo y nada, una, dos, tres veces y nada. No me queda otra que ir tras sus pasos y en cuanto llego a la parte más alta del médano lo veo a Albertito recostado junto a la pelota viendo a unos muchachos que jugaban un picadito en el terreno de una obra en construcción. Preferí no acercarme, quise pasar lo más inadvertido posible. Lo llamé desde lo alto del médano y Albertito no me dio bola. Bajé unos pasos, le chiflé y tampoco. Los que sí reaccionaron fueron los muchachos que en realidad eran albañiles de la obra en construcción. Lógico, después de tanto espamento llamando a Albertito, los tipos pararon lo que estaban haciendo, giraron hacia mí, me reconocieron y listo, soné.&lt;br /&gt;- Dele Jefe, juegue alguna bola con nosotros… -me invitó el más bajo de los cuatro albañiles.&lt;br /&gt;- No, muchachos les agradezco -dije tratando de parecer simpático.&lt;br /&gt;- Dele, Merengue, -empezó otro- si no le vamos a patear fuerte.&lt;br /&gt;Y ahí nomás le saltó Albertito que casi se lo come. El cagazo que se pegó el pibe. De esa no se olvida más. Yo no sé si se quiso hacer el gracioso, el vivo o qué pero casi le sale caro el chiste. Albertito le tiró un tarascón que por poco le arranca medio brazo. Lo manoteé como pude y me lo llevé a la rastra mientras le seguía gruñendo al pobre flaco, ante el estupor del resto. Volvimos a nuestra playa y nos quedamos sentados un rato en la arena, en silencio, bajando un poco las pulsaciones. Al rato improvisé un arco, sin apuro, tranquilo. Albertito fue hasta la orilla y se remojó un poco las patas, pasó junto a una gaviota que amagó a levantar vuelo pero esta vez el perro no le dio ni cinco de bola. Se quedó un rato mirando el mar hasta que se aburrió, creo yo, y vino a jugar a la pelota conmigo como si nada hubiera pasado.&lt;br /&gt;A la hora más o menos vimos a dos muchachos, de quince o dieciséis años, que andaban en bicicleta por la arena dura, bien cerca de la orilla. Realmente por primera vez en esos pocos días nos cruzábamos con alguien en toda la playa. Al principio pasaron de largo pero al rato volvieron. No sé si fue porque me reconocieron o por el asombro que les provocaba verme jugar con el perro. Tal vez las dos cosas. Llegaron en silencio, dejaron sus bicicletas a un costado y se sentaron a presenciar el espectáculo. Luego de unos minutos Albertito frenó la pelota contra la arena y con dos golpes de hocico la envió en dirección a donde estaban los pibes, se dio media vuelta y se ubicó detrás del arco improvisado. Uno de los muchachos se paró y acomodó la pelota mientras Albertito se movía de un lado al otro hasta que se clavó en el costado izquierdo del arco. El pibe tomó carrera y envió un tiro con mediana fuerza justo a mi izquierda, ahí, donde estaba Albertito. Atajé la pelota sin problemas y Albertito dio un salto en el aire a modo de festejo. Cuando me di vuelta para verlo, Albertito ya se había sentado en la arena y no me miraba, tenía la vista clavada en dirección a los muchachos. Le piqué la pelota delante de su trompa un par de veces y ni se mosqueó. &lt;br /&gt;- ¿Querés patear vos también? -le dije al otro muchacho.&lt;br /&gt;- Si se puede -respondió al tiempo que Albertito se incorporaba entusiasmado.&lt;br /&gt;Le arrojé la pelota, el pibe la paró con bastante dominio, me apuntó y pateó un tiro bajo y esquinado, junto al palo derecho. Me tuve que estirar un poco para agarrarla bien. Desde el suelo, miro y descubro que Albertito estaba justo ahí, a mi derecha, adonde iba la pelota. Lo miro, le hago un mimo revolviéndole los pelos largos y duros que tiene sobre su cabeza y le giro un par de veces la pelota delante de su trompa bigotuda. Albertito se desesperó por olfatearla. Cuando me di vuelta los dos pibes estaban paraditos esperando a ver quién pateaba ahora. Se la pasé al primero, la probó un poquito, con unos toquecitos y se preparó para patear con más de potencia que la vez anterior. Yo miré de reojo a Albertito y lo vi parado en dos patas, un poco a mi izquierda y olfateando. Hacia ahí fue el disparo del pibe que también atajé. Y ya está, no me hizo falta más para entender lo que estaba pasando: este perro es mágico, olfatea las jugadas y, no sé como hace, pero sabe con exactitud adonde me van a patear.&lt;br /&gt;Mucho más de media hora me estuvieron probando los pibes: me fusilaron, a colocar, de cabeza. Todas atajé. No entró ni una. Al principio me costó un poquito interpretar algunas señales de Albertito pero más o menos a los veinte minutos hubo pelotas en que ni siquiera necesité mirarlo, de acuerdo con cómo ladraba me daba cuenta adonde me pensaban patear. Los pibes no la podían creer, en los primeros tiros me respetaban y no se atrevían a tanto pero con el correr de los minutos y al ver que no entraba ninguna se empezaron a desesperar por meter, aunque sea, una. ¡Imposible! ¡Se fueron con una calentura! Y yo con Albertito festejando por la playa como si hubiéramos salido campeones del mundo.&lt;br /&gt;La Petisa no entendía nada cuando le dije que nos volvíamos a Buenos Aires en ese mismo instante y que Albertito se venía con nosotros. Lo miró a él, me miró a mí y volvió a mirar a Albertito. El perro, todo ese tiempo, desde ahí abajo, le movía la colita. Cachamos los bolsos, todo, y salimos rajando. Paramos a morfar en una de esas parrillas que hay sobre la ruta a la altura de Dolores. Albertito bajó del auto, se acomodó pegadito a nosotros y comió a la par nuestra: morcilla, asado, vacío y postre. En serio, postre también. Pedimos queso fresco y dulce de leche, le convidé apenas y le encantó, tanto que tuve que pedir otra porción.&lt;br /&gt;Llegamos a Buenos Aires lo más bien, el tema era ver cómo encaraba la cuestión de poder de atajar con el perro atrás del arco. A quién avivaba y a quién no. Necesitaba que alguien de adentro me diera una mano. Tenía que armar una puesta en escena donde todos pudieran ver que estaba atajando como los dioses. Y no era tan simple como presentarme en entrenamiento y decir: “Buen día, aquí volví y atajo mejor que antes”. Para nada. Y mucho menos aclarar, de entrada al menos, que todo se lo debía al perro. Así, con esa, no me iban a tomar en serio. Tenía que aparecer temprano, silbando bajito, ponerme en un rincón, atajarle tiritos a alguien hasta que alguno con peso pique en el anzuelo. Desde ya tenía asegurada la mirada de varios, aparecer después de unos días le iba a provocar curiosidad a más de uno y la cuestión era aprovecharla. Así fue que lo llamé al Negro Palomini, el masajista. Vino esa misma noche a casa y le conté toda la historia. En realidad, se la conté cambiada. Inventé una sarta de pavadas que en ese momento me parecieron más creíbles que la historia verdadera. ¿Te imaginás decirle que tenía un perro que me cantaba las jugadas antes de que pasen? Ni en pedo. Fui improvisando. Le comenté que todos estos días estuve pensando mucho y descubrí que el puesto de arquero era muy solitario por lo que yo necesitaba tener al perro atrás de mi arco, “como amuleto”, que me daba confianza, seguridad, saber que el perro “estaba cuidándome las espaldas”, y no sé que otras boludeces más. El negro me miraba sin abrir la boca y a mí me importaba un joraca lo que podía llegar a pensar. Para mí lo importante era que me ayudara a entrar con Albertito sin provocar mucho quilombo y que él me pateara todos los tiros necesarios hasta que Novarro se diera cuenta de cómo estaba atajando.&lt;br /&gt;Fue más o menos como lo planeé: llegué temprano, ya cambiadito. En la puerta me estaba esperando el Negro, con frío y un poco asustado, con miedo de estar haciendo alguna macana.&lt;br /&gt;- ¿Me estás jodiendo? – le dije – Vos estás ayudando a un amigo. Y por ende, estás ayudando al club.&lt;br /&gt;La verdad, la verdad, le dije cualquiera pero en el tono y con la seguridad en que hablé, sonó perfecto para que no la cague. Llegamos a la cancha auxiliar y Albertito olfateó un largo rato las cuatro o cinco pelotas que llevábamos para practicar. No hacía ni diez minutos que estábamos cuando llegó el resto del equipo, comandados por el profe Rufino. La mayoría se acercó a saludarme pero enseguida comenzaron con su rutina dando vueltas alrededor de la cancha. Uno o dos, no más, preguntaron de quién era el perro y cuando dije que era mío sentí algunos cuchicheos que poco me importaron. Ahí estábamos, el Negro me pateaba y yo le atajaba todo gracias a mi amigo Albertito. Al rato cayó Novarro, yo seguí en la mía pero tenía la certeza que el tipo no dejaba de mirarme.&lt;br /&gt;- Pateá con ganas. – le reclamé al Negro, lo suficientemente fuerte como para que Novarro y algunos más me pudieran oír.&lt;br /&gt;Y así fueron, cinco pelotas, diez pelotas, veinte, no sé, perdí la cuenta. Otra vez atajé todas, las que iban adentro y las que no. Hasta que Novarro picó. Hubo una pelota que se le escapó al Negro y cayó cerca de Novarro.&lt;br /&gt;- Correte – le dijo. Y el Negro se corrió.&lt;br /&gt;Albertito dio un brinco, paró bien sus orejas, largó un pequeño gruñido y me marcó abajo a la derecha. Novarro me tiró un chumbazo fuerte como en su mejor época, abajo y a la derecha. ¡Impecable el arquero! La inmovilicé, la atenacé muy firme entre mis manos. Me incorporé, le hice un mimo a Albertito y cuando giré, vi que más de uno había detenido su marcha al ver mi atajada. Misión cumplida. Se me acercó Novarro y me dijo:&lt;br /&gt;- Tenemos que charlar.&lt;br /&gt;- Cuando quiera.&lt;br /&gt;Nos apartamos del resto y tuvimos una larga charla donde de a poco le pude contar la verdad de Albertito. Primero me quiso sacar cagando, después me puteó y por último me hizo una apuesta:&lt;br /&gt;- Cinco penales – me dijo – Si los atajás los cinco volvés a ser titular. Si te meto uno, tan solo un penal que te meta, acá no jugás más.&lt;br /&gt;A la flauta, no era poco lo que me pedía Novarro. Atajarle cinco penales a él, “el infalible desde los doce pasos”, porque así le decían. ¡Si tenía más o menos el mismo récord que Albrecht y mejor que el mismísimo Corbata!&lt;br /&gt;Me junté atrás del arco con Albertito. Creo que los dos estábamos un poco nerviosos. No era para menos. Le hablé, traté de tranquilizarnos, si, a los dos, a él y a mí. Le acaricié el lomo un largo rato y por último me calcé los guantes. Novarro se paró cerca de la medialuna, le pidió las cinco pelotas más nuevas al utilero y se dispuso para la faena. A esa altura casi todos los presentes se fueron acercando intuyendo que algo importante estaba por pasar. Colocó la primera pelota sobre el centro mismo de la marca de cal. Retrocedió unos cuantos pasos sin dejar de mirar la pelota. Albertito estaba más inquieto que de costumbre hasta que de pronto se calmó y me marcó arriba a la izquierda. Novarro pateó fuerte, arriba a la izquierda. Volé, con precisión y pude rechazarla:&lt;br /&gt;- ¡Uhhhh! – dijeron todos.&lt;br /&gt;La segunda fue a colocar y Albertito me la cantó con cierto tiempo de sobra. “Merengue vuela y la atrapa”, hubieran dicho los cronistas de haber presenciado semejante atajada. A esta altura Novarro se lo estaba tomando muy en serio, no me decía ni una palabra. La tercera pelota no la puso en el centrada en la marca de cal, la movió un poquito a su izquierda. Retrocedió unos cuantos pasos, emprendió una carrera suave, frenó un instante, casi como un amague, intentado seguramente saber qué lado elegía yo pero yo me mantuve clavado en el centro del arco, así me lo había marcado Albertito. Y como Novarro dudó, le salió un tirito suave al medio, una masita. ¡El salto que pegó Albertito a modo de festejo! Alguno intentó aplaudir pero otro lo calló de inmediato. El horno no estaba para bollos. A Novarro, todos lo saben, no le gusta perder ni a la bolita y cada minuto que pasaba se ponía más caliente. Acomodó la cuarta pelota y me clavó la vista, sin pestañear. Retrocedió unos cuantos pasos derecho al arco, bien perpendicular. Albertito se mantenía detrás de mí parado en dos patas y gruñendo cada vez más. La carrera de Novarro fue casi exagerada. Albertito ya sabía cual era su idea. Novarro pateó a matar, un puntinazo directo a mi cabeza. No me quedó otra que cubrirme con los dos brazos bien firmes. La pelota rebotó en mis antebrazos para salir rechazada a más de ocho metros hacia delante. Nadie habló, sólo Albertito rompió el silencio con sus ladridos. Se lanzó sobre Novarro y sobre la última pelota que quedaba. Parecía como que no quería dejarlo patear. Novarro primero intentó alejarlo y al no tener éxito le arrojó un par de patadas que gracias a Dios Albertito pudo esquivar. Lo agarré con gran esfuerzo y lo llevé nuevamente atrás del arco. Estaba casi incontrolable como nunca lo había visto. Me puse en medio del arco agazapado pero Albertito no paraba de moverse. Arriba, abajo, derecha, izquierda. Para colmo gruñía, lloraba y ladraba, todo junto y al mismo tiempo. Lo suyo era más un rezongo, una larga queja. Estaba sonado, yo no sabía qué hacer, giraba tratando de pispiar, de descifrar cuál era su seña, cuál era la jugada que haría Novarro y juro que esta vez no entendía ninguno de todos los movimientos extraños que hacía Albertito. Desesperación, eso fue lo que sentíamos Albertito y yo. Giré mi rostro hacia Novarro justo cuando él emprendía su carrera, dispuesto a pegarle a la pelota mejor que nunca en su vida. Y así fue. De repente todo se volvió cámara lenta. Novarro impactó la pelota sin que yo pudiera interpretar las indicaciones de Albertito. Estaba paralizado en medio del arco, sin más opción que observar la trayectoria ganadora y cruel de la pelota viajando con destino de red. Una sonrisa comenzó a dibujarse en el rostro de Novarro. De pronto, como un resorte, Albertito saltó desde donde estaba hacia el ángulo superior derecho del arco y logró que ese violento pelotazo impacte en su cara peludita y no sea gol.&lt;br /&gt;Ya no recuerdo bien qué más pasó. Sólo sé que Albertito cayó pesadamente a un costado del arco, casi inmóvil. El golpe de su cuerpo en el piso sonó seco, horrible. Me abalancé sobre Albertito, sólo yo, nadie más. Tenía la lengua afuera y un poco de sangre comenzaba a brotar de su trompa. Poco y nada pude hacer, poco y nada supe hacer. Albertito dejó de respirar y yo dejé de jugar al fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 11 de mayo del 2004&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287432388761383?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287432388761383/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287432388761383&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287432388761383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287432388761383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/11-olfato-de-gol_24.html' title='11. Olfato de gol'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287436420206326</id><published>2005-11-24T20:18:00.002-03:00</published><updated>2009-04-02T12:40:00.899-03:00</updated><title type='text'>10. El gran simulador</title><content type='html'>- Antes era diferente. Ahora, con todo esto de la televisión, el Tute Miller no hubiera jugado más de dos partidos. Créame cuando le digo. Y no exagero. ¿Sabe por qué? ¡Qué va a saber usted si usted es un pibe!&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;El Tute Miller era un genio de verdad pero no un genio de la pelota, era un genio de la actuación. Y sólo con eso se las arregló para ser titular cinco temporadas con la camiseta número siete de Defe, titular indiscutido, ojo. Porque el Tute era un dotado en eso, es más, fue su única virtud dentro de una cancha. Por habilidad no pasaba a nadie pero sabía acomodar su cuerpo para que con el mínimo contacto con el rival, zas, le cobraran falta al contrario. Un fenómeno en eso. Si no conseguía un penal lograba que le echen un jugador al otro equipo o un tiro libre con peligro gol. Era bajito ¿vio?, muy movedizo y mucho más inteligente todavía porque se las ingeniaba con lo que Dios le dio. Y Dios le dio el talento de simular.&lt;br /&gt;Las tenía todas estudiadas: a quien encarar por la derecha, a quien por izquierda, cuando llevarla pegadita al pie y cuando no. Pero lo que mejor le salía eran las caídas, un maestro, con todas las letras. En las jugadas de aire su preferida era caer seco y no moverse, simulando un codazo. Parecía un muertito y tardaba un rato largo en reaccionar. Si su marcador no saltaba el Tute se doblaba en dos, se agarraba la panza y boqueaba como un pez fuera del agua. Así todos creían que el codazo fue en el estómago y que lo había dejado sin aire. Eso sí, jamás reclamaba nada, siempre calladito, respetuoso con los tres hombres de negro, y eso, lo hacía más creíble todavía. Sepa que en esa época no cobraban mancha como ahora. Se jugaba fuerte de verdad. Pero el Tute siempre lograba que los árbitros le compren lo que él quería. Ahora usted hace una de esas y en la televisión lo dejan escrachado y al otro partido lo agarra el réferi de turno y no le cobra una a no ser que lo partan en cuatro. ¿Usted vio la cantidad de cámaras que ponen para transmitir cualquier partido de morondanga? Es imposible no darse cuenta si un jugador hace teatro. ¡Y el Tute hacía teatro en todas las jugadas! En este fútbol de hoy no podría haber jugado siquiera, como le decía anteriormente. Si simulás una, dos, tres, en la cuarta no te cree ni tu vieja. Porque en la actualidad con las repeticiones y la cámara lenta te deschavan todo artificio. Antes si el réferi estaba equivocado quién podía demostrarle el error. Ahora al segundo nomás van en cana, jugador, réferi o lineman. Y todo el mundo está pendiente de lo que diga la televisión, si fue foul o no, si la tocó con la mano, si se tiró, todo. Y todos le preguntan a los de la tele: ¿Fue penal?, Pirulito ¿Estaba habilitado?. Si hasta los de la radio miran de reojo la transmisión para saber qué pasó de verdad en alguna jugada complicada.  Además te ponen cámaras por todos los rincones, hay una que la llaman “ángulo invertido”. Por favor, si en mi época a algo lo llamaban “invertido” sonaba feo...&lt;br /&gt;El Tute hizo pocos goles pero hubo uno… La tarde que le ganamos a Chicago 3 a 0, el que inauguró el marcador fue el mismísimo Tute. En la primera pelota que le llega, un contraataque, encara en diagonal al área, le sale el marcador y el Tute le apunta con su cuerpo soñando con un penal. El defensa venía rápido, desesperado por agarrarlo afuera del área grande, se le tiró con las dos patas para adelante y en el entrevero de piernas que se produjo, la pelota rebotó entre los dos jugadores y  se elevó un poco más que el cuerpo del Tute Miller, que por casualidad, en el aire, le pegó con los tacos de sus botines y la bocha voló hasta colarse de emboquillada en el medio del arco. Impresionante. Muy parecido al movimiento que años más tarde patentó Higuita, el arquero colombiano, con el nombre de “el escorpión” pero mejor, mejor porque fue gol.&lt;br /&gt;Lástima lo del Tute. Jugar aquel partido contra Almagro fue una mala decisión. Bernia, el réferi de aquella tarde,  era la sexta vez que lo dirigía y ya lo estaba calando. Apenas se lo cruzó en el túnel, antes de entrar a la cancha, lo encaró y le advirtió que no trate de hacerse el listo. Eso hubiera sido lo de menos, lo grave fue que en Almagro jugaba el Tano Del Vechio y se la tenía jurada. Dos veces jugaron entre sí el Tute Miller y el Tano Del Vechio y las dos veces el Tute salió ganando. En el primer partido lo hizo expulsar a Del Vechio y en el otro, ¡mamita!, lo que le hizo en el otro partido, fue nefasto para Del Vechio. No sólo le cobraron el penal con el que Defe ganó el partido y lo mandó a Almagro al descenso sino que además con todo el circo que hizo el Tute, al Tano lo expulsaron y lo terminaron suspendiendo por nueve fechas. Pasó que el Tute se las rebuscaba como ninguno. Le habló todo el partido al Tano para que se calentara y el otro no engranaba. Cuando faltaba poco y se moría en un cero a cero el Tute robó una pelota y lo encaró directamente. La tiró un poquito larga ya dentro del área, obligándolo a que se le viniera con todo. Y el Tano fue. Aquella vez el quite del Tano fue fuerte es cierto pero lo que impresionó fue la revolcada del Tute. Dio tres vueltas por el aire al tiempo que se agarraba la pierna y gritaba como un marrano, cuando cayó se bajó la media con desesperación y al ver la sangre que le salía empezó a llorar como un loco. Si hasta el médico de Defe se preocupó. Todos pensamos que estaba lesionado de verdad. Pedemonti, el referí de aquella tarde, quedó impresionado al ver semejante corte. Lo buscó a Del Vechio y le puso la roja con tanta vehemencia que en realidad parecía que lo quería moler a palos. El Tano se lo quería comer crudo al Tute que seguía tirado en el piso, llorando y mostrando a todo el estadio su pierna ensangrentada. Entre cinco lo tuvieron que sacar al Tano de la cancha y bien de prepo, si ni siquiera sus propios compañeros le creían cuando juraba que no le había hecho nada. El DT mandó el cambio por el Tute que salió en camilla y entró el Vasquito Iturmendi, pateó el penal y ganó Defe. Nadie en la cancha dudaba de la falta de Del Vechio ante la prueba irrefutable de la sangre saliendo de su pierna. Le soy sincero, yo también me lo creí. Pero un día, mucho tiempo después, tomando algo en el buffet, el utilero me confesó que el Tute lo tenía todo preparado, que el viernes previo al partido, después de la práctica se quedó a un costado de la cancha y cuando ya no quedaba nadie, se puso a ensayar las volteretas que usó en el partido. Ya sé lo que me va a decir: ¿Y la sangre? Le explico: el atorrante del Tute jugó todo el segundo tiempo con una hojita de afeitar y en una de esas volteretas, antes de caer al piso, lo que hizo fue cortarse él mismo la pierna, en el aire, sin que nadie se diera cuenta. De ahí semejante corte y semejante cantidad de sangre. ¡Qué habilidad por Dios! Un verdadero talento, el mejor simulador que haya pisado cancha alguna. Hoy es imposible hacer una de esas… Por lo que le decía de tantas cámaras…&lt;br /&gt;- Y ¿Qué pasó en el otro partido con Del Vechio?&lt;br /&gt;- Imagínese como entró a la cancha el Tano, con hambre de venganza. Parecía que echaba espuma por la boca y el Tute como si nada. Ni la hora le daba. Pelota que tocaba el Tute, Del Vechio se le venía al humo pero así como la recibía, el Tute la pasaba de primera, a un compañero, a un contrario, a quien sea con tal de sacarse la pelota de encima. Y el Tano no pudo ni tocarlo, así todo el partido. A los quince del segundo lo cambiaron al Tute por el Vasquito Iturmendi y fue una lástima porque el Vasquito se jugó un partidazo, hizo tres goles en treinta minutos y se ganó el puesto. Con el tiempo, el Tute ni en el banco estaba. Una lástima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 30 de junio del 2003&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287436420206326?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287436420206326/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287436420206326&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287436420206326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287436420206326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/10-el-gran-simulador_24.html' title='10. El gran simulador'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287428834942885</id><published>2005-11-24T20:17:00.001-03:00</published><updated>2009-04-02T12:42:34.330-03:00</updated><title type='text'>9. Un pañuelo</title><content type='html'>A Joaquín lo sacamos de la cama a eso de las once, once y media de la mañana. No recuerdo a qué hora regresó de salir con sus amigos del colegio la noche anterior pero debe haber sido tarde porque despertarse, le costó un Perú.&lt;span class="fullpost"&gt; Silvia le llevó el desayuno a la cama con el mismo cuidado y el mismo amor de todas las mañanas en los dieciséis años de la vida de Joaquincito. Entre sorbo y sorbo de café con leche dormitaba un poco. Hizo una “siestita” un poco más larga antes de tomar el yogurt, y a las tostadas con dulce de leche casi no llegó, un grito mío lo sacó de la cama y con el mismo movimiento se metió de raje en la ducha.&lt;br /&gt;Era domingo, 25 de julio de 2004. A las cinco de la tarde jugaban Argentina y Brasil, la final de la Copa América en Perú. La propuesta de mi viejo era juntarnos en su casa a ver el partido. Antes de responder a la invitación analicé las variables y posibilidades: en la Copa América del ’91 vimos en la casa de mi viejo el partido de Argentina contra Colombia y ganamos (creo que 3 a 1), en el Mundial del ’98 vimos el partido contra Jamaica y también ganamos.&lt;br /&gt;- OK, aprobado, vamos a tu casa, viejo.&lt;br /&gt;Soy cabulero. ¿Qué le vamos a hacer? Todos los que me conocen lo saben muy bien y a pesar de que me sentía muy confiado por cómo venía jugando Argentina, nunca está de más cerciorarse que todo sea como debe ser, que no haya cerca algún personaje medio lechuzón y nos termine arruinando la fiesta o cosas por el estilo. También evalué que mi viejo y mi hermano tienen opiniones futbolísticas muy similares entre sí pero diferentes a las mías, a tal punto que no simpatizamos por los mismos colores y si a veces surgen discusiones, tengo a Joaquincito de aliado para hacerles frente. Por lo tanto contar con la compañía de mi hijo, me hizo sentir más tranquilo, más confiado para enfrentar el evento. Joaco es de fierro, de chiquito me acompaña a la cancha, vemos partidos por la tele, puteamos por lo mismo y muchas veces sufrimos más de la cuenta. Silvia se queja cuando esto sucede, dice que es igual a mí. Y lo dice de una manera como si parecerse a mí, estuviera mal.&lt;br /&gt;Ese domingo Joaquín arrancó más callado que de costumbre. No sé bien por qué. Tal vez estaba aburrido o seguía con sueño. Durante el almuerzo miró un programa de televisión donde pasaron distintos momentos de famosos partidos entre Argentina y Brasil. Cuando dieron el gol de Caniggia en los octavos del mundial del ’90, le conté a Joaco que ese domingo estábamos los tres en casa, Silvia dormía la siesta, él, que tendría un poco más de dos años en ese entonces, estaba conmigo en la cocina, jugando con sus chiches y haciéndome pata mientras yo miraba el partido.&lt;br /&gt;- No tenía a quién comentarle mi sufrimiento, porque en ese partido sí que sufrimos. Estábamos los dos solitos. Vos y yo. Brasil había creado unas 36 o 38 situaciones de gol - exageré como siempre - y faltando menos de 10 minutos para que termine el partido viene esta genialidad de Maradona para habilitar a Caniggia y hacer ese gol, ese golazo. ¡No te imaginás qué alegría! Todos los argentinos festejamos haber echado a los brasucas del mundial. Y más de la manera que fue: de orto, es decir, dejándolos bien calentitos.&lt;br /&gt;¿Se acordará Joaquincito de cómo lo abracé esa tarde cuando festejé o, mejor dicho, festejamos el gol? No creo, él era muy chiquito. No le dije nada, para qué… &lt;br /&gt;La jugada me quedó dando vueltas en la cabeza así que lo mencioné cuando llegamos a la casa de mi viejo. Estábamos hablando de lo bueno que estaban unos comerciales de Cerveza Quilmes producidos para esta Copa América donde aprovecharon imágenes de un par de partidos de Argentina en los mundiales, partidos claves, situaciones claves: el golazo de Maradona a los ingleses en el mundial del ’86 y cuando el Goyco le atajó el penal a Serena en el ’90 y pasamos a la final, dejando afuera nada menos que al local, Italia.&lt;br /&gt;- Para mí, – dije – tendrían que haber hecho un comercial con el gol de Caniggia a los brasucas, ¡en el mundial del ’90!&lt;br /&gt;- Sí – balbuceó alguien pero no me dieron mucha bola. Y yo fantaseé con que los tipos de Quilmes tendrían preparado el comercial para lanzarlo después de que Argentina le gane a Brasil. ¡Qué genialidad! Pensé, pero me la jugué callado, por si las moscas. &lt;br /&gt;Empezó el partido. Mis sobrinitos son muy chiquitos y andaban en otra cosa, el resto estábamos ubicados frente al televisor. Joaquincito clavado en la mejor ubicación, muy concentrado. Silvia, sentada a su izquierda, dijo:&lt;br /&gt;- Yo estoy sentada acá por cábala.&lt;br /&gt;En ese momento me di cuenta de que su ubicación no era cábala de nada y que siempre que vamos a la cancha yo estoy al lado de Joaco, así que le cambié el lugar.&lt;br /&gt;¡Penal para Argentina! Pateó el Kili y a cobrar. Uno a cero.&lt;br /&gt;Todo era como debía ser. Argentina jugaba mejor que Brasil. Alguno de los presentes, confiado por el resultado ya empezaba a levantarse, Silvia y yo criticábamos sin piedad a los relatores y comentaristas mientras Joaquín explicaba por tercera vez que en Capital y Gran Buenos Aires sólo se podía ver el partido a través de América, que la transmisión de TyC, con los relatos de Walter Nelson era para el interior del país. Mi hermano se lamentaba y mi viejo también. Todos preferíamos el relato de Walter Nelson y los comentarios de Fabbri.&lt;br /&gt;Lo lógico era que ganara Argentina, fue el mejor equipo del torneo hasta ese momento y estaba jugando mejor que Brasil. Julio César le sacó un gol a Lucho González. “Argentina está más cerca del segundo que Brasil del empate” estaría diciendo alguien en alguna radio. El pibe Rosales juega de wing derecho y de marcador de punta. Silvita gritaba “gol” cada vez que un jugador argentino pateaba o cabeceaba en dirección al arco por más que la pelota pase a diez metros para cada lado.&lt;br /&gt;- Pareciera que Brasil gana o empata por como está jugando – me animé a decir cuando estaba a punto de finalizar el primer tiempo. Bilardo comenta por la tele: “Lo veo bien al equipo argentino, bien en defensa, firme”. Y era cierto pero en el minuto 46 llega un centro de Alex, de tiro libre, el lungo Luisao se le anticipa a Ayala y clava el uno a uno. ¡A los 46 minutos! ¡Cuando habían marcado un solo minuto de alargue!&lt;br /&gt;- ¡Qué orto! – dije o pensé pero no estaba preocupado.&lt;br /&gt;Con Silvia nos imaginábamos a Bielsa en el vestuario hablando con los jugadores, alentándolos y corrigiendo el error de marca en esa última jugada.&lt;br /&gt;Joaquín seguía semi mudo, concentrado en el partido. Mi viejo puso unos bizcochos sobre la mesa que ayudaban a calmar mi ansiedad. &lt;br /&gt;Empezó el segundo tiempo. Argentina nuevamente generó situaciones de peligro pero la pelota no quería entrar. Cambio: Delgado por Rosales. Con Silvia volvimos a invertir nuestros lugares, ya no sabíamos qué era lo conveniente para el equipo. Otro Cambio: D’Alessandro por Lucho González. Argentina domina nuevamente. Minuto 42, golazo del Chelito Delgado. Lo gritamos todos. “Ya está”, pensamos todos. ¡Tres minutos de alargue a lo sumo y a otra cosa! ¡A no sufrir con los penales!&lt;br /&gt;- ¡Viste que teníamos que cambiar de lugar! -me dijo Silvita.&lt;br /&gt;Brasil ya fue. No pasaba nada. Tercer y último minuto de alargue, cae una pelota en el área, media vuelta de Adriano y gol. Dos a dos.&lt;br /&gt;- ¡Lo anularon! – gritó Joaquín, en un acto desesperado, creyéndolo, rogándolo pero al fin y al cabo, en vano. Fue gol. Luego vinieron los penales y nos ganó Brasil. Increíble.&lt;br /&gt;En ese momento me acordé del partido del mundial del ’90 y el gol de Caniggia, apagamos la tele y nunca pude ver si Quilmes pasó un nuevo comercial. Mi viejo empezó a preparar una picadita y unas pizzas. Yo intenté un breve discurso explicando que para mí esta derrota no significaba un fracaso pero seguían sin darme bola.&lt;br /&gt;- ¿Qué querés hacer? – le pregunté a Joaco.&lt;br /&gt;- Yo me quiero ir – respondió convencido.&lt;br /&gt;Y nos fuimos. A pesar de los rezongos de mi hermano y alguno más, juntamos nuestras cosas y partimos. Subimos al auto, no hicimos más de tres cuadras cuando descubro que Joaquín se pone a llorar, sin consuelo. Con una pena y una tristeza enormes. Silvia seguía afirmando que todo era culpa mía, que el nene era igual a mí. Esta vez me sentí culpable e inútil. Joaquín lloró porque perdió Argentina y yo tardé en reaccionar, no supe qué hacer ni qué decirle. No le serví de mucho, sólo pude prestarle un pañuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 25 de julio del 2004&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287428834942885?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287428834942885/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287428834942885&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287428834942885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287428834942885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/9-un-pauelo.html' title='9. Un pañuelo'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287424039639888</id><published>2005-11-24T20:16:00.001-03:00</published><updated>2009-04-02T12:44:20.959-03:00</updated><title type='text'>8. El consejo del Flaco</title><content type='html'>Para nosotros siempre fue y será “El Vasquito” o “El Vasco”. Alto y pintón. Siempre debajo de los tres palos. Un buen arquero, no bajaba de 6 o 7 puntos. Y si estaba inspirado podía llegar a jugar 9 puntos. En el club era titular indiscutido, no había nadie mejor aunque tenía un problema: en los momentos claves, el Vasco, se ponía demasiado nervioso y ahí le brotaban las cagadas, se transformaba en un arquero de 3 puntos a lo sumo.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Pobre Vasco, lo mataban los nervios y no había razón que lo calmara. Todo el año atajaba como el mejor pero cuando llegaba el momento de las definiciones, zas, la incertidumbre, la angustia.&lt;br /&gt;¿Pensás que te estoy jodiendo?&lt;br /&gt;Para nada, el Vasquito era el mejor pero cuando la parada venía difícil se transformaba en otro, era un manojo de nervios que no paraba de hacer cagadas. Y si le metían un gol, peor, más nervioso se ponía y más cagadas cometía.&lt;br /&gt;La vez del partido por la Ligilla, el Turco nos junta para la charla técnica y el Vasco caminaba por las paredes. ¡Y eso que jugábamos contra el peor equipo de la zona! Al lado nuestro eran unos muertos, ni que estuviéramos mamados y con 3 menos, nos podían ganar. Pero el Vasco no pensaría lo mismo que el resto de nosotros porque se devoraba las pocas uñas que le quedaban. El Turco trataba de hablarnos mientras sus ojitos seguían el incesante movimiento del Vasco que rebotaba contra las paredes del vestuario. A tal punto llegó la cosa que el Turco tuvo que pegar un par de gritos:&lt;br /&gt;- ¡O te calmás, o te saco! ¡Cortala o lo pongo al Flaco! –amenazó, rotundo el Turco.&lt;br /&gt;Hubo un largo silencio. El Vasco se quedó congelado, quieto por un instante. Todos rogábamos que los gritos del Turco le sirvan para que se calme de una vez y para siempre porque lo malo de todo es que el Flaco no le ataja ni los tiros a su abuela; buen muchacho pero como arquero, lo peor que vi en mi vida. Fue ahí que el Flaco se le arrimó al Vasco y le dijo algo en el oído que ninguno de nosotros pudo escuchar. El Vasco lo miró un segundo, no más, con algo de asombro y luego desapareció sin pronunciar una palabra. Todos lo miramos al Flaco esperando que nos cuente algo pero no quiso decir ni “mu”. Al rato volvió el Vasco, su semblante era otro, se lo veía relajado, asombrosamente relajado. Jugamos el partido (¡ganamos el partido!) y el Vasco tuvo una actuación de 7 u 8 puntos. Siempre seguro, siempre atento y en ningún momento lo vimos nervioso. No te digo que se merecía un 9 porque los perros esos casi no lo exigieron. Dos o tres pelotas jodidas en todo el partido que el Vasco se encargó de controlar con una sobriedad y una elegancia envidiable.&lt;br /&gt;Apenas terminó el partido, el Vasco salió disparado del arco para fundirse en un abrazo interminable con el Flaco, pocos pudieron darse cuenta o reparar en ese detalle porque todos estábamos festejando. Con ese resultado ganamos la Ligilla y pasamos a la final, así que imaginate la alegría: cantos, festejos y aplausos, una fiesta. Ya en el vestuario, más tranquilos, lo encaramos al Vasco, el Flaco se reía solo en un rincón.&lt;br /&gt;- Dale, contales –saltó ante nuestra insistencia.&lt;br /&gt;- ¡Dejate de joder Flaco! –se quejaba el Vasco- ¡No seas ortiba!&lt;br /&gt;Hubo amagues del Flaco entre risas pero nunca largó prenda y menos cuando el Vasco se rajó del vestuario, sin bañarse, medio enculado y medio avergonzado.&lt;br /&gt;- ¡No voy a contar nada! –gritó el flaco bien alto para que lo escuchemos todos y especialmente para que lo escuche el Vasco mientras se rajaba. Así fue, se cerró el tema y no nos contó nada.&lt;br /&gt;Durante la semana previa a la final nadie volvió a tocar el tema. ¿Quién iba a decir algo si el Turco nos dejó bien clarito que el que jodía con esa boludez se perdía la final?&lt;br /&gt;Llegó el domingo, nomás. Estábamos por disputar el partido más importante en la historia del club. ¡Qué responsabilidad! Ni bien entramos al vestuario se produjo un marcado silencio: la euforia y los cantitos quedaron en el micro. Estábamos un poco más tensos que de costumbre, todos, no podía ser de otra manera. De a poco, a medida que cada uno empezó a sentir confianza, el centro de atención fue el Vasco, él estaba cambiándose en un rincón del vestuario, cerca de las duchas. Al principio muchos no se dieron cuenta pero el Vasco golpeaba su pie izquierdo contra el piso, marcando un ritmo, sin parar. Claro, el repiqueteo de su pie dándole al piso se hizo notorio a partir de que se puso los botines. Ese sonidito de los tapones golpeando de manera incesante contra el suelo de mosaicos gastados pasó de ser molesto a transformarse rápidamente en insoportable. El Vasco tardó un rato en darse cuenta de que la mayoría de los que estábamos ahí quedamos pendientes de su “ruidito”. Congeló el pie, nos recorrió con la mirada y se alejó hacia el sector de los retretes. Justo en ese momento descubro que el único que no lo miraba era el Flaco. Se mantenía con la mirada clavada en el piso mientras estiraba sus largos dedos tratando de hacerlo sonar.&lt;br /&gt;El partido fue malo y aburrido, típica final donde ninguno de los dos equipos quiere arriesgar nada, donde esperan que el tiempo pase para encontrar la salvación en los penales. No lo cuento con aires de crítica, para nada, si yo también fui parte o cómplice de esa estrategia mezquina. Claro que a medida que pasaban los minutos mi preocupación era saber hasta cuando el Vasco iba a soportar la presión, porque el partido lo pudo sobrellevar de la mejor manera, atajó lo poco que tuvo que atajar y siempre se mostró sereno, asombrosamente sereno. Pero en los penales el arquero no tiene margen para el error, ahí no hay changüí, si no sos frío, sos boleta.&lt;br /&gt;Arrancamos pateando nosotros: gol. Ellos: gol. Así fueron las primeras tres ejecuciones, todas adentro. El cuarto de los nuestros lo pateó Rinaldi: la colgó de la tribuna. En el preciso momento en que su pie impactó con la pelota todos sabíamos que esa pelota volaría hacia las nubes, inclusive el arquero contrario que se quedó clavado y acompañó con su mirada la injusta trayectoria del balón mientras dibujaba una larga, eterna sonrisa. El Vasco avanzó hacia el arco ante el bullicio y el festejo de la hinchada contraria. Los turros le mostraban a los nuestros el balón recién pateado por Rinaldi como un trofeo y de forma socarrona. Aspani colocó una nueva pelota en la marca del penal, amagó a tomar carrera pero volvió sobre la pelota y corrigió la posición con un leve giro. Levantó la mirada en dirección al Vasco. Este tenía sus ojos clavados en el balón y ya estaba agazapado, casi quieto pero con todos los músculos tensos, listos para la acción. Aspani miró a su gente y levantó un par de veces los brazos pidiendo aliento. El griterío a las espaldas del Vasco fue enorme. Aspani se perfiló, corrió y le pegó a la pelota un fierrazo tal que salió derechito hacia el arco con aspiraciones de gol. El Vasco se movió recién en el último instante, en el instante preciso. Dio un salto magistral y su cuerpo voló hasta que con la punta de sus dedos extendidos, firmes, desvió el balón ante la sorpresa de todos. Y logró la hazaña. ¡Idolo! Jugadores e hinchada explotamos en un largo festejo, Aspani, rendido, de rodillas en la puerta del área observaba al Vasco que se incorporaba sin apuro, sin prisa mientras la gente vitoreaba su nombre. Quique metió el quinto penal para locura de toda nuestra gente, después vino el turno del cinco de ellos. El Vasco lo esperaba parado con los brazos en jarra, al borde del área chica, imponente. A mí me dio la sensación de que el tipo, a medida que se acercaba al punto del penal más grande veía al Vasco y más chico veía al arco. Hasta pude sentir que su cuerpo se iba desarmando frente a la figura gigante, a esa altura, del Vasco. La atajada no fue nada sensacional porque al tipo le salió cualquier cosa menos un penal, el Vasco la embolsó, ahí abajo, sin dar rebote. Lo impresionante fue que todos los que estábamos en el estadio en ese momento sabíamos antes de la ejecución que ese penal no era gol. Entre todos existía la certeza de que el Vasco, en ese momento, se había convertido en un arquero invulnerable, con nervios de acero.&lt;br /&gt;Ganamos, vuelta olímpica, el Vasco en andas y todos los festejos. Una vez más, cuando la gente se fue aplacando, ya en el vestuario mis compañeros y yo volvimos a la carga contra el Vasco y el Flaco para saber cuál había sido el secreto del cambio, de la transformación tan notable que permitía ahora sí que festejemos el campeonato.&lt;br /&gt;- A mí ni me pregunten –se excusaba el Flaco.&lt;br /&gt;El Vasco pretendía hacerse el desentendido.&lt;br /&gt;- ¡Vamos a festejar muchachos! No pierdan el tiempo en boludeces.&lt;br /&gt;Pasó un rato hasta que el Vasco, merecido héroe de la noche, tuvo que salir del vestuario para una nota con una radio local. Apenas se cerró la puerta el Flaco nos miró a todos con cara de pícaro, esperó que nos juntemos alrededor suyo y confesó:&lt;br /&gt;- No es para tanto… Fue un consejo, nada más… Les cuento pero no quiero que lo jodan.&lt;br /&gt;Nos advirtió entre irónico y formal, casi como una obligación.&lt;br /&gt;- El Vasco era un manojo de nervios, -prosiguió- Uds. lo saben… La verdad es que yo le recomendé que antes de jugar se haga una buena “manuela”, una paja, que eso lo iba a relajar… Y bueno, parece que le sirvió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 18 de julio del 2005&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287424039639888?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287424039639888/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287424039639888&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287424039639888'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287424039639888'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/8-el-consejo-del-flaco.html' title='8. El consejo del Flaco'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287416625237585</id><published>2005-11-24T20:15:00.002-03:00</published><updated>2010-10-22T15:03:03.691-03:00</updated><title type='text'>7. Cosas del fútbol</title><content type='html'>El Pelado Goenaga hace ya más de un año que es el Director Técnico del equipo. ¿Y qué le puedo decir después de lo que pasó? Uno es un ser humano, Macaya, y a veces se equivoca. Si él me conoce bien… Lo que pasó, pasó y ya está. Son cosas de los partidos. Yo lo entiendo al Pelado y estoy seguro de que él me entiende a mí. El problema, Macaya, fue que el Pelado nunca estuvo como hoy. ¡La verdá, la verdá, le digo! Si siempre fue un tipo de lo más tranquilo. Uno sabía que la procesión la llevaba por dentro. Cualquiera se daba cuenta de sólo ver cómo faseaba durante los partidos, pero nada más. Nunca fue de ponerse como loco y a los gritos como hacen otros, o como él hizo hoy. Ojo que no estoy diciendo que no tenga carácter. Al contrario, si cuando tuvo que levantar en peso alguno, lo hizo sin dudar. Ya sea en el entretiempo, al final del partido o en los entrenamientos. Eso sí, siempre en la intimidad del plantel. Nada de salir a ventilar los quilombos afuera del vestuario. Es más, hace tres fechas cuando nos comimos cuatro goles en Rosario nos cagó a pedos a todos, pero a todos, eh: a los que jugamos el partido, a los suplentes, a los lesionados; ni uno se salvó. Eso si, como un señor, con respeto y haciéndose respetar. Yo no sé qué le habrá pasado hoy. Nunca lo vi tan sacado, Macaya, se lo aseguro. Ni cuando zafamos raspando del descenso en el campeonato pasado. ¿Qué sé yo qué le habrá agarrado? El Pelado estaba distinto desde el primer minuto. Hasta el Negro García, que juega de lateral por la derecha me dijo que escuchaba sus gritos y sus indicaciones. Yo entiendo que si a los quince minutos del primer tiempo ya te comiste dos pepinos y ves que te están cascoteando el rancho, muy tranquilo no podés estar. Pero lo del Pelado no tenía nombre: “¡Correlo, correlo, correlo!”. Me gritaba cada vez que se escapaba un tipo. Y si lo alcanzaba y recuperaba la pelota: “¡Llevala! ¡Por afuera! ¡A un toque! ¡Por afuera!”. Todo me decía. Y para colmo lo tenía pegadito, ahí nomás. “¡Tocá y picá! ¡Tocá y picá! ¡Seguilo! ¡Seguilo!”. ¿Me explico? Doble me lo decía, con repetición. ¡Y no paraba, eh! Si cuando yo me mandaba más al centro, un poco porque la jugada lo pedía y otro poco para escaparme de sus gritos, me reclamaba desaforado que juegue junto a la raya: “¡Robles! ¡Robles! ¡Jugá por afuera, Robles! ¡Jugá por afuera!”. Le juro Macaya que no veía la hora de que termine el primer tiempo para cambiar del otro lado y no escucharlo más. ¿Me entiende?&lt;br /&gt;¿Y cuál era el único nombre que sabía? El mío: “¡Corré Robles, corré! ¡No lo pierdas Robles! ¡No lo pierdas! ¡Vamos Robles! ¡Vamos Robles! ¡Robleeeees!”. Mire cómo estaba de sacado que el cuarto hombre lo tenía que frenar porque más de una vez, de la locura, el Pelado no se daba cuenta y se metía adentro de la cancha... No es para justificar pero póngase en mi lugar, Macaya. ¿Usted sabe lo que es? ¿Cómo puede uno estar con el bocho frío si de afuera están todo el tiempo dale que te dale gritándole lo que tiene que hacer? Le juro que el Pelado estaba insoportable y yo no podía concentrarme en el juego. Más me hablaba y más cagadas me mandaba. Para colmo el Piojo Funes, el wing del otro equipo, me obligaba siempre a jugar ahí, junto a la de cal, cerca de donde estaba el Pelado. “¡Ojo con ese! ¡Ojo con ese! ¡Que no se te escape! ¡Que no se te escape!”. No se cansaba de gritarme. “¡Anticipalo! ¡No lo dejés jugar! ¡Robles! ¡No lo dejés jugar!”. Y él no se cansó, el que se cansó fui yo. Fue una situación desafortunada. Entiéndame, Macaya. Estaba solo, casi en la línea, cuidando la pelota y tenía a dos de ellos, atrás mío que me taladraban los tobillos queriendo sacarme la bocha. No se acercaba nadie para descargar y el Pelado ahí, a centímetros, gritándome: “¡Cuidala Robles, cuidala! ¡No la pierdas, Robles! ¡No la pierdas!”. Yo no sé qué pasó pero no soporté más y le pegué. Lo único quería era que se callara. Sé que fue una piña tremenda pero no fue mi intención golpearlo de verdad, ni bajarle los dos dientes que le bajé ni nada de eso. Cuando veo las imágenes no puedo creer que esa persona fuera yo, Macaya. Por eso, si me permite, quiero aprovechar la oportunidad que usted me brinda para pedir perdón públicamente y en especial a la familia del Pelado. Ahora mismo salgo para la clínica donde lo internaron. Me avisaron que recobró el conocimiento así que espero que me pueda recibir. Le agradezco nuevamente esta oportunidad, Macaya, y sólo me resta por decir, y le pido que me entienda, que esto que pasó son cosas del fútbol, ¿vio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 30 de setiembre del 2002&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287416625237585?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287416625237585/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287416625237585&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287416625237585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287416625237585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/7-cosas-del-ftbol.html' title='7. Cosas del fútbol'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287406284200282</id><published>2005-11-24T20:13:00.002-03:00</published><updated>2009-04-02T12:47:38.864-03:00</updated><title type='text'>5. Aquel gol de Olmedo</title><content type='html'>No recuerdo con precisión mi penúltimo sueño relacionado con el fútbol, ni siquiera sé si ocurrió hace pocas noches atrás o hace más de diez años. El sueño de anoche, en cambio, va a permanecer en mi memoria por un tiempo más prolongado.&lt;span class="fullpost"&gt; Claro que no tengo un recuerdo preciso de cómo se originó toda esa historia pero me vienen a la mente algunas imágenes, pequeñas secuencias que trato de ordenar en mi cabeza buscando algún sentido a ese bendito sueño. La situación era que estábamos con Joaco, mi hijo, mirando en la tele un programa donde pasan viejos partidos o recuerdan momentos importantes de la historia del fútbol. Y así estábamos cuando comienzan a pasar imágenes de la selección argentina en un partido muy trascendente, según mi sueño, claro está. Era un partido que temporalmente puede haber ocurrido en 1997 o 1998. O Eliminatorias o el Mundial… No importa eso, lo relevante de ese partido, lo fundamental, lo histórico fue que la jugada clave, el gol de Argentina lo convirtió Alberto Olmedo, el cómico, el Negro Olmedo. Es verdad, no es chiste. Así son los sueños: raros y sin sentido aparente, por eso hay gente que se gana la vida interpretando sueños. No sé cuál puede ser la interpretación de este sueño ni me quiero enterar.&lt;br /&gt;En el relato, el cronista destaca la presencia de Alberto Olmedo y el buen papel que cumplió para la selección. ¡Olmedo jugando con la camiseta de Argentina en el ’97 ó ’98 cuando en realidad falleció en marzo de 1988!&lt;br /&gt;Se puede soñar algo semejante pero lo que me cuesta entender es que en el sueño, en ese momento, cuando descubro sobre qué partido van a pasar las imágenes, comienzo yo a explicarle a mi hijo que Olmedo había llegado a la selección por el clamor popular luego de tener un torneo impresionante vistiendo la camiseta de Rosario Central. Y se lo cuento como si fuera una historia archiconocida por todo el público futbolero. Es como que yo mismo entro en la locura de mi propio sueño. ¡De no creer! Para colmo, pareciera que conozco la historia a la perfección y se la cuento a Joaco de una manera fluida, con lujo de detalles: Olmedo había decidido un año antes largar el fútbol y sólo por pedido de los hinchas de Central fue a tratar de dar una mano al equipo de sus amores. ¿De qué jugaba Olmedo en mi sueño? De diez, ¿de qué otra cosa puede jugar? Tan bien le fue en Central que se ganó la celeste y blanca, y llegó como el salvador, como la última esperanza del fútbol nacional, para meter ese gol histórico que estábamos por ver. Un gol que nos permitió conquistar no sé qué cosa pero seguramente fue un hito en la historia de nuestro fútbol. Debo ser sincero y debo reconocer los méritos de mi sueño: cualquiera hubiera soñado un gol de Olmedo como el de Diego a los ingleses o hazaña semejante. Yo no, en mi sueño, el gol de Olmedo fue medio pedorro, metido con la rodilla, en una jugada ridícula y luego de unos cuantos rebotes. Un verdadero gol de orto. Y ese detalle le da un toque realista que te permite seguir soñando y continuar con la fantasía sin que puedas darte cuenta, justamente, de que estás soñando. Porque si todo es inverosímil te terminás despertando, y yo, este sueño, no me lo quería perder por nada del mundo: Olmedo dándole una alegría más a los argentinos, la gente feliz y contenta, todos los jugadores abrazándose y yo más feliz que ninguno, permitiéndome disfrutar de Olmedo, el Grande, presenciando un momento único del fútbol argentino y compartiendo un rato maravilloso con mi hijo. ¡Qué más puedo pedir!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 9 de abril del 2005&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287406284200282?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287406284200282/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287406284200282&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287406284200282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287406284200282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/5-aquel-gol-de-olmedo.html' title='5. Aquel gol de Olmedo'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19286814.post-113287402077423028</id><published>2005-11-24T20:12:00.001-03:00</published><updated>2009-04-02T12:48:51.584-03:00</updated><title type='text'>4. El hombre récord</title><content type='html'>- ¡Váyanse todos a la puta que los parió! -refunfuñó un pobre viejo que estaba medio tirado sobre una mesa, bebiendo un vaso de quién sabe qué, en el rincón más oscuro del Café Tres Esquinas.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;- ¡De La Rúa, Cavallo, Duhalde y todos los demás! -siguió gritando, enojado, al tiempo que cuatro vagos sentados en una mesa cercana se reían de él.&lt;br /&gt;- Señores... Señores... A comportarse que este es un lugar decente... - calmó con poco ánimo el gallego de la barra mientras me servía el tostado y un café que le había pedido unos minutos antes.&lt;br /&gt;Le di el primer mordisco al tostado cuando el gallego se me arrimó como para decirme algo. Me agarró del antebrazo, fuerte, como para que no me escapara y acercó su bocota, lo más que pudo a mi oreja derecha.&lt;br /&gt;- ¿Sabe cómo le dicen ahora?&lt;br /&gt;- ¿A quién? -le pregunté sin entender demasiado.&lt;br /&gt;- A don Atilio... Al viejo... ¿Sabe? -me hablaba con una sonrisita de maldad que trataba de disimular un poco-. ¡Corralito le dicen!&lt;br /&gt;El gallego explotó en carcajadas y golpeaba la barra con la palma de su mano regordeta.&lt;br /&gt;- ¿Y sabe por qué?... ¡Porque no pudo salir del banco! -se apresuró a responder temiendo que tal vez yo le arruinara el chiste. Pero yo ni lo arruiné ni lo entendí. Lo miré al gallego, lo miré al viejo, sonreí con cara de gil y me mandé otro bocado antes de que se enfriará el tostado. El gallego se dio cuenta de que yo no cazaba una y se me arrimó un poco más, sin soltarme el brazo derecho.&lt;br /&gt;- ¡Claro! -dijo justificándose-. Me parece que Ud. no lo reconoce. El viejo es Atilio Bonanata. El que jugaba en Atlanta... Bah, jugaba... Casi... ¿Entiende ahora?&lt;br /&gt;Yo no entendía un cuerno.&lt;br /&gt;- Este era centro forward. Atlanta se lo compró a Chaco For Ever cuando el Laucha Flores iba a pasar a Boca -hizo una pausa en el relato y se tomó, de un sorbo, mi vasito con agua. “Sonamos”, pensé, seguro que la historia es larga.&lt;br /&gt;- Después le sirvo otro vasito, ¿Si? -me dijo el gallego y guiñó un ojo-. Bueno, como le decía, lo del Laucha no se hizo y al final se quedaron los dos en Atlanta. Y eso fue lo que lo jodió a don Atilio, porque el Laucha tenía el puesto asegurado. ¿Quién lo iba a mover de ahí si hacía un gol o dos por partido? ¡Qué jugador el Laucha! Ojo que los diarios de ese tiempo decían que don Atilio prometía, eh. Pero aunque Ud. no lo crea, no lo pudimos ver...&lt;br /&gt;El gallego dejó colgando la frase en el aire y yo aproveché para liquidar lo que quedaba del tostado y mandarme el café casi frío.&lt;br /&gt;- Parece mentira, ¿no? El Laucha Flores, desde que llegó don Atilio, jugaba cada día mejor. En parte, por la bronca del pase a Boca que no se le dio y, supongo que también, porque sentía la presión de tener a don Atilio en el banco, esperando su oportunidad. Imagínese que el Laucha desde ese momento no faltó a un solo entrenamiento, no se enfermó un solo día, y hasta casi le diría que ya no le daba al trago. Ni miraba la botella. ¡Con eso le digo todo! Don Atilio mientras tanto confiaba en que su momento iba a llegar. ¿Sabe lo que pasa? Don Atilio siempre fue muy reservado, muy callado, y eso tal vez no lo ayudaba. Para colmo no llegó tan joven a Atlanta. Tenía 28 años cuando lo trajeron de Chaco For Ever. El viejo Zorraquín era el DT de Atlanta en esos años y hace un tiempo me contó que él no sabía qué hacer con don Atilio, porque el Laucha era intocable. Me confesó que una tarde, apenas nomás se frustró lo del pase a Boca, el Laucha le hizo jurar y prometer que sólo lesionado lo sacaban de una cancha antes de que termine un partido. Y él le juró que sí pero luego, con el tiempo, viendo el esfuerzo de don Atilio, calladito y trabajador, tanto tiempo como suplente y sin quejarse, el viejo Zorraquín se lamentó más de una vez de aquella promesa.&lt;br /&gt;El gallego hizo una pausa, sacó un trozo de queso de la heladera, lo cortó en varios dados, les pinchó unos escarbadientes, me ofreció amablemente y continuó contándome la historia mientras comía un dadito de queso tras otro, no sin antes volver a agarrarme del antebrazo.&lt;br /&gt;- Iban ya más de tres años - prosiguió - que don Atilio estaba siempre, en todos los partidos, en el banco de suplentes esperando que se le diera la oportunidad de entrar a una cancha. ¿Ud. sabe lo que es eso? ¡Más de tres años sentadito ahí! Bueno, un día el wing derecho, un misionero flaco y morocho llamado Ramírez, Augusto Ramírez, lo agarra a don Atilio y le dice que esa tarde tenían un partido fácil contra Ferro que venía medio cola, que si Atlanta estaba ganando por dos goles o más, él, cuando falten veinte minutos, se iba a hacer el lesionado para que don Atilio pueda entrar, que ya lo había hablado con el viejo Zorraquín y que estaba todo arreglado. Parece que don Atilio no dijo ni mu. Llegó el partido y a los diez minutos del segundo tiempo Atlanta ganaba tres a cero, dos goles del Laucha Flores y uno de Ramírez. En eso se arma un contraataque y Ramírez sale disparado con la pelota por la derecha; por el centro, acompañando, iba el Laucha Flores. Eran dos contra uno. Quedaba el fullback de Ferro y más atrás el arquero. Al fullback no le quedó otra que salirle a Ramírez y lo fue a buscar, con ganas. Ramírez, que tenía tiempo para ponérsela en profundidad al Laucha Flores, optó por la personal, buscando la falta. Era jugada de gol. ¿Me entiende? ¡Y el tipo buscó la falta...! El fullback le pegó un patadón que lo sacó de la cancha con pelota y todo. La hinchada lo quería matar pero el tipo lo hizo por don Atilio. ¿Y sabe qué pasó? El viejo Zorraquín le dijo a don Atilio, sin mirarlo, queriendo disimular: “Prepárese Bonanata, entra Ud.”. A lo que don Atilio le respondió: “Discúlpeme don Zorraquín, pero yo no soy wing derecho, soy centro forward. Que entre el pibe García”.&lt;br /&gt;El gallego, ahora parecía enojado.&lt;br /&gt;- ¿Lo puede creer? -me preguntó- ¡Tres años en el banco y el tipo le sale con esa! ¡Increíble!&lt;br /&gt;- ¿Y qué pasó? ¿Lo rajaron? -pregunté.&lt;br /&gt;- No -me contestó el gallego con cierto lamento-. Estuvo cinco años más en Atlanta.&lt;br /&gt;- ¿Y nunca jugó?&lt;br /&gt;- Nunca. Bah, casi, como le dije antes.&lt;br /&gt;Yo no entendía qué me quería decir el gallego y él, haciéndose desear se tomó su tiempo para terminar de contar la historia.&lt;br /&gt;- Habrá sacado la cuenta me imagino -dijo el gallego con cierto aire de suficiencia-. Ocho años ininterrumpidos en el banco de suplentes sin jugar un solo partido. Tiene el récord en el fútbol argentino y no sé si también en el fútbol mundial. Y ojo que ese no es su único récord. Porque resulta que el día que cumplía 35 años, jugaba Atlanta en la cancha de Tigre, cancha difícil. Bueno, justo ese día, cuando faltaban cinco minutos para que terminara el partido le hacen un penalazo al Laucha Flores. La hinchada festejaba, el cuerpo técnico y todo el banco festejaban pero el tipo que estaba más feliz de todos era don Atilio. ¿Y sabe por qué? Porque fue el primero en darse cuenta de que el Laucha quedó lesionado, que la patada había sido tan violenta que no tenía otra alternativa que salir de la cancha. Y Zorraquín lo hizo entrar a don Atilio. Cuando la hinchada vio que entraba don Atilio empezó a aplaudir, de a poco, hasta llegar a ser una ovación. ¡Ocho años...! ¿Se imagina?... Don Atilio entró con paso firme, sereno. Se encaminó hacia el área con la idea de patear el penal, el viejo Zorraquín se lo daba como premio. La hinchada empezó a corear su nombre: “Bo-na-nata... Bo-na-nata... ”. Y don Atilio feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, agarró la pelota y fue a ubicarla en el punto del penal... Tal vez fue la mala suerte, o la felicidad que llevaba encima que no le permitió ver ese certero cascotazo que partió del centro de la hinchada de Tigre y le dio en medio del balero cuando terminaba de acomodar la pelota. Quedó grogui, seco, knock out. Lo sacaron en camilla. Y ese es su otro récord del fútbol argentino: es el hombre que menos jugó en toda la historia: no llegó a los tres segundos de juego. Pobre don Atilio... Dicen que se salvó de milagro pero nunca más pudo jugar al fútbol...&lt;br /&gt;El gallego se quedó pensativo por un largo rato, casi triste, hasta que de repente explotó en una carcajada.&lt;br /&gt;- Ahora entiende por qué le dicen “corralito”. Son guachos estos pendejos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Pedroso&lt;br /&gt;Buenos Aires, 13 de agosto del 2002&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19286814-113287402077423028?l=cuentitosfutbol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/feeds/113287402077423028/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19286814&amp;postID=113287402077423028&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287402077423028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19286814/posts/default/113287402077423028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentitosfutbol.blogspot.com/2005/11/4-el-hombre-rcord.html' title='4. El hombre récord'/><author><name>El Cronista Deportivo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5915/3281/1600/PPblog2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
